31 de enero de 2023

Opinión 01/12/2022

Esto es fútbol, ¿viste?

Ser parte de un colectivo que vibra a la par

Los futboleros, solo nosotros, sabemos que lo que vimos (sentimos, jugamos, sufrimos, puteamos y, finalmente, gozamos) no es solo lo que generó este memorable partido de fútbol. Por todo lo que nos pasó en el cuerpo, en la cabeza, en el corazón y en nuestra historia personal durante 105 minutos (los 90 de rigor, más los 15 agregados en los dos tiempos), estamos seguros de que los pobres pensadores que desde hace décadas sostienen que el fútbol son veintidós pataduras corriendo detrás de una pelota siguen estando muy equivocados. A ellos, una vez más, no les pasó nada. A nosotros un océano de adrenalina nos alteró las condiciones normales de presión y temperatura, tuvimos temblores, palpitaciones, extra sístole y todo aquello que genera la peligrosa posibilidad de perder y la emocionante necesidad de ganar y, como si fuera poco, dominando del principio al final y jugando muy bien. Ahora que se terminó podemos decirlo: necesitábamos este momentito feliz, y que nuestra autoestima acusara recibo. Chas gracias.

La alegría que es capaz de generar un triunfo futbolístico es de las más genuinas, pero también de las más perecederas. La pifian los sabelotodos que en estos días mencionaron que un resultado positivo, como el que acaba de conseguir la selección, bloquearía el río de la historia, propiciaría la negación de la realidad o significaría un crédito para el oficialismo. Esto es fútbol, muchachooooooos. La única verdad es que nos gratifica ser parte de un colectivo que vibra a la par. Está claro que eso es lo que molesta: que millones de personas se confabulen con lo mismo. Alguna vez, Leonardo Favio recordó que se hizo peronista cuando entendió que nadie podía ser feliz en soledad. En la previa me encantó ver a chicas y chicos de primaria y secundaria luciendo la celeste y blanca con Messi como símbolo. Cantidad de mujeres y hombres adultos también se autopercibieron jugadores de la selección, y vestidos de celeste y blanco de pies a cabeza salieron a las calles de todo el país. También lucimos la 10, los que pusimos la ñata contra el televisor y los que en Qatar ofrecieron una clase práctica de hinchada.

El equipo debe considerarse el gran ganador. Le ganó con cierta facilidad a un rival timorato, pero también les ganó a los periodistas linchadores de jugadores y técnicos y a los opineitors temerosos de que esta victoria resolverá mágicamente nuestras debilidades e incertidumbres. Me gustó celebrar, gritar los goles hasta quedarme sin voz y celebro que ese grupo de admirables muchachos continúe en la competencia. Ahora mismo, mientras escribo, me acompañan y me dan manija los bocinazos de los autos y los alaridos de los edificios vecinos.

Este es, quién no lo sabe, un mundial plagado de pasamanos corruptos; mundial que se lleva a cabo en un país caracterizado por ancestrales persecuciones morales, religiosas e ideológicas. En ese territorio la selección argentina, a la que muchos distinguen llamándola Scaloneta, esta tarde dio una muestra de temperamento futbolístico. La que tanto esperábamos. Este pase de fase en el torneo me llena de júbilo el día y me mejora la semana. La verdad, no me pasa como a Infantino que, apretado por algunas circunstancias, la semana pasada se sintió de un minuto para el otro qatarí, árabe, africano, discapacitado o gay. Yo, apenas, me siento un hincha más de la selección, que ya espera el sábado para seguir saltando y gritando. ¿Será mucho pedir?.

Por Carlos Ulanovsky

(Fuente: NA).| Imagen: NA

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