5 de julio de 2020

Educativas 05/04/2020

A todos nuestros compañeros y compañeras docentes

Mensaje de los Equipos Directivos y de Supervisión de Nivel Secundario | Saladillo | Región XXIV

Equipos, estamos transitando un momento muy particular en nuestras vidas. Es todo nuevo para cada uno de nosotros y nosotras, y se encuentra amenazada la salud, lo que lo convierte en una situación de extrema sensibilidad, porque aparecen el miedo, la angustia, la incertidumbre y un estado como de perplejidad ante lo desconocido.

Todo ello trajo como consecuencia que empezáramos a pensar nuevas formas de relacionarnos, de hacer lo cotidiano, de cumplir con nuestras obligaciones. Entre ellas, cómo seguir en la escuela.

Pensar la "Continuidad Pedagógica" desde la virtualidad y sostenida en el tiempo de manera indefinida, nos desajusta y nos lleva a pensar que probablemente debamos "enseñar" todo lo planificado para el primer trimestre del año en este formato. No obstante, el desafío no se reduce sólo a poder descifrar cómo dosifico los contenidos en cuatro semanas virtuales, o seis u ocho sino, cómo aquello que pretendo enseñar o revisar o simplemente "repasar" cobra sentido para un sujeto que se encuentra atravesado por diferentes realidades: estudiantes que no tienen conectividad o dependen sólo de los datos móviles del teléfono, hogares que no cuentan con las comodidades mínimas para destinar un espacio a las tareas de la escuela, "familias atravesadas por urgencias más importantes que cumplir con la continuidad pedagógica ya que deben atender a sus necesidades básicas cuando no se puede salir a trabajar".

Hace días venimos leyendo debates sobre si exigir o no las tareas escolares, sobre si proponer o no clases virtuales, sobre si conviene usar zoom o facebook, etc. etc. Primero, es necesario comprender que "vivimos en un país con una enorme desigualdad de acceso a los recursos tecnológicos". Recordemos que no solo los y las estudiantes experimentan esta desigualdad sino que tampoco los y las docentes a veces tienen computadoras y/o conectividad en sus hogares.

Somos docentes del tiempo histórico que nos toca vivir. Y esto implica toda una reorganización laboral y emocional. Supone pensar en el hoy pero también en ese día, en el que todos y todas regresemos a nuestras escuelas, cuestión que tampoco va resultar fácil. Pero estamos convencidos de que la forma de prevenir la propagación de esta pandemia es sosteniendo el trabajo desde nuestras casas, llevando una palabra de aliento a quienes peor la están pasando. No son momentos de pensar sólo en los contenidos o en los Diseños Curriculares. Llevemos tranquilidad a nuestros y nuestras estudiantes y sus familias, busquemos el encuentro a través de las redes, pongamos la cara, pongamos la voz, estemos más cerca que nunca, aunque esta vez de un modo diferente.

Por ello, como docentes, lo más significativo en estos tiempos de aislamiento social es generar lazos con nuestros y nuestras estudiantes. Llegar a todos y a todas del modo que podamos o que ellos puedan. Tender puentes. Y hacerles saber que estamos lejos físicamente pero cercanos emocionalmente. E invitarles a aventurarse a aprender a través de nuestras propuestas, sean virtuales, mediante cuadernillos y materiales impresos oficiales, por los canales de comunicación públicos, por whatsapp, zoom y por tantas otras estrategias que los y las docentes podemos imaginar y valernos de lo que la tecnología educativa puede brindarnos. Pero lo más importante, es hacerles sentir que estamos disponibles para ellos, para intercambiar contenidos pero también para escuchar sobre sus miedos y preguntarles cómo podemos ayudarlos.

Los animamos a actuar, a tomar imágenes, a poner en movimiento acciones que, independientemente de los otros, den respuestas a las necesidades de los y las estudiantes. "Y a mantener la calma". Sabemos que entre todo lo que se modificó, también se modificaron los tiempos pedagógicos, por lo tanto las urgencias son otras, los límites se corrieron, ya no hay horas de clase, ni timbres, ni recreos, los tiempos virtuales nos agarraron desprevenidos, los tiempos de enseñanza se redujeron a otras lógicas y los tiempos de aprendizaje son mucho más diversos que antes, sumados a la pérdida de nuestra presencia (necesaria, irremplazable), y a contextos familiares tan diversos como complejos.

Hoy, ahora mismo, si hubiera una posibilidad en tanto potencia ella, es la del cuidado, la compañía, la conversación a propósito del mundo y de la vida, y la hospitalidad. No se trata de contenidos sino de continentes, no es una cuestión de formato sino de urgente presencia. Y no es un problema de estar-ocupados sino de estar-juntos.

Se trata de generar empatía; en esta etapa el Sistema Educativo debe cumplir con dos roles centrales, por un lado garantizar la continuidad pedagógica atendiendo a la diversidad de realidades, y convertirse en un ORDENADOR SOCIAL que acompañe la rutina familiar en casa.

Una vez más, los y las docentes estamos convocados a desplegar la más potente de nuestras estrategias, la receta más infalible, el recurso más apropiado y demostrar que sí estamos formados para esto y que podemos reinventarnos una y mil veces más para que cada estudiante de nuestras aulas sepa que, pese a cualquier circunstancia que los y las atraviese, aquí estaremos los y las docentes. SIEMPRE.


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