19 de julio de 2018

Provinciales 11/07/2018

Abanderado y héroe: la historia de Agustín, el nene de 11 años que defendió a sus abuelos

Con un palo, enfrentó a tres ladrones, uno de ellos armado, que intentaban robarles el vehículo

Con un palo, enfrentó a tres ladrones, uno de ellos armado, que intentaban robarles el vehículo. El chico, que ayer llevó la bandera en un acto en su escuela dijo que lo "volvería a hacer"

A pocas semanas de cumplir 12 años (el 29 de julio), Agustín debió ponerse en una situación -"sin pensarlo", dirá él mismo- muy difícil para ayudar a sus abuelos, cuando tres delincuentes armados los agredían para robarles el auto.

Toda la escena fue grabada por las cámaras de seguridad de la casa: desde el momento en que los malvivientes bajaron de un vehículo gris, en la esquina de 5 bis y 518, y decidieron atacar a Osvaldo Mateos (74) mientras estaba por ingresar en su coche, una Citroën Xsara Picasso.

Luego vendrían el forcejeo, los dos tiros, la intromisión de Mauricia Candel (70), la mujer de Osvaldo, los gritos de desesperación, otro disparo y la intervención del nieto de ambos, que con un palo trataba de ahuyentar a los agresores.

Pasaron tres días del violento asalto que tuvo al chico como víctima y protagonista de la resistencia. Para los vecinos de esa zona de Ringuelet fue el caso que hizo desbordar el malestar por la inseguridad y anoche, con una manifestación callejera en 7 y 518, exigieron más presencia policial y prevención del delito.

Por la tarde, sentado en la mesa de la cocina junto a su abuela, el recuerdo de la historia en la que buscó proteger a sus abuelos surge entre risas y miradas cómplices. La estrecha relación que demuestran Mauricia y Agustín fue el motor que lo impulsó a enfrentarse con un hombre armado.

En el momento del hecho, "estaba escribiendo unas cartas para mi mejor amiga, porque se acerca el cumpleaños", le dijo a este diario.

Mauricia, que lo ayudaba con esa tarea, fue a su habitación a cambiarse y al mirar por la ventana divisó cómo tres desconocidos golpeaban a su esposo.

"Entonces salió corriendo y empezó a gritar. Después escuché un disparo y sin pensarlo agarré una madera y salí para defender a mis abuelos", relató Agustín.

En la calle se encontró frente a frente con el delincuente que portaba la pistola, vestido de negro y gris, con un gorro de lana rosa. Los dos se miraron, ninguno habló.

El nene lo encaró con el brazo en el que llevaba el palo alzado y el ladrón, al verlo acercase, le apuntó.

En ese instante pasaron tres cosas: el arma del ladrón se accionó por última vez, Mauricia les gritó "¡A mi nieto no lo toqués!" y los que habían abordado el auto escaparon a toda velocidad.

"Cuando vi que le apuntó a él (por su nieto) fue un alarido, me desesperé", recordó la mujer.

El trance dejó al menor "temblando de miedo". El auto finalmente fue abandonado en 513 entre 10 y 10 bis.

Con las emociones de una noche cargada con dos minutos dramáticos, el sueño lo alcanzó rápido. "Comí y me quedé dormido", dijo.

La "manía" de correr la cortina y observar por la ventana de la pieza tiene una explicación práctica, explicó Mauricia: "El año pasado lo hice sin querer y vi cómo dos jóvenes se subían a un árbol para meterse en la casa de enfrente. Llegué a avisarle a los vecinos, porque todos nos hablamos acá en el barrio, y los corrí a los gritos".

Sin embargo, los mismos individuos volvieron a intentar la maniobra tiempo después, y otra vez la docente los "cazó" en el acto. Esa segunda vez "directamente podaron las plantas" para evitar una tercera.

DE HÉROE A LA BANDERA

Tras el feriado y el revuelo que causó el incidente, Agustín debió retornar a su vida cotidiana, que incluye a la Escuela Nº 64 "General Manuel Belgrano", situada en 54 entre 19 y 20.

