Opinión 16/01/2026
Por José Luis Lanao
De José Luis Lanao
Este mundo no está muerto, está mal enterrado. Hay que fijarse en la mandíbula de los poderosos allí donde el bruxismo concentra la voluntad de poder, para observar la destrucción, la crueldad, el salvajismo. Le preguntaron a Eric Cantona por el estado del mundo. "Me gusta el olor a napalm por la mañana", contestó. Nos vino a decir que el mundo está en llamas y nosotros de Rosalía. Recuperó la frase del enajenado sargento americano interpretado por Robert Duvall en Apocalypse Now, que surfeaba mientras los helicópteros arrasaban con napalm la selva vietnamita. Lo dijo hace unos días, en el marcó de un concierto celebrado en Wembley, organizado para recaudar fondos para el pueblo palestino.
El delantero francés subió al escenario y no dudó en señalar a la UEFA y a la FIFA por no suspender a Israel de las competiciones internacionales. "El fútbol es más que un deporte. Es cultura, es política, es poder blando", declaró. "Hace 716 días que empezó lo que Amnistía Internacional definió como genocidio", y señaló que "es el aficionado el único que tiene el poder de cambiar las cosas".
Tras siglos de hipocresía occidental, de colonialismo civilizados, y guerras "humanitarias" infinitas llegamos al consenso de que hemos tenido toda clase de gobiernos mentirosos, pero es la primera vez que nos gobierna universalmente una mentira... Con Trump estamos ante un político que no oculta su crueldad, más bien la convierte en espectáculo. La obscenidad no es accidental. No defiende valores tradicionales para violarlos en secreto: exhibe abiertamente su desprecio por las normas y sus seguidores lo celebran. No hay máscaras, no hay doble moral. Cuando Trump viola las normas insultando, humillando o desafiando leyes, no está cometiendo errores políticos sino ofreciendo a sus seguidores una experiencia de liberación: "Desafío todo lo que ustedes defienden". El problema no es que sea inmoral, sino que ha construido un espacio político donde la inmoralidad no es un obstáculo, sino un activo. Su crudo realismo se presenta moralmente superior al idealismo de quienes exigimos justicia.
Después de muerto, uno de los deseos de Luis Buñuel era salir de su tumba cada veinte años. Caminar un poco, comprar el periódico, tomarse un café, ver lo que pasa en el mundo, y luego regresar al sueño eterno. Si uno pudiera influir en su deseo le diría "¿para qué Luis? es necesario?". Los hechos no dejan de existir porque se los ignore, pero para que atormentarlo al hombre. Vivimos una época de interpretación y la historia no avisa al cambiar de velocidad.
Cantona recordaba a los niños. Esos niños que son las propinas del mundo. "Moneditas de cambio" que se pierden en el fondo de los bolsillos o entre los almohadones del sofá, y que ya se han convertido en chatarra. Recordaba a los niños de Gaza, yo recuerdo a Kim Phuc Phan Thi, la niña del napalm. Tenía nueve años cuando fue fotografiada desnuda, quemada, con la piel colgando llena de jirones, corriendo por una carretera de Vietnam del Sur. El napalm no pudo con ella, hoy vive en Canadá.
El odio está bien financiado por países que deberíamos dejar ya de llamarlos avanzados. Ellos mueven la bolita. Ahora ves la bolita, ahora no la ves. Conocernos pasa por entender que eres parte de algo mayor que tu pequeño mundo, y no resistir al empeño de llenar una vida que no se llena.
Periodista, ex jugador de Velez, clubes de España y campeón del mundo 79
FOTO Eric Cantona: AFP
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