5 de diciembre de 2022

Locales 16/11/2022

"Cómo renovar la licencia de conducir en Saladillo en 12 días"

Relato

La Odisea

Mis disculpas a Homero, que nos dejó un legado cultural impresionante, con las peripecias y deleites de un viaje.

El siguiente es sólo un relato sobre la vida cotidiana:

"Cómo renovar la licencia de conducir en Saladillo en 12 días"

31/10/22, lunes.  Fui a la Oficina de la Municipalidad en la calle Almafuerte para sacar turno para renovar mi licencia, la que tiene fecha de vencimiento del 12 de noviembre de 2022. Obviamente, un corto plazo para hacer un trámite, por lo que asumo total responsabilidad, ya que recién el viernes, 28 de octubre, yo regresaba de un viaje que hice por cuestiones familiares. 

Fui a la oficina y me dieron las planillas. Me dirigieron a un kiosco cercano, donde pagué los montos correspondientes e hice fotocopias de la licencia y el DNI. También completé la declaración jurada, apoyada en una ventana en la vereda, y volví a la oficina. Me dieron turno para sacar la foto el miércoles 2 de noviembre, y me explicaron que una vez hecha la foto, fuera directamente al hospital para los exámenes de vista y oído. Pregunté por qué al hospital, y no en esa misma oficina, donde había hecho todo el año anterior. No entendí muy bien el motivo, pero he llegado a la conclusión de que tiene algo que ver con la edad de la gente. Además, me perturbó un poco que, mientras me atendían en la ventanilla, dos empleados hablaban entre sí porque uno pensaba que no debían mandarnos de un lado a otro, y otro insistía en que ciertas personas tenían que ir al hospital. 

02/11/22, miércoles. La foto me encantó. ¡Yo estaba sonriendo! También marcaron en la planilla la necesidad de dar el examen práctico requerido por mi edad, en la Casa de Campo, donde atienden para este propósito, martes y jueves, de 10 a 12:30. (Días y horarios acotados por circunstancias administrativas).  

Pregunto si debo ir primero al hospital o al examen práctico. Con las mejores intenciones, me aconsejan que vaya primero a la Casa de Campo porque, si iba primero al hospital, tendría que esperar que los papeles volvieran a la oficina, yo tendría que ir a retirarlos y recién entonces llevarlos a la Casa de Campo. Entonces, decidí seguir su consejo e ir primero a la Casa de Campo a dar el examen al día siguiente, que era jueves, uno de los dos días asignados para el mismo. 

03/11/22. Jueves. Voy al hospital a sacar turno y me lo dan para el día siguiente, viernes.

También me presento el jueves en la Casa de Campo a las 10 de la mañana, según las instrucciones que había recibido. Me piden que deje todas las planillas porque ese día no había nadie para administrar el examen o firmar las planillas. Que alguien iba a ir a firmar el viernes. (¿Y el examen?) También me explicaron que alguien estaba de vacaciones y que la semana del 14/11 empezaban a atender normalmente, de lunes a viernes, con horarios completos. 

Tuve que decirles que no podía dejar los papeles, porque tenía turno en el hospital para día siguiente,  el viernes 4/11, a las 7:30.  En ese momento, empecé a sentirme bastante oprimida, atrapada en una maraña que yo no podía resolver. 

Entonces, llamé por teléfono a la Oficina para pedir alguna sugerencia. Después de explicarme que ellos no son responsables de si el personal de la Casa de Campo está o no presente cuando anuncian que lo van a estar, me dicen que están administrando el examen práctico en la Terminal de micros, en la Dirección de Seguridad Vial y Defensa Civil, y que trate de hacerlo ahí, antes de las 12:30. Llegué cerca del mediodía, y me atendieron muy bien, con mucha amabilidad y ganas de ayudar. El encargado de administrar el examen se ofreció a hacerlo, pero la persona que tenía que firmar la planilla se había tenido que retirar por una obligación pública. Consultaron con esta persona por teléfono y él aseguró que la firmaría al día siguiente en la Casa de Campo. El examen salió muy bien.

04/11/22, viernes. Voy al hospital y para las  9 de la mañana ya habíamos terminado todos (éramos entre 15 y 16 personas) sin mayores inconvenientes. Aunque debo admitir que cuatro de nosotros nos quedamos sin asiento, y nos turnamos para descansar. A una señora, recientemente operada, le consiguieron una silla de ruedas, lo que me pareció muy amable. Algo que me llamó la atención, fue la necesidad del grupo de trasladarse a distintos lugares del hospital. Primero, entre los dos exámenes, visual y auditivo.  Una vez terminado estos, debíamos subir la escalera al primer piso para obtener la firma del Director. Allí, entregamos las planillas a medida que llegábamos en grupos a una persona muy amable. Ella entraba a la oficina, y volvía con las planillas firmadas que, entonces, cada uno de nosotros debía devolver a la oficina donde empezó todo. Dos de las personas en el grupo pidieron a sus compañeros que les llevaran los papeles porque no podían subir las escaleras, lo que resultó bien, porque era simplemente una movida administrativa. De haber sabido, podríamos haber encontrado un voluntario para que llevara todos los papeles arriba, ¡y el resto esperaba abajo! Me pareció un "sin sentido", ese enorme ir y venir dentro del hospital para un grupo de gente.  

La charla en el grupo tenía que ver con el por qué algunas personas eran dirigidas al hospital, y otras podían hacer los exámenes en la Oficina de Almafuerte. No pude menos que notar que, del grupo de unas 15 personas, sólo dos eran de mediana edad, y todos los demás éramos gente mayor. 

