1 de octubre de 2026
Los clubes poderosos, con grandes ingresos por las empresas online, cuestionaron la medida que es provisoria por 120 días, hasta que la avale el congreso.
"¿Cómo voy a pagar a Paquetá en enero?", se pregunta Luiz Eduardo Baptista, el presidente de Flamengo. Las familias brasileñas también se interrogan pero sobre algo más crucial. ¿Cómo vamos a pagar las deudas? Lo primero ya se sabe. Es el costo del fútbol espectáculo y del despilfarro. Lo segundo Lula lo definió como un "cáncer". Perdieron más de 15 mil millones de dólares en apuestas, las mismas que acaba de prohibir su gobierno. La ludopatía es una pandemia indetenible, como en Argentina, pero en el país vecino el actual presidente la tomó como una cuestión de Estado. Acá rige la política del "siga, siga".
Semejante decisión que es provisoria -tiene vigencia por 120 días hasta que el Congreso la ratifique o no- puso en apuros a los poderosos clubes que la sufren, pero significó un alivio para millones de personas afectadas de ludopatía. Sobre esa contradición entre el bien común y los intereses de las empresas que controlan un negocio que en Brasil reportó 43 mil millones de dólares en 2025, explotó un conflicto de final incierto.
La pasión por el fútbol, juego al fin, degeneró en otro juego muy nocivo. Las consecuencias de las apuestas deportivas se explican solo con dos datos: 25 millones de brasileños apostaron el año pasado y 100 millones tenían al menos una cuenta activa para hacerlo. La medida de Lula alcanzó además a los casinos virtuales. La liberación absoluta de este negocio nació en 2018 durante la presidencia de Michel Temer y hoy, ocho años después, está a punto de concluir. Hasta 2023 se expandió sin ninguna regulación. Pero el próximo 6 de octubre las páginas y las aplicaciones de apuestas ya no funcionarán. Quienes todavía mantienen dinero en sus cuentas podrán retirarlo hasta el lunes 5.
La expansión económica del fútbol brasileño y el éxito de sus clubes a nivel sudamericano se apoya en un sistema que mueve por mes, 5.700 millones de dólares gastados en apuestas, según el Banco Central. Esa cifra incluye dinero del programa federal Bolsa Familia para ayudar a personas pobres o indigentes. A miles de brasileños se les bloqueó el acceso a esas plataformas de juego el año pasado.
Sus detractores le atribuyen al presidente un fin electoralista porque el domingo se vota en Brasil y el líder del PT va por su cuarto mandato en la primera vuelta. La segunda está prevista para el 25 de octubre. La decisión del Estado Federal debería ser debatida y ratificada o no cuando se constituya el nuevo Congreso después de los comicios.
"Las apuestas no se acaban, es el fútbol que se acaba", le recriminaron al gobierno. Lula tildó a ese pensamiento como una "estupidez". Los ataques a la medida se canalizaron por vía judicial. Ya presentaron amparos las empresas de apuestas y Flamengo fue el primer club que se sumó a la petición ante el Supremo Tribunal Federal (STF) como amicus curiae (amigo de la corte) en las acciones directas que plantearon la inconstitucionalidad del decreto.
Pero son trece de los veinte clubes que juegan el campeonato de Primera, el Brasileirao, los damnificados en términos económico-deportivos. Las familias de los apostadores brasileños son millones. Y no tienen los mejores abogados ni los medios para recurrir al STF como los poderosos Flamengo y Palmeiras. El primero viene recibiendo unos 52,6 millones de dólares al año y sus ingresos por apuestas online representan el 12,6 por ciento del total. Palmeiras cobra 19,6 millones anuales por el juego virtual.
El razonamiento de Lula se apoya en que los pobres financian con su ludopatía a los clubes de los cuales son hinchas. El presidente, incluso, colocó un tema que afecta a la población en general por sobre su propia simpatía deportiva. Es un reconocido hincha del Corinthians de San Pablo, que por las llamadas Bets en Brasil, recibe el 17,3 por ciento de sus ingresos por las apuestas. Supera a Flamengo, su rival de Rio de Janeiro que viene dominando la disputa de la Copa Libertadores junto al Palmeiras, el principal torneo sudamericano.
Los clubes se quejan de las dificultades económicas que tendrán para sostener a sus principales figuras. Pero esta temporada son cinco menos que el año pasado entre los que disputan el Brasileirao. En 2025 había dieciocho de los veinte equipos, hoy son trece que reciben dinero de las casas de apuestas a cambio de patrocinio en sus camisetas. En 2026 el 71,7 por ciento de las publicidades se concentró en solo cinco clubes: Flamengo, Corinthians, San Pablo, Palmeiras y Santos.
Dirigentes como Baptista, él que no podría pagarle su contrato a Paqueta -una de las figuras del seleccionado de Carlo Ancelotti- , deslizaron que el gran beneficiario de esta política de Lula sería el fútbol argentino. Porque los capitales de las empresas migrarían a clubes como Boca y River. Una hipótesis de dudosa comprobación.
Lo cierto es que las apuestas deportivas avanzaron también sin restricciones en la Argentina. Lo hicieron cuando en Europa se les marcó la cancha a compañías como Betano o Betsson y desaparecieron las publicidades en las camisetas de sus equipos de fútbol. La Premier League prohibió que las casas de apuestas aparezcan como patrocinadores principales en el frente de las camisetas a partir de la temporada 2026-2027.
En Brasil, los clubes alegan contra el decreto de Lula que la inversión de las empresas de apuestas ayudó al "fútbol brasileño a dominar el escenario sudamericano". Ganaron las últimas siete ediciones de la Copa Libertadores y en cinco de esas finales, el rival también era brasileño. Pero así como sus dirigentes destilan bronca porque verán disminuir sus ingresos al menos hasta que el decreto quede firme o no, la medida tuvo una amplia aceptación en la sociedad.
En una elección muy reñida, la prohibición hasta es una de las pocas medidas de Lula que respaldan los simpatizantes de Flávio Bolsonaro, su rival de extrema derecha en los comicios. Tal vez haya sido una jugada magistral del presidente que está primero en las encuestas. Dos millones de brasileños son adictos a las apuestas deportivas, según un estudio de la Universidad de San Pablo publicado en agosto. Desde ahora no podrán jugar más hasta que el nuevo Congreso decida si queda firme la decisión.
gveiga@pagina12.com.ar
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