24 de noviembre de 2017

Editorial 11/09/2017

Una crítica sobre la Policía Local

Opinión

Una buena parte de la sociedad tiene conceptos que resultan contradictorios. Históricamente, en la provincia de Buenos Aires, hubo varias etapas hasta que surgió "la Bonaerense" aquella sobre la que Eduardo Duhalde dijera que "tenemos el mejor jefe de la mejor policía del mundo". Fue a mediados de 1994, cuando el gobernador bonaerense, definía a Pedro Klodzyck, después responsable de la "Maldita Policía".

Y así prosiguió, con bonaerenses y policías comunales, con problemáticas nunca resueltas como nunca rotas las relaciones entre algunos de los "hombres de azul" con cargos jerárquicos, el narcotráfico, algunos políticos y, otros, sindicalistas.

Llegamos a nuestros días con la novedad de surgimiento, hace ya un tiempo atrás, de la denominada Policía Local, hoy casi sentenciada a su final anunciado por la Gobernadora bonaerense y su Ministro de Seguridad.

Para nuestro distrito fue la novedad, allá por agosto de 2016 cuando comenzó a funcionar la Academia de Policía a cargo del comisario Daniel Heriberto Lacunza. 

En su inauguración, quien esto firma, escribió una nota sobre las formas empleadas en aquella oportunidad en la que se realizó la presentación de quienes serían futuros cadetes. Por la innecesaria exposición al sol que les ocasionara problemas físicos a varios jóvenes frente al Palacio Comunal. 

En el final de aquella publicación se expresaba textualmente que "Estos chicos deben ser preparados para respetar y querer a la comunidad. Y deben ser queridos y respetados por sus superiores. Para pensar, simplemente, que algo puede cambiar. Que algo debe cambiar para que la Policía, cualquiera sea su especialidad o su pertenencia, pueda 'amigarse' con los vecinos para que 'nunca más', alguien piense que ser policía bonaerense es lo peor que te puede pasar. Empecemos a respetarlos no ya como policías sino como seres humanos".

Ha pasado algo más de un año desde aquella presentación.

El "azul eléctrico" que lucen los 40 uniformadas y uniformados que circulan casi siempre en pareja por el centro o la periferia de la ciudad, en calles avenidas y rutas cercanas, se observa desde lejos. Los efectivos de la Policía local ya son parte del "paisaje" cotidiano, entre las 07:00 y las 23:00 de cada jornada.

Surge entonces el comentario de ocasionales interlocutores y el concepto sobre la imagen de esta policía de proximidad que es, en general, muy positiva. Han intervenido en hechos de tránsito, de manera directa en un incendio. Han socorrido, ayudado, colaborado e intervenido cuando fue necesario. Trabajan en la prevención y en apoyo. Y muestran un marcado respeto por sus semejantes, sus vecinos, sus "protegidos".

Esa cuestión que tantos minimizan. El "hola", los "buenos días" o el "chau" resaltan cuando viene de un uniformado. Y todos los miembros de la Policía Local, saludan muy amablemente. No hay hosquedad ni alardes de superioridad.

Y de eso se habla como se hablaba del respeto. Que debe ser mutuo. Ya lo saben los conductores, los padres de los alumnos de los distintos establecimientos escolares, quienes transitan la ciudad o las rutas.

Es simple. Algo se ha modificado. Tendrá que ver, también, con los aprendizajes, la Academia, los instructores y el comisario Lacunza y otros Jefes.

Parece otra "Policía". 

Y la crítica, merecidamente, es elogiosa.

Alberto Víctor García

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