17 de julio de 2026

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Internacionales. Canadá arde y Estados Unidos no puede respirar

El humo de más de 850 focos activos deteriora el aire en ambos países

El humo generado por los gigantescos incendios forestales que afectan a Canadá podría alcanzar antes del fin de semana el estado de Nueva Jersey, donde el domingo se disputará la final del Mundial de Fútbol en el MetLife Stadium, un estadio al aire libre. Aunque los pronósticos indican que un cambio en la dirección de los vientos podría mejorar la situación a comienzos de la próxima semana, las autoridades estadounidenses siguen de cerca, especialmente hacia el fin de semana, la evolución de las columnas de humo, que ya obligaron a emitir alertas por contaminación del aire para más de 100 millones de personas en Estados Unidos.

La temporada de incendios volvió a convertir a Canadá en el epicentro de una crisis ambiental con consecuencias que trascienden sus fronteras. Hay cerca de 860 incendios forestales activos en el país, la mayoría concentrados en Ontario, y más de un centenar permanecen fuera de control, según el Centro Interinstitucional Canadiense de Incendios Forestales.

Las enormes columnas de humo avanzaron durante los últimos días sobre los Grandes Lagos y cubrieron ciudades como Toronto, Detroit, Chicago, Minneapolis, Nueva York y Boston. En algunos momentos de la semana, Detroit encabezó el ranking mundial de ciudades con peor calidad del aire elaborado por la empresa suiza IQAir, seguida por Minneapolis y Toronto.

Las condiciones son especialmente críticas en Ontario, donde una combinación de temperaturas excepcionalmente altas, escasas precipitaciones y vegetación extremadamente seca favoreció una rápida propagación del fuego.

El problema ya no se limita a la superficie quemada. La principal amenaza para millones de personas es el humo, compuesto por partículas microscópicas, capaces de penetrar profundamente en los pulmones e incluso ingresar al torrente sanguíneo. La exposición puede agravar enfermedades respiratorias y cardiovasculares, además de aumentar el riesgo de complicaciones en personas con afecciones preexistentes.

Por ese motivo, organismos sanitarios estadounidenses emitieron advertencias para gran parte de Michigan, Minnesota, Wisconsin, Illinois, Nueva York y otros estados del noreste. En muchas ciudades se recomendó evitar la actividad física intensa al aire libre, mantener puertas y ventanas cerradas y utilizar mascarillas N95 o KN95 cuando resulte imprescindible salir. Nueva York activó sus protocolos especiales por mala calidad del aire, distribuyó mascarillas y habilitó centros de refrigeración.

Comunidades evacuadas

Mientras el humo afecta a millones de personas en Estados Unidos, las consecuencias directas de los incendios siguen golpeando al norte canadiense. Varias comunidades indígenas de Ontario fueron evacuadas por el avance de las llamas. La jefa del Gran Consejo de la Nación Anishinabek, Linda Debassige, calificó la situación como devastadora y reclamó mayor apoyo para las poblaciones originarias, muchas de ellas ubicadas en zonas remotas.

La emergencia llevó al gobierno provincial a solicitar asistencia al gobierno federal para acelerar las evacuaciones. Ottawa confirmó que está preparado para desplegar recursos adicionales, incluso personal militar si fuera necesario. Hasta el momento, unas 1.600 personas fueron evacuadas de distintas comunidades.

El papel del domo de calor

Los meteorólogos atribuyen buena parte de la expansión de los incendios a una intensa cúpula o domo de calor instalada sobre el centro de América del Norte. Se trata de un sistema de alta presión que permanece prácticamente inmóvil y retiene aire muy caliente cerca de la superficie.

Ese calor extremo seca rápidamente los suelos y la vegetación, mientras que el borde del sistema funciona como una especie de autopista atmosférica que transporta el humo hacia el sur. A diferencia de otros episodios recientes, esta vez gran parte del humo descendió hasta los niveles más bajos de la atmósfera, precisamente donde respiran los seres vivos.

Si bien un cambio de vientos previsto para el lunes debería mejorar la calidad del aire en gran parte del noreste estadounidense, todo dependerá de la evolución de los incendios y de la aparición de nuevos focos.

Un fenómeno cada vez más frecuente

Aunque la temporada 2026 todavía está lejos de las cifras récord de 2023, cuando Canadá sufrió los peores incendios de su historia, los especialistas advierten que estos episodios extremos son cada vez más habituales.

El consenso científico sostiene que el cambio climático no provoca directamente los incendios, pero sí crea las condiciones para que sean más frecuentes, intensos y difíciles de controlar. Inviernos más cálidos reducen la cobertura de nieve, los veranos se vuelven más largos y secos y las olas de calor aumentan el riesgo de grandes incendios.

La crisis vuelve a demostrar que los incendios forestales dejaron de ser un problema exclusivamente local. El humo puede recorrer miles de kilómetros en pocos días, afectar la salud de millones de personas y convertir un desastre ambiental en una emergencia sanitaria de alcance continental.

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