18 de agosto de 2017

Opinión 20/06/2017

María Marta

Opinión

por
Alberto Victor Garcia

No son muchos o muchas los que logran trascender en aquello que eligieron como disciplina artística, como medio de vida. O como profesionales en otras tantas actividades.

Entiéndase trascender, en este caso, como para que el nombre de alguien permita ubicar rápidamente al ocasional interlocutor. Pero sólo el nombre sin necesidad del resto de la identificación personal. Entonces, María Marta, está asociada definitivamente con la danza, con el arte, el escenario, las luces y los brillos. Con el sacrificio de tantos años. Con una durísima y desigual pelea contra la adversidad,

Está asociada también a la militancia ya que una artista nunca debiera dejar sus ideas y principios en la puerta de un teatro, una escuela o un set. A ningún lado se llega sin ideas.

En estos días, en los que tantos hablan desde la pureza y descreen de la política, atacándola con fiereza, es necesario levantar banderas para liberarse de ataduras como se liberan las aves atrapadas que tan bien actuaron en el escenario del Marconi el último sábado. La danza contiene y libera. Atrapa con su magnetismo y permite tomar distancia. Como lo hace muchas veces con su público. La distancia que permite observar todos los detalles. La distancia que luego se funde en aplausos o abrazos interminables. La danza es tragedia, es comedia, es la vida misma.

María Marta, con seguridad y aún antes de escuchar algunas de sus afirmaciones, se sostuvo erguida porque esa es una postura que importa en la danza y en la vida. Porque hay golpes que parecen quitar todas las ganas, las expectativas y las esperanzas. pero no es éste el caso.

María Marta expresa que la danza la sostuvo. Y es tan cierto como que contó con la inestimable ayuda de tantos y tantas. Desde los más lejanos a los más cercanos. Nacho y Manuela, sus amores descendientes.

Y todos los demás amores que se mezclan. 

Tan sensible como tenaz. Tan generosa como solidaria. Tan clásica como contemporánea. Tan arabesque como pas de deux.

María Marta, con centenares de alumnas y alumnos a lo largo del tiempo, marca una etapa brillante y deja espacios con amplitud de miras. Romina y Candelaria tienen vuelo propio.

En el plano local, el arte y la cultura tuvieron y tienen excepcionales intérpretes en todos los órdenes. 

Su historia con el movimiento, seguramente, nace con ella, al asomarse a la vida. Luego, en el final de una etapa muy cruel para nuestro país, con una guerra cercana, comienza a darle forma a sus sueños. Surge su vínculo con el Instituto Superior Artístico (ISA). La ciudad de 25 de Mayo, Marita Cánepa, el Teatro Colón, el magisterio y la Escuela de Danzas.

Un tiempo después, treinta y cinco años después llega este aniversario en plenitud, rodeada del afecto y el cariño de sus alumnos y alumnas, muchos de ellos hoy padres de otros alumnos y alumnas.

Para todos, para todas, indudablemente, María Marta es una marca registrada. Se lo merece.


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