13 de enero de 2026

Nacionales 13/01/2026

Día Mundial contra la Depresión: señales de alerta de una enfermedad que no es solo tristeza

Es un problema de salud mental complejo y multicausal que no se reduce solo al desánimo o la pérdida de interés. Reconocer síntomas menos evidentes permite un abordaje más efectivo e integral

No toda depresión es tristeza. En muchos casos es una combinación más silenciosa: el cuerpo se desregula afectando el sueño, la energía general y la mente pierde su capacidad de tracción, un ejemplo evidente es la pérdida de motivación.

Si la miramos así, deja de ser una "etiqueta" y se convierte en un tablero que muestra múltiples aspectos a abordar.

En muchos países del mundo el 13 de enero es el día señalado para conmemorar la "lucha contra la depresión", organizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Mundial de Salud Mental, y llevado a cabo por diversas asociaciones, entre ellas el proyecto Opade de la Unión Europea.

El rol de los antidepresivos

En la página inicial de esa última asociación, aparece un dato que llama la atención a quien no está al tanto de la literatura y de la clínica actual y que obliga a reflexionar profundamente. Bajo el título de "El problema", se plantea: "Entre los pacientes con prescripción de antidepresivos, solo el 40% muestra una respuesta eficaz; ¿qué pasa con el 60% restante?" La afirmación no es casual sino sustentada por múltiples referencias en diversos trabajos científicos, como "Prediction of remission among patients with a major depressive disorder" y "Efficacy and Safety of Ammoxetine in Major Depressive Disorder".

Esa eficacia relativa no implica discutir la importancia de la medicación ni negar que en casos muy específicos y desde ya los de riesgo, es necesaria.

El punto es otro: ese planteo señala algo claro y es que la palabra depresión se usa como si nombrara una cosa única, pero en la práctica clínica nos encontramos con una presentación semiológica muy diversa.

Entender sin simplificar ni relativizar

Dormir mal, fatiga persistente o

Dormir mal, fatiga persistente o apetito alterado son señales que pueden indicar un episodio depresivo (Imagen Ilustrativa infobae)

Así, distintas personas, con causas y mecanismos distintos, pueden terminar bajo el mismo rótulo, aun cuando lo que sea común sea un solo elemento como por ejemplo la tristeza o la anhedonia.

Por eso, la definición "de manual" en base a criterios sindrómicos como los del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales o Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) o del ICD (Clasificación Internacional de Enfermedades o International Classification of Diseases) de la OMS sirve para ordenar y comunicarse, pero no siempre para entender.

El precio de esa simplificación es muy concreto: dos pacientes con "depresión" pueden requerir estrategias casi opuestas pero, basado en un pensamiento inductivo, recibir la misma. La pregunta ya no es solo por qué pasa esto, sino qué cuadro, qué vivencia personal estamos tratando cuando decimos "depresión" en 2026.

Si bien la concepción clásica académica y la perpetuada por guías de clasificación es útil para comunicarse, no lo es necesariamente para ayudar y comprender el sufrimiento de quienes padecen esa condición única y personal, pero que se entiende de manera difusa.

La depresión no es sólo tristeza

La anhedonia se manifiesta como

La anhedonia se manifiesta como la incapacidad de disfrutar o sentir interés, afectando la valoración personal (Imagen Ilustrativa Infobae)(Freepik)

Dicho de otra manera: es evidente que no toda depresión es llanto o desesperación, y es esto lo que a veces desconcierta: no siempre hay tristeza dramática. Muchas veces aparece como fatiga, sueño alterado, dificultades cognitivas y/o pérdida de sentido y motivación.

Si la miramos en su diversidad propia a cada individuo, deja de ser una etiqueta que nos conforma, y en realidad nos encierra, y empezamos a entenderla como un estado del sistema del ser: el cuerpo se desregula y la mente pierde tracción, es decir capacidad de acción como si el motor estuviera encendido y, sin embargo, nada avanzara.

Una forma útil de pensarlo es ver a estos cuadros que englobamos dentro de la denominación depresión como un estado en el que falla la regulación del sistema, no como esencia del ser, y que afecta así el sueño, la energía, la respuesta al estrés y, al mismo tiempo, se pierde la capacidad de valorar nuestra vida y el medio, es decir qué vale la pena, qué nos moviliza, qué permite trazar planes o ilusiona.

Llamar a todo eso "depresión", es tratar lo que implica la palabra como si fuera el problema principal. La pregunta no es si "¿tengo depresión?", sino esta: ¿qué se desreguló/alteró en mí para que el sistema haya entrado en modo supervivencia?

La literatura científica actual cuestiona la consistencia e incluso la validez de un constructo clínico único.

Para entenderla sin banalizarla, conviene mirar dos líneas conceptuales. La primera es la regulación del cuerpo: el organismo intenta mantener equilibrio bajo presión alostática y, cuando esa carga se vuelve crónica por estrés sostenido, sueño fragmentado, enfermedades psicosomáticas, inflamación, sedentarismo, uso de tóxicos (alcohol, fármacos, drogas), aislamiento, el costo de regularse sube y aparecen fatiga, sueño no reparador, dolores difusos, cambios de apetito, enlentecimiento o agitación.

