19 de junio de 2019

Editorial 07/02/2017

Ignorantes de lo público

Por Mariángeles Zanazzi

Parece que la propiedad privada nos ha llevado al extremo de cuidar sólo y exclusivamente,  lo que es 'nuestro', al punto de desconocer lo público, de ignorar completamente su existencia, y por consiguiente su respeto y cuidado. Pero sí, a disfrutar de su espacio y los beneficios de los gratuito: llevar los niños al parque, caminar por las plazas y sentarse en sus bancos, disfrutar en el corso, ver embellecidas las calles, sus árboles cuidados, el pasto corto en las rotondas, celebrar la historia en las estatuas y monumentos, ensanchar el patriotismo con el mástil y la bandera que simbólicamente nos recuerdan que somos argentinos.

Pero desafortunadamente, al recorrer la ciudad nos encontramos con los espacios sucios, papeles, bolsas, latas y residuos de todo tipo, desperdigados por todos lados, desconociendo, o más bien, ignorando los cestos de basura que tan estratégicamente están colocados y que realmente son muchos en algunos lugares. 


Luego de una fiesta popular, llámese 'calle libre', corso, o cualquier otro encuentro masivo, en los que mucha gente se acumula en las calles como hormiguitas, queda una parva de basura, envoltorios, envases de pochoclos, vasos plásticos, latas de espuma, servilletas de papel, en fin, basura, que es de todos, pero a la que nadie responde, camuflándose entonces en la opinión pública, diciendo que 'es una vergüenza...' , 'floja la municipalidad que no limpió...', entre tantos comentarios y opiniones que buscan tirar una pelota que no para de rebotar.   

La reflexión es muy simple, si no tiras la basura, no hay que juntarla, si no rompes los bancos de la plaza, no hay que repararlos, si no declaras tu amor en los monumentos no habrá que limpiarlos. 

Parece que somos muy destructores de lo público, porque es 'del otro', o simplemente porque no es 'nuestro', porque seguramente en tu casa utilizás el tacho de basura, y no escribís las puertas y paredes con leyendas de amor, ni rompés las sillas, y la conclusión es simple, todo eso lo necesitas, lo usas, pero sobre todo lo pagaste, y ahí entonces se resuelve el misterio. 

Inmerso en el sistema capitalista (del que tanto te quejás) trabajas para tener 'más y mejor', pero lo que es de todos no lo cuidás, total en las fiestas del pueblo hay más de uno que tira el cartón del pancho en el suelo, y no pasa nada si yo también lo tiro, y en tal caso, nadie sabrá que yo aporté en ensuciar el espacio público. Entonces después podés quejarte y reclamar descaradamente porque al otro día estaba todo sucio o roto. Y así, podemos sumar esta reflexión a cuestiones macro como la contaminación del agua, las playas, el aire, la tierra, y vamos matando lo que nos da vida, oxígeno, alimento, total, estás seguro que alguno tomará esa pelota que rebota y hará tu trabajo. 


Mariángeles Zanazzi


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