28 de septiembre de 2022

Locales 07/02/2022

En Saladillo soñaba a lo grande, un día armó su bolso y tomó una decisión que lo llevó al éxito: "Dios atiende en Buenos Aires"

Reinventarse y triunfar.

Trabajaba desde muy chico y soñaba a lo grande; Ramiro Ferreri un día armó un bolso y se animó a transformar su vida, una decisión que lo llevó al éxito.

PARA LA NACION

Aveces el tiempo parecía detenerse, pero Ramiro Ferreri encontraba siempre algo con qué ocupar sus manos. Allí, en Saladillo y desde pequeño, toda ocasión era buena para ayudar a su padre, así como en casa, donde colaboraba con mucho entusiasmo en las tareas del hogar. Aún era casi un niño cuando lo emplearon en uno de los restaurantes de su pequeña ciudad, primero como lavacopas, luego mozo y ayudante de barra.

Mientras trabajaba veía a sus amigos salir, pero aquello no lo resentía, era lo que elegía y sabía hacer: "Fueron tiempos hermosos y sumamente enriquecedores", rememora. "Para mí era un placer recibir a los proveedores, limpiar, armar todos los sets del bar, cargar las heladeras y tanto más".

Pero a pesar de los buenos tiempos, Ramiro soñaba con Buenos Aires, la capital intrigante; anhelaba destacarse y demostrar sus capacidades, su espíritu hospitalario, su instinto autodidacta y el amor por la buena coctelería.

"Mi padre siempre me decía que Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires", cuenta entre risas. "En Saladillo no podía explorar todo lo que tenía para ofrecer en el mundo de la gastronomía, y la gran ciudad me atraía de manera profunda".

Un Ramiro muy joven y soñador armó un bolso, se despidió de sus seres queridos y dejó Saladillo atrás. Durante todo el trayecto fantaseó con otro camino, el del éxito, y Buenos Aires lo aguardaba para convertirlo en realidad.

Buenos Aires, mucha gente junta, un sinfín de bares y mucho por aprender: "Me encontré en otro mundo"

Todo, absolutamente todo de Buenos Aires lo impactó. Ramiro no podía salir de su asombro al ver tanta cantidad de gente junta, como nunca había visto en su vida, ¡todos desconocidos! Sin embargo, fueron el sinfín de negocios, bares, restaurantes lo que lo maravilló al extremo: "Me encontré en otro mundo".

Pronto el circuito le abrió sus puertas y comenzó a trabajar en Crobar, Opera Bay y Club Araoz. Sin embargo, fue La Cigale, un espacio francés mítico en aquellos primeros años del nuevo milenio, que lo acercó a la primera experiencia de bar clásico. Allí se formó como bartender para darle un comienzo oficial a su carrera meteórica.

Otro gran cambio llegó con CUK 3: "un catering que hacía gastronomía de vanguardia e intentaba ser el primer laboratorio de cocina de Sudamérica". Las miradas se posaron en Ramiro, un trabajador arduo y autodidacta, actitud que rápidamente lo acercó a personas influyentes del rubro, como el reconocido Ludovico De Biaggi, quien lo introdujo a lugares y formas de desempeñarse que le cambiaron la perspectiva.

"Me llevó a espacios de vanguardia muy por encima de la media", revela Ramiro. "Incorporé todo y aprendí de manera dinámica y orgánica, recuerdo que me quedaba después de hora hablando de bebidas, cocteles, de dinámicas de servicios, formas de trabajar. Eso a nivel personal y profesional me hizo crecer. Y me sumé, sin darme cuenta, a un cambio de paradigma de ese momento".

Un sueño, una empresa y el primer caso de éxito

Para Ramiro, todo lo aprendido debía tener un sentido mayor, así era él y así lo deseaba. Como consecuencia de aquella red increíble que había gestado, el joven tomó coraje y decidió crear su propia empresa: RF.

Junto a su socio, Jorge Tillería, su idea era replicar el mundo de la coctelería sofisticada, de vanguardia, y llevarla a eventos en formato de bar, con su barra elaborada, la cristalería fina, y la puesta en escena acorde, alejada de la sensación de espacio pasajero: "Siempre dándole prioridad a la hospitalidad y el servicio profesional", cuenta. "Me decían que era imposible, pero juntos hicimos todo para que sucediera".

