23 de octubre de 2018

Locales 09/08/2018

Espejito, espejito, dime, ¿quién le enseñó esto a mi hijito?

Opinión

Los niños aprenden más por lo que ven que por lo que les decimos. Parece una obviedad pero en la práctica no es tan fácil de implementar.

Generalmente existe una brecha entre lo que  enseñamos que hay que hacer y lo que hacemos realmente en el día a día.

Hay malas costumbres que se transmiten por más que nos esforcemos en enseñarles a los niños que eso no se hace. (Por suerte las buenas también se transmiten igual de fáciles)

Por más que tengamos este punto claro, nos encontramos diciéndoles a los gritos que no se grita o diciéndoles que lean cuando nosotros estamos todo el día mirando el teléfono.

Está claro que hay cosas que hacen los más grandes y que no tienen que dejar de hacer por estar en proceso de crianza, como tomar alcohol, quedarse despiertos hasta tarde o tener un teléfono. Es importante marcar la diferencia entre el mundo de los adultos y el de los niños.

Sin embargo hay cuestiones que sí podemos modificar para ser más coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos. Si nos referimos a las personas por su aspecto físico: "gordo", "pelado" o por su orientación sexual: "maricón", "trola", estamos enseñando a discriminar por más que les digamos que hacer eso está mal.

Podemos dejar de decir malas palabras y de criticar a las personas que nos rodean. Podemos cambiar algunos hábitos de alimentación para incorporar nuevos alimentos.

Si estamos lo suficientemente atentos, notaremos que nuestros hijos funcionan como espejos, que nos devuelven lo que han aprendido de nosotros. Muchas veces nos reflejan hermosas costumbres que nos hacen sentir orgullosos, de ellos y de nosotros. Otras tantas, nos vemos reflejados en lo que les dicen a sus muñecos o amigos, en cómo le responde a papá, a mamá y a la abuela, entonces nos replanteamos: ¿qué modalidad de comunicación estoy usando con mi familia?.

Es imposible que tengamos todo bajo control, y tampoco la idea es perder la espontaneidad y el espíritu de cada personalidad, aun así, es importante que nos identifiquemos como adultos referentes y seamos conscientes de cuáles son las cosas que nos gustaría cambiar para poder transmitir lo que pensamos tanto con actos como con palabras.

Por Mariana Azcona

Lic. en Psicología egresada de la UBA. Especializada en Clínica Familiar Sistémica.

MP. 35387 - marianaazcona45@gmail.com

FUENTE: diario El Tiempo de Azul

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