30 de junio de 2026
Cómo impacta el sueño en la salud y el desarrollo infantil
La batalla de ir a dormir: por qué cuesta tanto que los chicos se acuesten temprano, qué hacer para ayudarlos y cuáles son los errores más frecuentes
Cómo impacta el sueño en la salud y el desarrollo infantil.
Estrategias y hábitos para reordenar la rutina nocturna de los niños.
"Cinco minutos más", "quiero otro cuento", "no tengo sueño". Cualquier madre o padre sabe que la hora de dormir es una gran negociación. Pero hay algo más.
"El sueño es una función biológica esencial para el desarrollo infantil", explica Ángela Nakab, especialista en Pediatría y Adolescencia y miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), en diálogo con Clarín.
Mientras duermen, el cerebro sigue trabajando: se consolidan aprendizajes, madura el sistema nervioso, se regula la memoria y las emociones, y también se libera la hormona de crecimiento. Además, el descanso impacta en la atención, el rendimiento escolar, la conducta, el sistema inmunológico y el metabolismo.
La falta de sueño suele asociarse con irritabilidad, impulsividad, dificultades de atención y problemas de conducta. Incluso algunos estudios recientes muestran que los chicos que duermen poco tienen más riesgo de ansiedad, hiperactividad y dificultades académicas.
Entonces, ¿por qué tantos niños se resisten a dormir incluso cuando están cansados? Para Vanina Schoijett, puericultora especialista en sueño, "muchas veces se interpreta esa resistencia como un capricho o una decisión del niño de no querer dormir, pero es un tema que puede tener varias aristas".
Según explica, dormir implica una separación de las figuras de apego, algo que puede resultar difícil para muchos bebés y niños pequeños. Además, tanto la falta como el exceso de cansancio pueden complicar el momento de acostarse.
"Una presión de sueño excesiva para ese bebé o niño en particular puede estar activando su sistema nervioso al secretar hormonas como el cortisol y la adrenalina, haciendo que la hora de dormir se vuelva un proceso largo y estresante para todos", advierte.
Por eso, para ambas especialistas resulta fundamental construir hábitos e implementar estrategias para ordenar la rutina nocturna de los chicos.
Los errores más comunes antes de dormir
Según Nakab, uno de los problemas más frecuentes es la falta de horarios regulares: "El cerebro de los chicos necesita cierta estabilidad para poder organizar los ritmos de sueño. Cuando cada noche es distinta, el cuerpo pierde referencias".
Schoijett coincide: "No hace falta vivir obsesionados con los horarios, pero sí es beneficioso que exista cierta previsibilidad". Y agrega que un cumpleaños o un fin de semana especial no arruinan el descanso, sino que el problema aparece cuando las variaciones son muy marcadas en el tiempo.
Otro gran enemigo del descanso son las pantallas. Tablets, celulares y televisión no solo estimulan emocionalmente, sino que además la luz azul inhibe la liberación de melatonina, la hormona que ayuda a conciliar el sueño, y puede empeorar la calidad del descanso.
También influye llegar a la noche "pasados de rosca": demasiado cansados, acelerados o sobreestimulados. "Aunque parezca contradictorio, el agotamiento extremo muchas veces no ayuda a dormir mejor, sino todo lo contrario", expresa la médica pediatra.
En ese punto, Schoijett advierte: "Frecuentemente esto se interpreta como que está 'pasado de rosca', pero a veces es simplemente ese estadio que conocemos como 'zona de mantenimiento de la vigilia'. Intentar que un bebé o niño se duerma durante este periodo es prácticamente imposible". Por eso, identificar ese momento puede ayudar a comprender mejor ciertas conductas y evitar conflictos a la hora de acostarse.
Estrategias para que los niños duerman temprano
No existen fórmulas mágicas, pero sí hábitos que, sostenidos en el tiempo, pueden hacer una gran diferencia. "Las estrategias más útiles suelen ser simples, pero necesitan repetición y coherencia", asegura Nakab.
Una de las recomendaciones es generar una transición hacia el descanso. "El cuerpo necesita pasar de la actividad a la relajación". Puede ayudar bajar el ritmo al menos una hora antes de dormir, evitar juegos muy intensos y crear rituales repetidos, como un baño, un cuento o música tranquila.
También es importante que el ambiente acompañe: un espacio oscuro, silencioso y con pocos estímulos favorece un mejor descanso. Además, la médica recomienda mantener horarios relativamente estables -incluso los fines de semana- para ayudar a ordenar el reloj biológico.
Otros factores que pueden mejorar el sueño son cenar temprano y liviano, fomentar la actividad física y la exposición a la luz natural durante el día, y revisar si las siestas están interfiriendo con el descanso nocturno.
Nakab aclara que los cambios deben ser graduales. "Si un chico hoy se duerme a las 11 de la noche, no podemos pretender que al día siguiente se duerma a las 8. Conviene adelantar el horario de a 15 o 20 minutos cada varios días", explica.
Por último, la doctora destaca la importancia de que los adultos regulen con el ejemplo: "Cuando la dinámica de la familia nocturna es muy inquieta, movida y acelerada, a los chicos le va a costar mucho más".
Y Schoijett concluye: "No se trata de imponer una rutina perfecta, sino de crear un clima de calma. El objetivo no es hacer dormir al niño, sino ofrecer las condiciones para que su organismo pueda predisponerse naturalmente al sueño".
Clarin
Comentarios
0Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Iniciá sesión para dejar tu comentario
Iniciar sesiónCargando comentarios...
Denunciar comentario