18 de enero de 2022

Nacionales 28/05/2021

"El último adiós": el 90% de las terapias ya permite despedirse a los familiares de pacientes con Covid

Surge de un relevamiento de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva. Cómo funciona el protocolo y cuál es su importancia para la familia.

"Te amo. Si esto es la antesala de la muerte, quedate tranquila porque estoy en paz con Dios y conmigo mismo", le dijo Pedro López por teléfono a su mujer, minutos antes de que lo entubaran. Fue al quinto día de su internación por coronavirus en el Hospital Alemán, donde el mismo día que dio positivo había ingresado con una incipiente neumonía bilateral. Sufría Parkinson y tenía 73 años.26 días de incertidumbre. Entre partes, cadenas de oraciones, audios y canciones, que los médicos le hacían llegar a través de sus propios celulares. Cubierta desde la cabeza hasta los pies, Adriana Pintabona, que ya había padecido el virus, abrazaba con la mirada a su marido, a través de la ventana. Llegó corriendo al hospital después de haber escuchado la gravedad de la situación.

"Luchó hasta el final para no dejarnos solas. Le dije que se fuera tranquilo porque las tres (con sus hijas en común, Abril y Jazmín) íbamos a seguir su ejemplo de honestidad, esfuerzo y garra. Estará siempre presente en nuestros corazones. Fue muy dura la despedida, pero te alivia poder tocarlo", rememora con un tono nostálgico y agradecida con los médicos por haber hecho todo lo posible por salvarlo.

Sin embargo, ese día no fue el final. Pedro tuvo una mejoría que duró 48 horas e implicó una traqueotomía. El sábado por la mañana, Adriana recibió un nuevo llamado: el hombre con quien había compartido 27 años y medio de amor había fallecido hacía tres minutos. "Sé que la vida sigue y hay que ser fuerte, pero su ausencia es muy dolorosa", confiesa entre lágrimas.

Cuando, en marzo de 2020, las desgarradoras imágenes de muertes en soledad se iban sumando en la TV y portales de noticias, el personal de Salud se preparaba en la primera línea de fuego para hacer frente a la pandemia. Con las restricciones, en la mayoría de las terapias se suspendieron las visitas lo cual implicó un retroceso en la humanización de los cuidados críticos y generó una intensa angustia entre familiares y profesionales que asisten pacientes críticos.

Surgió la necesidad de elaborar propuestas para poder brindarles contención en medio de una angustiosa situación. Con el propósito de guiar un accionar común, el Ministerio de Salud emitió recomendaciones para el acompañamiento de pacientes en situaciones de últimos días/horas de vida y para casos excepcionales con Covid-19. Un protocolo que distintos centros médicos fueron adoptando a sus posibilidades y realidades.

Por ejemplo, Leandro Tumino, médico intensivista en el HIGA Gral San Martín de La Plata y Clínica San Camilo de CABA, le cuenta a Clarín que en el hospital donde trabaja se conformó "Lazos del Poli", brote del Comité de Bioética que coordina. Es un grupo interdisciplinario, conformado por psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, personal administrativo, farmacéuticos, médicos clínicos, emergentólogos e intensivistas, cuyo objetivo es evitar la muerte en soledad y restablecer, en parte, el acompañamiento de los pacientes.

El último informe de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), preocupada por promocionar los cuidados al final de la vida, relevó que esta tendencia está avanzando: hubo un aumento significativo de las terapias que permiten la despedida de los familiares de pacientes que mueren por Covid para favorecer el proceso de duelo.

El incremento es de un 11% en relación con el análisis anterior, realizado el 30 de abril. De las 186 UTI encuestadas, ya el 90% permite la visita del "último adiós". Los datos analizados nacen de una encuesta anónima y voluntaria a los referentes de cada unidad.

Se estima que todavía hay centros sanitarios que se resisten a brindar este derecho porque tienen menos recursos y que lo hacen por cuestiones operativas, en resguardo de posibles contagios. No tienen implementado un protocolo. Muchas veces, suele depender de la infraestructura del servicio y predisposición de los profesionales.

Se trata de implementar la humanización para transformar el ambiente hostil y agresivo de la terapia en algo más acogedor y cálido. El tiempo medio de internación es de dos semanas, en quienes fallecen, y tres o cuatro si sobreviven.

