29 de noviembre de 2022

Opinión 18/06/2022

La declinación peronista

Por Ricardo Rouvier

El analista político Ricardo Rouvier sostiene en este artículo que el peronismo está desapareciendo, tanto en lo cuantitativo como en su influencia en el sentido común, y afirma que este drenaje comenzó en los menores de 40 años, en los segmentos más sensibles a las transformaciones provocadas por el tecnoliberalismo.

Por Ricardo Rouvier* | (para La Tecl@ Eñe)

"Las doctrinas políticas no pueden ser eternas, aunque sean eternos los principios que las sustentan"... "una verdad que nos parece hoy incontrovertible, quizás dentro de algunos años resulte una cosa totalmente fuera de lugar, fuera de tiempo y fuera de circunstancias. Una doctrina hoy excelente puede resultar un anacronismo dentro de pocos años, a fuerza de no evolucionar y de no adaptarse a las nuevas circunstancias. (Actualización Doctrinaria - 1971)

Fue el propio Perón quien planteó la crítica relación entre el tiempo y la política. La convergencia de la necesidad y  la oportunidad como clave de la dinámica histórica Esta combinación exige la adecuación del pensamiento  y acción con una época, adecuación que no siempre se da. O porque las nuevas ideas aparecen mucho antes de su requerimiento histórico y transitan en la soledad de los precursores, o porque presionan sobre los acontecimientos  desde la  praxis o desde la interpretación. A veces las ideas se mantienen más allá de su obsolescencia como una idealización de la realidad. Y permanecen a través de los actores políticos que intentan, desde sus dogmas, construir una realidad deseada. Hay un eje central llamado evolución que nos permite identificar los factores para movilizar la realidad cultural, económica y social, cómo es el caso de la producción de riqueza con el aporte de la revolución digital. Como señala Marx,  la historia ofrece de antemano la solución de los problemas que ella misma plantea. Entonces, el propósito de la política es encontrar las soluciones reales. 

Nuestra individuación se constituye en un espacio-temporalidad determinado; pero somos seres sociales, es decir, somos fruto del entrecruzamiento institucional que nos constituye.  Somos hijos de nuestros padres (proyecto individual), y somos hijos de un período histórico (hegemonías), que nos determina. En la posmodernidad vivimos un vaciamiento de sentido del segundo, por eso el desafío es encontrar los caminos posibles hacia los mismos valores como la justicia social, entre otros.

Esa institucionalidad creadora transita por la producción material y simbólica de una época. La necesidad son aquellas demandas colectivas que presionan sobre la realidad e intentan modificarla, y la oportunidad es que tales ideas mantengan  vigencia como intención dominante. Una cosa es la nostalgia minúscula por el nazismo; y otra cosa sería creer que la envergadura  autocrática del III Reich es posible de ser reinstalada; algo parecido podríamos decir de las revoluciones emancipadoras por vía armada del concluido tercer mundo. Un ejemplo u otro caracterizan una etapa en el proceso del devenir/aprendizaje que va estableciendo diferencias con el original.

El siglo pasado fue muy rico en ese aspecto, el péndulo de lo político/económico y social se movió de un extremo a otro, se crearon y se apagaron muchas pasiones. Algunos quedaron atrapados por aquellas utopías, sin advertir que habían desaparecido en su probabilidad. Gran problema para las ideologías críticas de lo existente como el peronismo: Encontrar los caminos para conducir al mismo destino. Algunos alcanzan a sospechar que también se han perdido los objetivos, porque se considera que el sujeto de cambio ha dejado de serlo, quedando congelado como objeto de consumo de bienes materiales y de subjetividad construida por la hipercomunicación.  

El paso del tiempo va generando la necesidad de seguimiento de las mismas ideas en las cuestiones de ideación y del hacer. Pero, puede ocurrir que ciertas ideas o prácticas, queden fuera del tiempo al no ser conscientes de los cambios y desechos que generan lo contemporáneo. El patriarcado es una institución, en nuestra opinión, que en Occidente va desplomándose, pero esa caída es apreciada, o no, por sectores y segmentos en forma diferenciada. Algunos se mantienen disciplinados dentro de sus paradigmas, y otros cambian. En lo hegemónico hay una derecha moderna y  una derecha conservadora; que a veces se diferencian y en otras se combinan por requerimientos de la sumatoria en la lucha política. 

Desde hace años tratamos de objetivar la adecuación o inadecuación de las ideologías y prácticas políticas con la evolución histórica liderada por la IV revolución industrial y la cultura digital. Por supuesto que nuestra realidad nos obliga a mirar críticamente y modificar la actual. Un primer acercamiento reconoce el tránsito tan singularmente adaptativo del peronismo, que le ha permitido contar con Firmenich (la revolución), o con Menem (la contrarrevolución) dentro de la misma identidad, en que ambos se constituyeron en un emblema epocal.  

Observamos, como un dato de la realidad mensurada por la investigación social, que el peronismo está desapareciendo; tanto en lo cuantitativo como en su influencia en el sentido común.

Este drenaje comenzó en los menores de 40 años, en los segmentos más sensibles a las transformaciones provocadas por el tecnoliberalismo ("Porque la evolución marcha con la velocidad de los medios técnicos que la impulsan" -J.D. Perón - Abril del '74).