Al llegar ayer lo esperaba una sorpresa.

"Ya nos habían avisado que no faltemos los dos abuelos, pero creíamos que era por el acto", indicó Mauricia.

Su nieto sería el abanderado. "Yo no le pido grandes notas, a mí con un siete me basta, porque sé que igual se va a esforzar. Es buen alumno, pero esto fue una sorpresa", acotó Mauricia.

Entre tanto, Agustín aún tenía que toparse con sus compañeros.

"Algunos se preocuparon por mí y me preguntaron ?¿estás bien, te dispararon??. Querían saber qué había pasado", sostuvo.

El año que viene lo espera el secundario, con los cambios biológicos y sociales que ello implica.

Y luego, una posible carrera universitaria que lo lleve a ser "científico, de física y química".

El nombramiento emocionó por igual a los tres. Aunque para la docente, el júbilo fue doble.

Tras el drama, el sueño lo alcanzó rápido. Agustín cenó y se quedó dormido

El menor está a su cuidado "desde que tenía meses".

Y si bien Mauricia tiene seis hijas y 12 nietos, Agustín es en cierto sentido el hijo varón que no pudieron tener.

Para Agustín, el asalto ya comienza a ser cosa del pasado. Sus preocupaciones ahora son las de un chico de su edad: se acerca el cumpleaños y quiere dar una "pijamada". Lo más complicado será "armar la lista de invitados" (los primos incluidos) que irán a comer "empanadas, pizzas y tortas caseras". Para su abuela, el embrollo no es tal. "Al final, terminan viniendo todos".

"TENEMOS QUE INVERTIR NOSOTROS"

Sobre el final de la tarde, a unos 50 metros de la casa de los Mateos, una treintena de vecinos del área salió a exigir una respuesta a lo que describen como un drama cotidiano en el que el chico de 12 años con un palo, las alarmas en la calle y casas, las rejas y la inteligencia familiar dedicada a esquivar la drones, aparecen donde no está el Estado. "Tenemos que invertir nosotros en alarmas para la casa, la calle, en portones eléctricos, en cámaras para tratar de protegernos de ladrones a los que la Policía conoce", lamentó Mónica, quien dijo sufrir dos entraderas en su casa. Una tuvo entre los responsables a familiares de alumnos suyos, en una escuela de Tolosa.

Entre los manifestantes estaban Osvaldo y Mauricia. El titular de la comisaría sexta, Juan Claure, acudió a la convocatoria y explicó a los vecinos que hay investigaciones en marcha por el caso del domingo. Así como también hubo detenciones vinculadas a otros robos recientes, dijo. También propuso mantener comunicación directa a través de un grupo de WhatsApp para emergencias y denuncias.

"Necesitamos que los operativos se hagan antes, que prevengan", dijo un hombre de unos 60 años mientras el policía daba sus explicaciones. La reunión en la calle seguirá hoy en la comisaría, se apuntó.

El domingo fue un punto de quiebre para los vecinos, que vienen sumando angustia en ese enclave con robos y actos de vandalismo que incluyen hasta lo que usan como escudo protector. "Hay chicos de entre 10 y 12 años que le tiran a las luces de la calle con la honda. También rompen las alarmas vecinales", explicó María, otra vecina en la calle. En 518, desde 7 hacia 5, se veía titilar las luces testigo de varias bocinas instaladas en postes del tendido eléctrico. Los vecinos las accionan desde su casa cuando se sienten en riesgo.

Mientras avanzaba la charla con el comisario en la esquina de 7 y 518 doblaron dos motos de la policía. "Los necesitamos siempre. Ahora que estamos todos y las cámaras no hace falta", tiró con tono sarcástico un jubilado. "Necesitamos más Policía", insistió otro vecino ante el comisario Claure e hizo un poco de historia: "antes teníamos una comisaría en 8 y 509. Luego la mudaron a 13 y 512. Al final fue a 530 entre 14 y 15. Entonces, somos de Ringuelet, pero nuestra comisaría está en Tolosa", indicó.

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