20 de octubre de 2017

Provinciales 12/08/2017

Si alguien sonríe de ese modo

De Ricardo Arriagada

Cuando venga me encontrará en calzoncillos.

Tendré ese cuchillo que heredé de mi abuelo y mi padre

temblando en la mano derecha.

Sabré que es ella por tanto remolino de hojas en el patio.

Los gorriones habrán intuido algo, habrán partido.

Un dolor de vidrio molido en mi pecho será su avanzada.

Se nublará el cielo, recordaré a Pessoa. 

Le gritaré qué pasa, carajo, qué mierda te pasa.

Le gritaré que ni lo piense, 

que todavía debo remar hasta el Bósforo.

Que me falta perseguir a Mónica Belluci por callecitas de Roma, 

hacer la Revolución, publicar mi próximo libro.

Le mostraré mi cuchillo como si sirviera de algo:

ancho, con caladura, recién afilado, perfectamente inútil.

Las hojas del patio se alzarán hasta mi boca.

Escucharé una voz suave, como de persona amada. 

Me dirá que no sea tonto. 

Que pasé la vida blasfemando.

Que descanse. Que el dolor de pecho se apagará.

No sentiré haber caído. 

Mi hija sonreirá en aquel último pensamiento.

Mi último pensamiento será: no está mal irse en invierno 

si alguien sonríe de ese modo.

Ricardo Arriagada

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