Pregunté en el hospital a qué hora llevaban los papeles a la Oficina, para poder ir a retirar mis planillas y llevarlas a la Casa de Campo para la firma del examen práctico. Me dijeron al mediodía y fui a buscarlos y pude retirarlos sin ningún problema. Voy a la Casa de Campo, que estaba herméticamente cerrada. 

Sin esa firma, ya no podía hacer nada hasta la semana próxima. Decidí por mi cuenta pasar por la Dirección de Seguridad Vial donde, otra vez, me sentí cuidada y valorada. El Director no estaba en el momento pero, la misma persona que me administró el examen, se ofreció a llevarle mis papeles para la firma. Algo que me pareció superaba por lejos sus obligaciones. A los pocos minutos, el Director llamó, diciendo que había firmado, pero que yo no iba a hacer tiempo para llevar los papeles a la Oficina porque estaban por cerrar, y que él se encargaría personalmente de llevarlos. Que mi nueva licencia estaría lista para el jueves 10, de la semana próxima. Esta gente realmente me impresionó por su voluntad de ayudar y su capacidad para resolver problemas. Les estoy muy agradecida.

10/11/22 jueves. Esperé pacientemente por 6 días, y fui a la Oficina a retirar mi licencia renovada pero no la encuentran entre las ya emitidas. Averiguan y resulta que la foto había sido rechazada...todo lo demás bien. No sé quién está a cargo de aceptar o rechazar las fotos. El motivo: me explican que tal vez en la máquina donde la sacaron a veces resulta muy oscura, o a lo mejor mi flequillo no estaba suficientemente retirado.  Retoman la foto en otra máquina, las huellas digitales y la firma. Esta segunda vez, mi hermosa sonrisa de la primera foto se había convertido en una mueca triste. Irónicamente, un caballero a quien le habían sacado la foto justo antes que a mí, les expresa su agradecimiento cuando le dicen que puede terminar todo el trámite en la misma oficina. Él encantado con el sistema. Y yo gocé de ese privilegio cuando renové el año pasado, pero no esta vez. 

Puedo pasar a buscar mi licencia mañana viernes 11, entre las 12:15 y las 12:45.  Si me la entregan mañana, todo esto empieza de nuevo en menos de un año, que es la frecuencia requerida para personas de mi edad. 

11/11/22 viernes. Vuelvo a la Oficina y me entregan la licencia renovada, un día antes del vencimiento de la anterior. Sí, se puede...

Finalmente, este relato tiene que ver con la necesidad de descargar mi angustia y ansiedad pero también con algunas reflexiones.  

Todas las personas que me atendieron hicieron lo mejor posible para que las cosas salieran bien. Pero me parece que la buena voluntad no es suficiente cuando no hay un sistema elaborado para hacer de este trámite algo más manejable, más amable con la gente involucrada. Eso de correr de un lado para otro, y de sentirse atrapado por "el sistema" no es muy saludable. Ni para los usuarios ni para los funcionarios y empleados que deben manejarse en ese entorno. 

Estoy convencida de que es necesario renovar las licencias de conducir, y que todos los que tenemos la responsabilidad de manejar un vehículo debemos estar en condiciones de hacerlo. Para mí, esto es parte de pertenecer a una sociedad civilizada. Pero también creo que los sistemas deben ser diseñados para cumplir con esta meta y también para que el proceso mismo no sea dañino para la salud y el bienestar de los ciudadanos. Tampoco sirve un sistema que funciona para algunos y no para otros.

Por empezar, se me ocurre que el proceso debería llevarse a cabo en un lugar integrado, centralizado, y dedicado a mejorar la calidad de vida de la sociedad. Yo sé que es posible ir a un lugar, y salir con la licencia renovada en media hora, con todos los requisitos cumplidos. Un lugar centralizado donde se paga, se saca la foto, se realizan los exámenes, y se emite el documento. Sin ir más lejos, acá en la provincia de Buenos Aires. 

Además, un sistema debe permitir que los empleados y funcionarios tengan sus vacaciones, porque están en todo su derecho,  y el sistema debe proveer los medios para cubrir las vacantes para no interrumpir la cadena de atención al público. Pero si hay una interrupción, que las oficinas se comuniquen para que no manden a la gente a una oficina que está cerrada. 

Además, la decisión de quién se atiende dónde, no debería ser tema de discusión entre empleados, justo enfrente del individuo que está tramitando. Es algo que deben decidir las autoridades, y dar los motivos, para que la gente no se sienta discriminada o condenada a someterse a la voluntad de quien está detrás de una ventanilla. Porque ahí es cuando la vocecita interior empieza su trabajo paranoico: por algún motivo, no me quiere; o no le gusta la gente mayor porque podemos ser problemáticos y retrasamos el flujo del trabajo. O quién sabe qué y me castigan por eso. Además, (sigue la rencorosa vocecita), en todos los años que yo he hecho este trámite, nunca compartí este proceso con ningún profesional, con ningún funcionario municipal, ni con ninguna figura política. ¿Será que existe un procedimiento paralelo pero distinto para esta gente? Entiendo, por supuesto, la necesidad de ahorrarles tiempo pero el problema es que es precisamente esta gente la que necesita vivir la realidad de lo que nos pasa a la gente común, lo que generaría la voluntad para hacer mejoras. 

Reconozco que no es fácil y que es costoso implementar un sistema y un lugar adecuado para un gran número de personas, pero realmente me parece que todos lo merecemos. 

¡Gracias por escuchar!

Marta De Titta, Ph.D.

Saladillo

Franz Kafka, El proceso, 1925. (La arbitrariedad de la ley cuando emana del poder). 

Noviembre 11, 2022

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