11 de agosto de 2026

Nacionales

Nacionales. Un incendio sin control avanza en el suroeste de España

Consecuencias del cambio climático

Más de 600 bomberos intentaban controlar este lunes un incendio forestal que arde en el suroeste de España y que ya obligó a evacuar a unas 800 personas, mientras los continuos cambios de viento, la difícil orografía y las altas temperaturas complican los esfuerzos de los equipos de emergencia. El fuego se declaró el jueves pasado en Niebla, en la provincia andaluza de Huelva, y este lunes su perímetro alcanzó las 20.000 hectáreas, 12.000 más que el domingo, aunque esa cifra no equivale a superficie completamente quemada.

Los efectivos, apoyados por hasta 26 medios aéreos, 169 vehículos y una docena de máquinas pesadas, trabajan principalmente sobre el flanco norte y la cabeza del incendio, con el objetivo de evitar que las llamas alcancen nuevas localidades. El consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias de Andalucía, Antonio Sanz, advirtió que el fuego está "fuera de capacidad de extinción", no por falta de recursos sino por la extrema complejidad de su comportamiento.

"Estamos ante un incendio francamente difícil, complejo y peligroso, que sigue sin ofrecernos ninguna oportunidad meteorológica. Es una carrera de fondo llena de obstáculos", afirmó Sanz. Y agregó: "Tenemos que ser realistas: no hay una previsión de que el incendio finalice de forma inminente. Quedan horas y probablemente días de trabajo intenso".

Uno de los principales problemas son las rachas de viento del suroeste, que cambian de dirección y favorecen la aparición de focos secundarios a varios kilómetros de distancia. A esto se suman los fenómenos convectivos, que generan grandes columnas de humo y pirocúmulos capaces de modificar el comportamiento de las llamas. Las condiciones también reducen la eficacia de los medios aéreos, ya que el intenso calor y las turbulencias pueden evaporar el agua antes de que llegue al suelo.

Ante la evolución del fuego, las autoridades ordenaron este lunes el desalojo preventivo de El Madroño, en la provincia de Sevilla, una localidad de unos 300 habitantes. También se dispuso el alejamiento de vecinos de Las Delgadas, en el término de Zalamea la Real. Con estas medidas, el número de personas evacuadas o desalojadas preventivamente se acerca a las 800. En Huelva, 479 personas permanecían fuera de sus viviendas y 24 continuaban siendo atendidas en el teatro municipal de Zalamea la Real.

Las autoridades mantienen además bajo vigilancia otras localidades situadas en el recorrido potencial de las llamas, entre ellas El Berrocal, Marigenta y El Pozuelo. La prioridad, según el operativo, es garantizar la seguridad de los habitantes y de los propios brigadistas ante el riesgo de que los focos secundarios se unan rápidamente con la cabeza del incendio y puedan dejar aislados a los equipos terrestres.

"De verdad que está la gente muy cansada, muy, muy angustiada, hay mucha incertidumbre y ya va pesando un poco", declaró Eva María Vélez, directora de escuela de 49 años, a AFPTVdesde un refugio en construcción en Zalamea la Real.

El fuego de Huelva es uno de los varios incendios que mantienen en alerta a España este verano. El de Burgohondo, en Ávila, continúa en tareas de extinción después de haber quemado unas 50.000 hectáreas y convertirse en el mayor incendio registrado en la historia reciente del país. El siniestro permanece estabilizado desde el 6 de agosto.

En Andalucía, además, el incendio de Los Gallardos, en Almería, dejó finalmente 14 muertos y unas 5.200 hectáreas arrasadas. El fuego fue declarado extinguido el 25 de julio, pero una mujer que permanecía internada con quemaduras graves murió tres días después, elevando a 14 el número de víctimas.

El contexto climático agrava el riesgo. Copernicus informó que el de este año fue el mes de junio más cálido registrado en Europa occidental, con una temperatura media de 20,74 °C, 3,06 °C por encima del promedio de referencia de 1991-2020. El servicio europeo también señaló que las condiciones secas, combinadas con el calor extremo, incrementaron el riesgo de incendios y contribuyeron a la actividad del fuego, especialmente en la península ibérica.

El calor extremo resecó parte de la vegetación que había crecido durante los períodos húmedos de comienzos de año, generando una acumulación de material combustible. En ese escenario, los cambios bruscos del viento y la falta de humedad convierten los grandes incendios en emergencias cada vez más difíciles de contener, mientras miles de personas permanecen pendientes de posibles nuevas órdenes de evacuación.

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