17 de julio de 2026

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Internacionales. La vida después de los terremotos: más de 680 mil niños y niñas necesitan asistencia en Venezuela

La advertencia de UNICEF

Para miles de niños, niñas y adolescentes de Venezuela, los terremotos del 24 de junio abrieron una crisis que va mucho más allá del derrumbe inicial: pérdida de viviendas, interrupción de clases, falta de agua segura, riesgos sanitarios, miedo, desplazamiento, separación familiar y una ruptura abrupta de la rutina.

UNICEF estima que 680.000 niños, niñas y adolescentes necesitan asistencia humanitaria tras los fuertes terremotos que sacudieron el país. La cifra forma parte de un cuadro más amplio: 1,8 millones de personas requieren ayuda. El organismo calcula que hacen falta 52 millones de dólares para responder a la emergencia provocada por los sismos.

En una catástrofe de esta magnitud, las necesidades de la infancia son múltiples y urgentes. "A más de diez días del terremoto, las necesidades empiezan a ser más claras", explicó Sendai Zea, integrante de la oficina regional de UNICEF para América Latina y el Caribe. Según señaló la especialista, aunque algunas operaciones de búsqueda y rescate continúan activas, comenzó a desplegarse una segunda etapa de respuesta: la asistencia a las familias afectadas y la protección de los niños que quedaron expuestos a nuevas vulnerabilidades.

No todos los daños son visibles

Zea advirtió que para la infancia, "los riesgos van mucho más allá del impacto inicial del 24 de junio". Muchos chicos enfrentan interrupciones en la atención sanitaria, dificultades para acceder a servicios esenciales, falta de agua segura, suspensión de clases y ruptura de sus rutinas. Algunos también pudieron haber atravesado situaciones de separación familiar en medio de evacuaciones, hospitalizaciones o traslados de emergencia.

Salvar vidas implica garantizar agua segura para beber e higienizarse, alimentos, atención médica primaria, saneamiento y refugio. Pero también exige atender daños menos visibles, como el miedo, la angustia y la pérdida de estabilidad emocional.

Desde UNICEF señalaron que los niños afectados necesitan atención médica primaria para tratar lesiones, infecciones o enfermedades que pueden aparecer por la exposición al calor, la falta de agua segura o las condiciones precarias de alojamiento. También requieren baños, higiene, recolección de basura y medidas básicas de saneamiento para prevenir brotes y nuevas complicaciones sanitarias.

La atención psicoemocional ocupa un lugar central. Muchos niños perdieron sus casas, familiares, amigos o vieron derrumbarse sus escuelas. "Son niños, niñas y familias que vivieron un evento de gran magnitud que les cambió la vida de un día a otro", agregó Zea. Ese impacto puede expresarse en estrés, ansiedad, angustia, miedo, problemas de sueño, irritabilidad o necesidad de mayor apego a sus cuidadores.

Protección integral

Carlos Trapani, director de la ONG Cecodap y referente en temas de infancia, coincide en que la emergencia no puede reducirse a la entrega de ayuda material. Para él, la respuesta debe partir de un enfoque de protección integral.

"Un niño puede tener acceso a alimentos, pero si no recibe atención médica cuando la necesita, si permanece fuera de la escuela durante meses, si vive con miedo constante después del terremoto o si está expuesto a situaciones de violencia o explotación en un refugio, sus derechos continúan siendo vulnerados", sostuvo.

En los campamentos transitorios donde se alojan familias que perdieron sus viviendas o no pueden regresar a ellas por riesgo estructural, UNICEF instaló espacios amigables para la infancia. Allí, equipos especializados y psicólogos acompañan a los niños a través de juegos, actividades lúdicas y dinámicas de expresión emocional.

Jugar y volver a la escuela

"Necesitan tener un espacio seguro donde puedan jugar o tratar de expresar un poco todo lo que han sentido", explicó Zea. En esos mismos espacios, UNICEF también dispuso puestos de control médico con medicamentos básicos, baños, kits de higiene, pañales, toallas sanitarias, jabón y puntos de recolección de basura.

Trapani también subraya el valor del juego y de la escuela. Para los adultos, en plena emergencia, pueden parecer cuestiones secundarias. Para los niños, no lo son. La escuela no es únicamente un lugar donde se aprende matemática o lengua: es rutina, alimento, protección, socialización y detección temprana de situaciones de riesgo. "Reabrir las escuelas de manera segura también forma parte de la respuesta humanitaria", remarcó.

Cecodap realizó visitas de monitoreo a varios refugios habilitados tras los terremotos. Allí observó compromiso de instituciones públicas, organizaciones humanitarias y voluntarios, pero también desafíos importantes: fortalecer la coordinación interinstitucional, mejorar los sistemas de registro y seguimiento de casos, garantizar la participación del Sistema de Protección y asegurar que las decisiones sobre niños, niñas y adolescentes estén centradas en su interés superior.

La permanencia prolongada en refugios puede agravar el abandono escolar, deteriorar la salud mental, aumentar la violencia intrafamiliar, afectar los medios de vida y comprometer el desarrollo infantil. Por eso, los albergues deben ser transitorios y estar acompañados desde el inicio por estrategias habitacionales seguras.

El miedo al robo de niños y las adopciones irregulares

En toda catástrofe de gran magnitud existe el riesgo de que niños y niñas pierdan contacto con sus familiares cercanos. Puede ocurrir durante evacuaciones, traslados hospitalarios, búsquedas entre escombros o rescates. UNICEF advierte que es un riesgo real en emergencias como la que atraviesa Venezuela. Sin embargo, Zea aclaró que un niño que no está en contacto directo con su madre o padre no necesariamente está completamente solo: puede estar acompañado por otro familiar cercano. El objetivo ahí es identificar a niños separados o no acompañados y evaluar medidas puntuales para cada caso teniendo en cuenta siempre la reunificación familiar.

Cecodap también pide prudencia. Durante los primeros días circularon rumores sobre cientos de niños separados o no acompañados, pero sus monitoreos en los principales refugios no permitieron confirmar esa información. Por el contrario, verificaron que la mayoría de los niños observados permanecían acompañados por madres, padres o cuidadores.

Eso no elimina el riesgo. La regla internacional es clara: la prioridad siempre debe ser mantener unida a la familia. Ningún niño debe ser entregado a terceros sin verificar identidad y vínculo. Tampoco debe ser institucionalizado como primera respuesta. Antes deben agotarse las posibilidades de reunificación familiar o cuidado temporal dentro de la familia extensa.

La tragedia de Vargas, en 1999, que dejó miles de damnificados, dejó también una lección dura para Venezuela: las consecuencias de una emergencia pueden durar años. "Sin información desagregada es muy difícil diseñar políticas públicas eficaces y priorizar adecuadamente los recursos", señaló Trapani. Para Cecodap, proteger a la infancia empieza por hacerla visible.

Desde UNICEF remarcaron que la respuesta humanitaria no puede depender de un solo actor. La asistencia se articula con autoridades, agencias de Naciones Unidas, socios humanitarios y organizaciones de la sociedad civil. "El tema de la coordinación y la cooperación entre todos es fundamental", sostuvo Zea.

El desafío no es únicamente asistir hoy, sino evitar que el terremoto deje una marca permanente en la infancia. Porque para un niño, perder la casa, la escuela, el barrio, la rutina o un familiar no es solo una pérdida material. Es una fractura en su mundo.

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