23 de septiembre de 2019

Locales 15/05/2019

15 de mayo, aniversario del nacimiento de Susana Esther Soba

Lo celebramos con la noticia de un nuevo libro

El 15 de mayo de 1922 nacía en Buenos Aires Susana Esther Soba

Desde la Fundación Soba Parrondo lo celebramos compartiendo la noticia de la edición del libro "Opinar desde el llano", antología de artículos de opinión de Susana Esther Soba, publicados en el diario regional La Mañana entre 1993 y 2003.

Adelantamos uno de los artículos, en ellos con agudeza y la riqueza literaria que la caracterizó, interpela la realidad de esa época abordando diferentes temas de orden social, cultural, político, males como la corrupción, la injusticia y la intolerancia, nos habla de la mujer, la sexualidad y otros temas que iremos descubriendo en la lectura.

DIVAGACIONES DE UNA ESCRITORA 

"Dónde escribe el que escribe? 

En el alma de los hombres?

En las olas del mar?

En las arenas del desierto?

En el ramaje de los bosques?

En las alas de los pájaros?

Hacia quién, o hacia quiénes se desangra el que escribe?

La preocupación del escritor, es al mismo tiempo la preocupación del que recibe el mensaje?

Una y otra cosa son caminos convergentes, o se bifurcan y se desentienden el uno del otro?

Hay algún código de inteligencia que permita el entronque de dos sensibilidades?

Ojalá que así sea.

Pero de lo que puedo hablar es de la soledad del escritor. 

De esa soledad terrible, quemante, opresiva, que no da sosiego, que no le da paz, que es, diría, como una forma de tortura que no ceja en su persecución, mientras los demás se mueven, caminan, gozan, se divierten, aunque también con el agregado de su cuota de angustia. 

Pienso que uno no elige su destino. 

Cree elegirlo, pero la realidad demuestra que no es tan así. 

Porque aunque juegue el libre albedrío, a algunos nos parece que estamos ejerciendo vicariamente nuestra existencia. 

Sucede que estoy cansada del triste espectáculo de mi país, en lo que fundamentalmente se refiere a lo ético y por ende a lo estético. 

Sucede que ello, me produce tristeza. 

Sucede que siendo joven aún, (a lo mejor por un acto de prepotencia), estoy muy atada al pasado, a sus modelos, a sus prédicas, a sus ejemplos, a sus conductas, aunque marche con total atrevimiento y energía, hacia un futuro que espero merecer, en el cual el hecho de vivir sea lo más importante en un mundo decididamente equitativo. 

Así las cosas y navegando por el internet de mis preocupaciones y haciendo abuso de confianza para participárselo a mis lectores tan queridos, confieso que hoy he decidido dejar de lado las problemáticas actuales, para dedicarme a las eternas.

Esas que son atemporales, preeminentes y definitorias en la existencia humana. 

Quiero decir que hoy no recordaré el tráfico de armas, la caída de las Bolsas, la desocupación acuciante, las internas políticas feroces, ni el aluvión de mentiras por parte del Poder con el que éste nos ofende y maltrata día a día. 

Lo que me importa hoy es bucear en mi propia alma, (que también como corresponde a todo escritor, es tormentosa y delicada), tratando de ubicar los puentes que me lleven al alma de los otros. 

Muchas veces, cuando recorro las calles de mi pueblo y registro los frentes de sus casas modernas casi siempre, suntuosas unas pocas, pero dignas todas, imagino muchas cosas. 

Pienso en la vida de sus habitantes. 

Qué sueños los habitan?

Qué fracaso los conturban?

Qué alegría los exaltan?

Cómo viven y se viven desde lo interno y cómo se proyectan hacia los demás?

Alguien canta en esas casas?

Qué manos abren las ventanas que dan a la calle?

Quién pasó una noche insomne cuidando a un enfermo?

Quién sale a comprar el pan o las frutas?

Quién peina a los niños?

Hay una muchacha descubriendo la metamorfosis de su cuerpo en los espejos?

O se intuye la presencia de un amante furtivo?

Qué olores invaden esta casa?

El de la mermelada de duraznos casera, hecha por la tía predilecta?

De los bizcochuelos horneados en la tarde?

O el de los guisos proletarios y gustosos que sahúman las cocinerías?Y pienso también, habrá en estos momentos un pequeño haciendo sus deberes escolares o dibujando precozmente un monigote?

Hay una madre solícita preparando la cena?

O el silencio de la abuela que teje crea un doméstico sopor?

Oh, son tantas cosas las que sugiere una casa. 

Tantas!

Es como mirar un caleidoscopio y emocionarse con todo lo que en él cambia al menor movimiento, con todo lo que atesora sin saberlo.

Y esa ráfaga de aroma vegetal que me sacude a través de las rejas, me hace pensar quién plantó el rosal, quién lo cuida, quién lo mantiene vivo?

Sé que no fue destinado a mí, pero la maravilla del gesto del jardinero desconocido me alcanza con su generosidad y con la sabiduría de quién pregunta, a quién o para qué se siembran las flores en los caminos. 

Y de seguro, en estas casas duermen sus fatigas los hombres del trabajo, los jóvenes del deporte, los niños de las travesuras. 

Es decir, cada casa alberga esa humanidad caliente, labradora, pensativa y paridora, que por pequeña que sea constituye en sí misma un universo rico de toda riqueza por la hondura de sus sentimientos y por el respeto y la solidaridad que normalmente sienten por el prójimo. 

Reitero. 

Cuando atravieso esas calles suburbanas, calles de tierra o de asfalto, cuando escucho la voz de la radio cotidiana. 

Cuando me demoro ante dalias gigantescas o malvones ensangrentados que se asoman por los cercos de alambre. Cuando alguien cruza la calle con su saludo estentóreo y cargado de calidez. 

Cuando todo esto sucede, tengo la total convicción de que sí existe una inteligencia común, un código semejante en todos, que permite a través de la sensibilidad y la memoria, sabernos contenidos, protegidos y expresados. 

Al enfrentarme a esta realidad y al alejarme por virtud de ella, aunque sea momentáneamente del triste espectáculo que como digo al principio me ha vuelto triste, siento que es de estas cosas de las que puedo nutrirme. 

Porque esas cosas aparentemente simples, sin brillo y sin ostentación, representan un estado de pureza, una latitud de auténtica bonanza, una verdad de mágica transparencia. 

Por eso hoy no he querido escribir sobre corrupciones y delitos, sobre ostentación y vanidades, sobre escándalos y genuflexiones. 

He querido sí, celebrar la idiosincrasia de mi amado pueblo y todo lo que él me brinda con esa elegancia natural de la que quizás no se habla, pero que existe en cada uno de mis semejantes. 

Nacida herida como toda artista, golpeada por la visión de un mundo dramático e injusto, mantengo fuertemente mis convicciones, mi espíritu de lucha, mis tozudas esperanzas.

Penetro en las evidencias y en las sugerencias. 

Es decir, en el claroscuro de la vida a la que deseo para todos, pulida como la piel de los duraznos, iridiscente como el oro de las naranjas, dulcísima como los higos de prosapia griega y de las uvas engarzadas como cuentas del más lujoso collar de la naturaleza. 

Si coincidimos, cambiaremos el mundo."

Jueves 3 de septiembre de 1998


Copyright © 2015 | La Síntesis - El primer diario digital de Saladillo