"Más allá de alguna heterogeneidad, a nivel país la situación del sistema sanitario está colapsada y probablemente se agrave en las próximas semanas", describe Arnaldo Dubin, jefe de terapia intensiva del Sanatorio Otamendi, y refiere  que hay un intervalo de entre una semana y 10 días desde el momento en que se producen los contagios hasta que impactan en las terapias.

Qué anticipa "el último adiós"

Médicamente, existen escalas de gravedad que evalúan las disfunciones de los diferentes órganos y sistemas. "Cuanto mayor es el puntaje, aumenta la probabilidad de fallecimiento. Un parámetro más objetivo es la falta de respuesta al tratamiento instaurado", puntualiza Tumino.

Dubin señala que, en términos generales, la causa más importante de muerte en Covid es la hipoxemia refractaria, una alteración en la oxigenación acompañada de fallas de otros órganos y de un compromiso respiratorio o cardiovascular.

"Cuando desde la terapia vislumbramos que el paciente tiene la posibilidad cercana de fallecer, nos contactamos con la familia para anticipar la posibilidad de un enlace inminente, dada la gravedad de la situación, e invitarla a que lo acompañe en los últimos momentos", explica el especialista.

Comunicar malas noticias

Comunicar malas noticias es un desafío que no se enseña en la facultad de medicina. Nace de la inquietud y es parte del expertise que adquiere un intensivista durante sus años de formación. En el contexto actual, suelen darse por teléfono, donde hay un silencio que no puede suplirse con un abrazo de contención. "¿Cómo llegará ese familiar al hospital? ¿Tendrá la suficiente lucidez para manejar con cuidado?", son preguntas sin respuesta que invaden a los médicos.

"Cada experiencia es única y dolorosa. Lo que más me genera angustia y frustración es tener que 'apurar' a la familia que venga, si quiere, a despedirse o, si ya falleció, a ver el cuerpo porque hay más personas esperando que se desocupe la cama. Uno no está preparado para ver morir tanta gente todos los días. Nosotros debemos hacer un proceso de duelo que, con lo que está pasando ahora, no podemos", confiesa Tumino, quien también es director del Comité de Neurointensivismo de la SATI.

Hoy, muchos centros cuentan con un único profesional encargado de dar los informes telefónicos. Una metodología que permite generar confianza y detectar el sufrimiento de los familiares para intentar mitigarlo con una actitud empática y permitiendo que concurran al hospital.

La visita del "último adiós" es muy diferente a la ordinaria. "Varias veces, la situación se torna dificultosa por la condición crítica de los enfermos, ya que la muerte puede ocurrir en forma poco prevista por su gran inestabilidad fisiológica", argumenta Tumino.

La puesta en marcha del protocolo

La soledad es una realidad para las personas que se infectan con SARS-CoV-2 y empeora cuando son transferidas a unidades de cuidados intensivos. Al principio, acechaban las dudas. "¿Dejamos que los familiares con factores de riesgo vengan a despedirse?", se preguntaban los intensivistas.

Dentro de las posibilidades de cada establecimiento y/o servicio, el propósito del protocolo es promover un alivio emocional al círculo afectivo del paciente, a fin de evitar la incontenible angustia de no poder ejercer el derecho al "último adiós".

Así, cuando existe riesgo de muerte inminente por la gravedad de la enfermedad, se contacta a la familia y se le explica, en forma detallada, los posibles riesgos potenciales en caso de concurrir a la terapia. Si acepta, cada miembro debe firmar un consentimiento informado y se los entrena en el uso del equipo de protección. Después, deben aislarse por ser contacto estrecho.

Además, los acompañantes deben reunir las siguientes condiciones: tener preferentemente entre 18 y 60 años, gozar de buena salud en general, no estar embarazada ni tener factores de riesgo. Es importante maximizar medidas de higiene personal y respiratoria.

Juan Carlos Tealdi, director del comité de Ética del programa de Bioética del Hospital de Clínicas, reseña: " No debe perderse de vista que el proceso de morir merece seguir siendo cuidado y humanizado, fortaleciendo las herramientas de comunicación como la empatía, escucha activa, compasión y respeto. Es esencial el soporte emocional de sus familiares con una atención cercana, individualizada y compasiva, conforme a los distintos niveles de sufrimiento".

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