El primer cliente importante llegó un poco por casualidad. Era el dueño de una marca de indumentaria conocida y Ramiro se lo había presentado a un amigo, para que conversaran acerca de potenciales proyectos laborales. "Su mujer apareció en la charla, contó al pasar que se iban a casar y deslicé que tenía una empresa que cubría casamientos y a ella le gustó la idea", relata Ramiro. "Les dije que sería mi primer evento como solista, les aseguré que sería excepcional y apostaron por mí".

Aquella boda se transformó en una velada inolvidable y el primer caso de éxito del joven de Saladillo.

"El famoso que más gusto me dio atender fue sin dudas Lionel Messi"

Con el tiempo, su emprendimiento atrajo la atención de varios famosos en la escena argentina, que comenzaron a circular con frecuencia por la vida de Ramiro. Pero él jamás olvidará la primera vez que se cruzó con una figura reconocida, allá por el año 2007.

"Fue en el recital Sabina y Serrat en River. Cuando todo el mundo se fue a ver el show, me quedé ordenando el bar y en eso aparece Cerati a pedir un vaso de coca y mi interacción fue: `¿Te la sirvo con hielo?', `¿Está fría?', me preguntó él, `No tanto', `Bueno, con hielo'. La llamé a mi vieja el otro día, emocionado, y le conté que había conocido a Cerati".

Tal vez aquella forma de ser de Ramiro, fluida, casual, fue parte de la clave de su éxito. Inspiraba comodidad, se alineaba con el deseo de aquellos, que por más famosos que fueran, deseaban vivir un momento relajado de diversión distendida.

Por otro lado, la experiencia de montar un bar en un evento, con la puesta en escena, el profesionalismo de los bartenders, la creatividad y la hospitalidad, no era algo muy visto por aquel entonces: "Por ello creo que se expandió", manifiesta Ramiro. "Fue clave fidelizar a los profesionales, eso nos llevó a captar otro tipo de clientes mayores, como hoteles de gran prestigio y eventos de celebridades".

"Trabajo con clientes destacados que son muy meticulosos con su vida privada y excelentes anfitriones, lo importante para mí fue siempre hacerlos sentir cómodos y ser cómplice de su festejo. Desde una fiesta privada en Barrio Parque con los Rolling Stones, una cena íntima en lo de Tinelli, hasta organizar todas las barras del casamiento de Messi, celebridades o no, el rol siempre es el mismo, entender que uno está en una atmósfera de relax, festejo y que lo que debe primar es la hospitalidad", continúa Ramiro, quien también tuvo la oportunidad de atender a Susana Giménez, Mauricio Macri y Barack Obama, entre otras personalidades.

"El famoso que más gusto me dio atender fue sin dudas Lionel Messi, por todo lo que representa, por ser amante del fútbol, de la selección y del Barcelona. Para su fiesta armé una selección con todos aquellos que, antes de RF, habían sido mis guías y mi contención: organicé la selección argentina de bartenders", cuenta complacido.

El significado del éxito: "El premio está en hacerlo, en intentarlo, en animarse"

Ramiro Ferreri recuerda con orgullo y amor su infancia y adolescencia en Saladillo, su lugar de origen que le obsequió las primeras grandes enseñanzas en su profesión y vida.

Su camino, salpicado por algunas casualidades, fue ante todo una travesía de trabajo, esfuerzo y curiosidad constante, pero, sobre todo de pasión, un ingrediente fundamental para alcanzar el éxito.

"Para mí el éxito es la bendición de poder hacer lo que más me gusta, lo que tanto amo, unido a la suerte de poder hacerlo bien y ser reconocido por clientes y colegas. Yo no creo cambiar el mundo por lo que hago, pero mi mundo cambió en extremo", reflexiona Ramiro, quien este febrero lanzará RF en Montevideo, Carmelo Punta del Este y Colonia, y fue elegido por la marca Bulldog como embajador para la Argentina.

"Para mí el éxito es la bendición de poder hacer lo que más me gusta, lo que tanto amo, unido a la suerte de poder hacerlo bien y ser reconocido por clientes y colegas".

"Creo que me eligieron porque tenemos esa historia en común, la de ir tras los sueños. Mi experiencia me enseñó que siempre vale soñar, siempre hay que ir para adelante, y que el premio está en hacerlo, en intentarlo, en animarse", concluye.

Carina Durn

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