Los cambios en el apetito,

Los cambios en el apetito, tanto aumento como disminución, pueden ser señales de un cuadro depresivo que afecta la regulación corporal (Imagen Ilustrativa Infobae)

La segunda variable es la valoración, la capacidad de encontrarle sentido y el sistema calcula (a la baja) "¿esto vale la pena?"; así cae el interés y el placer, finalmente por todo. En esa pérdida de sentido valorativo se instala la duda bajo forma de rumiación: la mente busca explicación, pero se queda atrapada en un constante loop.

Este modelo es coherente con varios enfoques dimensionales en investigación actualmente (RDoC-Research Domain Criteria), que miran dominios funcionales (cognición, regulación de la alerta, aspectos sociales) más que cajas rígidas. Por otro lado, permite detectar mejor áreas de trabajo, que no son enemigos contra los que hay que luchar, sino pueden ser síntomas señal de extrema utilidad terapéutica.

En clínica vemos varias de esas manifestaciones, pero que podrían ser circunscriptas en las siguientes: el sueño (insomnio, despertares, sueño no reparador), la energía (fatiga, lentitud), el placer y el interés (anhedonia: nada "tira"), el pensamiento (rumiación, culpa, autocrítica automática), el cuerpo (dolor, apetito, tensión, libido, digestión) y el vínculo/sentido con el medio (desconexión, vergüenza, pérdida de dirección).

Por eso, hay diferentes depresiones que desde afuera parecen iguales y, sin embargo, no lo son. Una por ejemplo es la del "estoy agotado": la persona duerme mal hace meses, se despierta cansada, tiene modificaciones del apetito o falta de energía, el cuerpo pesa; ahí puede dominar cuerpo/sueño/energía y, en un creciente subgrupo, vemos un componente inmuno-metabólico como es la inflamación y la disfunción metabólica.

Otra puede ser la de quienes expresan "no siento nada", es decir la persona funciona, pero sin deseo, sin disfrute, ni expectativa; lo que no funciona o está desregulado es el sistema de recompensa y por ende placer.

Dos personas con depresión pueden

Dos personas con depresión pueden requerir tratamientos opuestos, aunque reciban el mismo diagnóstico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Otra puede ser aquel que "no puedo parar la cabeza", en donde la rumia adquiere por momentos características alienantes y los síntomas se realimentan entre sí, por ejemplo, mal sueño, la fatiga, irritabilidad, culpa, más insomnio.

En este punto es donde esa sintomatología nos indica que nuestra modalidad existencial y su carga alostática, es decir, el costo fisiológico de sostener las demandas del medio, no son sostenibles por nuestro psiquismo y especialmente nuestra fisiología. De alguna manera, desde esta concepción, la desconexión/depresión es un modo de protección, pero que se volvió crónico.

La etiqueta englobadora "depresión" casi inevitablemente lleva a una solución única y también general, un anti de eso que nombro. Cuando por el contrario se toma una perspectiva más ligada a áreas, ya no se empieza por un todo, sino por aspectos y dificultades específicas.

Así, por ejemplo, si el aspecto dominante es el de la alteración del sueño y la energía, en la evaluación médico clínica se impone evaluar los hábitos, patrones de sueño, etc. Si el aspecto o la demanda preponderante es la rumiación, el trabajo sobre estrategias cognitivas específicas puede ser el más apropiado; en el caso que fuera la apatía/anhedonia, las acciones pequeñas, repetidas, para reactivar el circuito de recompensa puede ser una vía.

La rumiación constante atrapa la

La rumiación constante atrapa la mente en pensamientos negativos, dificultando el bienestar emocional (Imagen Ilustrativa Infobae)

De manera general, pensando en esas variables, una estrategia mínima de base podría ser: regenerar el sueño ya que reorganiza todo el sistema; mover el cuerpo; recuperar una acción con sentido por día para reconectar con la valoración y la recompensa; bajar el "ruido" emocional (noticias, redes, etc.), con espacios de silencio reales; atender alimentación, tóxicos y medicamentos. Al mismo tiempo, empezar a prestar atención a señales que no son tomadas como de importancia, en la preeminencia casi exclusiva dada a la tristeza.

Dormir y seguir cansado, o notar irritabilidad en aumento con baja tolerancia, rumiación en temas negativos, mente pegada en lo negativo, dolores erráticos de origen poco claro, aislamiento, falta de "ganas", pueden ser algunos elementos, entre otros, a prestarle atención. En función de ello, acceder a una ayuda profesional pero ya no desde una generalidad, sino un inicio de algo concreto, permite recuperar cierto grado de control.

En conclusión, la depresión existe y es una situación que afecta a una parte enorme de la población mundial. Los psicofármacos son extraordinarios aliados, pero reducir la existencia a una etiqueta, más allá de la necesaria para comunicar, es perder una vía de acceso valiosa. Si la entendemos como un estado del sistema, con subsistemas determinantes, deja de ser una condena abstracta y se convierte en un mapa que permite planificar acciones concretas.

* El doctor Enrique De Rosa Alabaster se especializa en temas de salud mental. Es médico psiquiatra, neurólogo, sexólogo y médico legista.

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