Este proceso  de desperonización es lento y colabora a ocultarlo la enorme burocracia política y social del peronismo que mantiene como blasones las huellas de lo que alguna vez fue un movimiento nacional, con un único conductor. Por supuesto, que todo tiempo pasado no fue un Edén, pero nos preguntamos qué pasó con la sinonimia entre Nación y Peronismo. El requerimiento de la unidad nacional, o constituir mayorías populares. Qué ocurrió con la conformación de la clase trabajadora organizada como columna vertebral. O con el trasvasamiento generacional, o con la participación popular como superación de la democracia liberal. El peronismo, en su representación política, quedó embretado en la disposición electoral y en el marco de la partidocracia, que incluye al PJ. Esto no obsta, para que se siga distinguiendo por el volumen de seguidores, afiliados y militantes.

Los rasgos que identifican a la Argentina moderna tuvieron su motor propulsor en el peronismo. Es su origen, sus valores fundantes constituyen una prueba de su identidad, pero su corpus dogmático quedó paralizado ante la irrupción de la IV revolución industrial, y la predominancia del individuo por encima de la sociedad. Esa predominancia se ha instalado en la política, en que la dirigencia hoy es más importante que el pueblo que los vota. Y el pasado glorioso es más cómodo que el porvenir. Se rescata el trabajo barrial, las organizaciones libres o del Estado que siguen su labor militante, aunque sin conducción nacional. La distancia que hay hoy entre la alta dirigencia y esa base es enorme.

La tendencia a la totalización del peronismo se ha convertido en un archipiélago, con sus 24 islas electorales. El modelo de la Comunidad Organizada como alternativa al orden burgués, queda más como un ejercicio intelectual que en una utopía posible. Es fácil advertir su licuación desde el lenguaje; ya que no es ni siquiera mencionada. A esta ausencia se le agrega la reiterada mención de Proyecto Nacional en las redes y declaraciones de los organismos del movimiento, aludiendo a una demanda suspendida.

Tampoco la centro derecha o derecha, que es la expresión política de la hegemonía occidental, puede asegurar un gobierno duradero, una dirección cultural y moral de la comunidad. Inquieta la posibilidad de que Juntos por el Cambio pueda ganar las elecciones del 2023. Eso no es seguro porque falta mucho, pero es posible. Y ayuda a esa posibilidad el enojo de la sociedad: con el gobierno, con el Frente y con el peronismo. De allí es que en las elecciones anteriores la oposición capturó votos en conglomerados cautivos del voto peronista.

Las posturas reformistas intentan generar modificaciones económicas, sociales y culturales, con los propios elementos del dominio ya que no hay manera de atacar al sistema desde afuera. Esto requiere de una inteligencia aplicada para democratizar la producción de riqueza y distribución y contra la concentración. Pero esto requiere de una construcción política con propósitos claros y  compromiso dirigencial que vaya más allá de uno mismo.

El capitalismo dependiente, tal cual existe en nuestro país, tiene resultados fallidos que, si bien  logran una satisfacción económica, es restringida en comparación a la proyección productiva de recursos; y mucho más en la extensión de la distribución de esa riqueza. Las diferencias dentro del gobierno y el Frente tienen que ver con los diversos modelos de desarrollo, pero esto, que no debería impedir una alianza electoral y de gobierno, adquiere el volumen de una crisis institucional.

La falta de representación de la democracia es la prueba más contundente de cómo quedan obturados los caminos mientras el régimen sobrevive apoyado en sus promesas, que son ideales no cumplidos. Si hablamos de épocas y de historia, hay que mencionar que la democracia liberal, en el mundo, no ha cumplido el sueño de sus fundadores.

El peronismo, en su razón de ser, debería impulsar su arma estratégica más decisiva, estimular la participación popular en los diversos frentes de la lucha social. Este impulso es fallido cuando las organizaciones libres del pueblo se constituyen desde el Estado, porque esteriliza la propia energía y creatividad popular para hacer política, y promueve una burocracia paralizante.

Cuando el peronismo queda congelado en su mito fundante favorece a sus enemigos, para descongelarlo tiene que hacer un diagnóstico correcto de la etapa, para evitar los anacronismos de derecha o de izquierda. Pero, no sería objetivo, reconocer que siempre ha habido diversas formas de interpretar el peronismo. A veces, esa interpretación es hija de la guerra fría, o a veces es hija del Consenso de Washington.

Es paradójico que aquello que nació para terminar con la República Oligárquica, se convierta en un nuevo estamento burocrático seducido por el consumo, privilegiado y encerrado en su castillo. 

Algún lector pensará que es lo mismo un gobierno del Frente de Todos que un gobierno de Macri. No; no es lo mismo, porque el contar con el gobierno coloca al peronismo al borde de sus propias contradicciones sin distracciones, lo coloca frente a los desafíos del  poder real. También advierte en la gestión que no basta con ganar, hay que consolidar una mayoría. Y es imposible construir esa mayoría considerando que fuera del 30% todos son culpables.

El peronismo es uno de los movimientos históricos más importantes de América Latina, y tiene una vigencia, todavía numerosa, a pesar de sus más de 70 años; pero su sobrevida no es simétrica a su dinamismo. Acompañó la crisis nacional, de la cual también es corresponsable, y que lleva muchas décadas, e impulsó procesos de acentuación reformista que se fueron agotando con el tiempo.  Una prueba es que no hay políticas destinadas a ampliar el Frente por fuera de lo que es pescar en la propia laguna y construir nuevos consensos.   

Anticipamos que se va perdiendo presencia e interés de la sociedad civil sobre la política en general y también sobre él peronismo, empezando por los jóvenes que son una señal del futuro que ha llegado.    

Buenos Aires, 16 de junio de 2022.

*Licenciado en Sociología. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier & Asociados.

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