6 de agosto de 2026

Nacionales

Nacionales. La multitudinaria misa de León XIV que se prevé en Buenos Aires y dónde sería

Marcelo Colombo adelantó en qué lugar imaginan el encuentro masivo del Papa con los feligreses. En Luján la homilía sería en la explanada de la Basílica.

El arzobispo Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, brindó detalles este miércoles sobre la visita al país que hará el papa León XIV en noviembre de 2026. Adelantó que en la Ciudad de Buenos Aires se evalúa como posible escenario para el encuentro con el pueblo las inmediaciones del Monumento a los Españoles, en el barrio porteño de Palermo, y en Luján la explanada de la basílica.


"La 9 de julio la desestimaría, no porque no nos guste, porque además nos recuerda a Juan Pablo II y aquel encuentro del 87, sino porque hoy hay todo un estrecho desarrollo de los transportes y eso dificulta la visual, que antes era mucho más despejada", señaló Colombo en diálogo con Ar/12.


Por ese motivo, "pensamos en Palermo, en las inmediaciones del Monumento a los Españoles como un espacio muy amplio", reveló el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.



"Recientemente hubo actividades del tipo deportiva allí, con (Franco) Colapinto. Ahí se vio que ese espacio es muy plástico para multitudes, porque se trata de eso, de que la gente pueda llegar desde distintas provincias y de los países cercanos a encontrarse con el Papa", agregó el arzobispo.


Consultado sobre otros sitios en los que se hará presente el Papa, Colombo explicó que "hay actividades que podrían tener lugar en ámbitos más pequeños, porque son con destinatarios específicos como pueden ser los obispos, o como puede ser un encuentro que se desea con los constructores de la sociedad" pero "para los encuentros masivos queremos que estén las máximas posibilidades para la gente", remarcó.


Respecto a la visita que realizará en Luján, Colombo adelantó que se está pensando "en las adyacencias de la Basílica (Nuestra Señora de Luján)", un símbolo "del encuentro nuestro con la virgen" y "con la fe del pueblo argentino".


El antecedente de Juan Pablo II

Argentina recibió la visita de un Papa solamente en dos oportunidades. La primera vez fue en junio de 1982, en el último tramo de la dictadura cívico militar, mientras se sufría la agonía por la guerra de Malvinas. La segunda y última fue hace casi cuatro décadas y ya en democracia, en abril de 1987, durante la presidencia de Raúl Alfonsín. En ambos casos, la máxima autoridad de la Iglesia Católica era Juan Pablo II.


Meses antes de que estallara la guerra en 1982, Karol Józef Wojty?a había organizado su agenda papal con dos viajes clave: en mayo al Reino Unido y en junio a la Argentina.


La visita a Londres era un hecho histórico, debido que nunca un Papa había visitado Gran Bretaña y representaba un acercamiento después de la ruptura del siglo XVI, cuando Enrique VIII rompió con Roma y se proclamó a sí mismo como cabeza de su iglesia.


La esperada cita en el país europeo era para el 28 de mayo de 1982. Sin embargo, con el desembarco argentino en las islas Malvinas el 2 de abril de ese año, el conflicto del Atlántico Sur se superpuso a la agenda papal.


En el Reino Unido había crecido el recelo hacia Juan Pablo II, que un mes después de su visita iba a continuar su gira a una república sudamericana en guerra con fuerte arraigo de la Iglesia Católica. Además, estaba muy fresco el recuerdo de la huelga de hambre que habían organizado en 1981 -con víctimas mortales- los miembros del IRA irlandés (cuyos militantes eran católicos).


Apenas pisó Londres, el Pontífice se reunió con la reina Isabel II y reclamó una solución pacífica a la guerra. Visitó Coventry, ciudad cuya catedral anglicana había sido destruida por la aviación nazi y ante 350 mil personas oró por la paz.


Más tarde, en la mañana del viernes 11 de junio de 1982, un Papa pisó suelo argentino por primera vez. Su visita había sido gestionada previamente entre el emisario vaticano, Achille Silvestrini, y el militar Leopoldo Fortunato Galtieri.


Su llegada había causado un enorme revuelo en el país. Se trataba de una visita fugaz, de menos de 48 horas. Según las crónicas, Wojty?a besó suelo argentino y recorrió la Avenida de Mayo en un nuevo vehículo vidriado y blindado: un año antes, había sufrido un atentado a manos del turco Ali Agca en una audiencia pública, y desde ese entonces es que el pontífice se traslada en público en el "papamóvil".


Luego, el Papa entró a la Casa Rosada y se reunió con Galtieri y los otros dos integrantes de la Junta, el almirante Jorge Anaya y el brigadier Basilio Lami Dozo. Su visita se enmarcaba también en la cuestión del Beagle, que seguía sin resolverse. Su mediación había evitado la guerra con Chile a fines de 1978 y el diferendo aún estaba pendiente, mientras la dictadura pinochetista ayudaba a la Task Force.


Después de la reunión en Casa de Gobierno, el jefe de la Iglesia dio misa en la Catedral. Al anochecer, cientos de miles de personas lo escucharon al aire libre en la localidad bonaerense de Luján, delante de la Basílica. El día siguiente, dos millones se congregaron en Plaza Italia para verlo al pie del Monumento de los Españoles. Volvió a abogar por la paz y una salida digna a la guerra.


En la biografía no autorizada de Emilio Massera, Almirante Cero, de Claudio Uriarte, se cuenta que el Papa sugirió viajar en persona a las islas Malvinas en pleno conflicto. No obstante, Galtieri nunca habría respondido a ese ofrecimiento. Al parecer, Wojtyla quería que la Junta formalizara la propuesta. El nuncio, Ubaldo Calabresi, llevó la iniciativa a los militares y Juan Pablo II aguardó hasta el último momento, al pie del avión. El militar a cargo de las Juntas en ese entonces se limitó a pedirle su bendición. La rendición de Puerto Argentino en las islas se produjo dos días después de la despedida al Papa en el Aeropuerto de Ezeiza.


En tanto, en 1987 volvería al territorio argentino, en una situación diametralmente opuesta, durante el gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Se trató de una visita más prolongada: el Pontífice visitó diez ciudades en siete días.


En ese entonces, Wojty?a dio misa el Domingo de Ramos en la avenida 9 de Julio. También presidió la Jornada Mundial de la Juventud y condenó el divorcio, tema que por esos días dominaba la agenda del Gobierno radical.


Después no hubo más visitas, aunque sí gestiones frustradas del menemismo, primero en 1997 y luego en 1999, para que concretara una tercera gira.

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