Nacionales 20/04/2026
Las cientos de miles de personas que colmaron la plaza y sus alrededores superaron cualquier expectativa previa. Cómo fue el show, los testimonios de asistentes.
La Plaza de Mayo y las calles que en ella desembocan fueron el sábado a la noche durante horas un festejo colectivo. A las primeras familias, parejas y grupos de amigos y parroquias que habían ocupado posiciones desde temprano, se le fueron sumando grupos cada vez más diversos. La avenida y las dos diagonales se convirtieron en hormigueros humanos. Por la boca del subte A de la calle Perú no paraba de salir gente, en su mayoría jóvenes sub 30 con remeras estampadas, varias prendas dark techno hard hecha de cuero y metal, coronitas de flores con luces y tubos leds se mezclaban con banderas del orgullo LGBT+, abanico multicolores o con inscripciones religiosas y más glitter. Y la convivencia fue armoniosa, festiva y respetuosa. Sectores populares organizados en los Hogares de Cristo y un grupo de La Matanza que tenía un gran cartel con la inscripción "Nuestra fe es revolucionaria" se ubicaron frente a la Catedral Metropolitana. Las escalinatas del templo era un animado mirador donde banderas argentinas, del orgullo, palestinas y vaticanas flameaban iluminadas de manera intermitente por las luces que ya comenzaba a disparar el escenario. No faltaron los cantitos de hinchada, la olita humana y el sacudir electrónico de la música tecno.
Un grupito de chicas de la provincia de Buenos Aires de veintipico vestidas de negro, minifaldas kandi y remeras de red hacen ronda sabiendo que la fiesta está por comenzar. Entre ellas Zoe y Carolina, 24 y 23 respectivamente, sin dejar de sonreír, dicen de manera enfática moviendo sus brazos como alentando sus palabras: "Nos gustan las fiestas electrónicas. Vamos a pequeñas fiestas que se hacen en boliches de Adrogué. No somos creyentes pero nos parece fantástico mezclar fe con música ¡No hay nada más espiritual que la música! Música electrónica con fe, eso me dieron las ganas de venir", dijo una de ellas demostrando que el mensaje de fraternidad y amor puede tener distintos nombres y convivir.
(JUAN IGNACIO RONCORONI/EFE)
Junto con esta marea de jóvenes y cotillón, familias más formales vestidas de riguroso sport deportivo convivían observando. Raquel y su marido, y el hijo de familia, Simón, con su esposa, llegaron el jueves pasado desde Sicardi, Santa Fe, para poder estar en el homenaje. Raquel cuenta: "Soy católica practicante y sigo al Padre desde hacer rato en las redes. Me gusta mucho por sus temas, por ejemplo Semillita de mostaza. Lo que hace el padre evangelizar de manera muy carismática". A Simón, en cambio, no le gusta la música electrónica, sino la de los 70: "Yo también soy católico y la idea de transmitir mensaje con música me parece excelente. Lo vamos a ver y mañana volvemos a nuestra provincia". Como ellos, mucha familias con paragüitas llevaban niños, otros en bicicleta y hasta mascotas que saltaban con sus dueños en los beats más marcados.
A unos pasos, Juan Pablo, un joven gay, no deja de mover inquieto el cuerpo esperando el comienzo: "Vine a esta fiesta porque me invitó mi amiga Pato ¡Vine a revolucionar la música electrónica con el Papa, con el cura digo!" Se autocorrige y festeja con carcajadas. Y continúa: "No soy católico, tengo 33 años, la edad de Cristo y no soy de la música electrónica, me gusta más el reggaeton, pero esto no me lo podía perder". Como Juan Pablo, Patricia, del barrio porteño de Balvanera, dice: "No soy fana de la música electrónica ni vengo de familia practicante, pero este evento me parece una iniciativa buena y disruptiva". Y los testimonios así se multiplican, señalando lo innovador, el mensaje de comunidad y el reconocimiento de creyentes y ateos a la figura de Francisco.
(TOMAS CUESTA/AFP)
A las ocho en punto todo se apagó y la multitud ovacionó subiendo celulares, aplaudiendo, gritando. El led del escenario proyecto la imagen de una cruz como lo supo hacer Madonna en los 90, pero con la Iglesia Católica en contra. En los leds laterales comenzaron a proyectarse imágenes del Francisco que puso en jaque a la Iglesia Católica Romana y mundial por su compromiso con los pobres, sus críticas al capitalismo financiero, su defensa del ambiente, las migraciones, los jóvenes, niños y mayores. A cada frase, la multitud respondía de con gritos y aplausos. Cada intervención en la que Francisco atacó la guerra y la desigualdad fueron momentos de saltos y gritos de apoyo que iban de "Viva Francisco" a "Te extrañamos".
Esos fragmentos de discursos y su recepción por la multitud se produjo de espaldas a la Casa Rosada en la que la boca del Presidente, ministros y asesores son cloacas de odio, discriminación y falta de respeto. Imposible no leer lo que allí este evento como un contrapunto a los discursos autoritarios. Los cientos de miles presentes apoyaban de manera fervorosa gritando, levantando las manos y los celulares en una marea que desde Plaza de Mayo se veía compacta. Mientras el compilado de mensajes de Francisco era proyectado, el cura se puso a mirarlo como un espectador más, cruzado de brazos y no fueron pocos los que entre grito y grito dieron lugar a la emoción y el llanto mientras la voz de Francisco resonaba en las columnas de sonido que se escuchaban hasta la avenida 9 de Julio.
(TOMAS CUESTA/AFP)
Al finalizar esas palabras nuevamente oscuridad y silencio, y sin avisar un impresionante juego de luces comenzó a iluminar junto a los beats altos y contagiosos de la música techno que el cura DJ samplea con discursos de Francisco. Queen, música latina y canto gregoriano alimentaron las mezclas de la música y el fervor de una multitud que agradecía a los gritos y pedía más. Sus "Catholic Sessions", mezcla de techno industrial y house, tuvieron sus momentos más altos con los "Aleluyas", la frase de Francisco que marcó su pontificado "Rezen por mi", algunos toques de música portuguesa y la advocación mariana La Guadalupana.
Todo fue baile. Una masa humana respetuosa entre sí, que se pedía permiso para pasar y disculpas por empujar, se conectaban con sonrisas, bendiciones, palabras de elogio y aliento. La fiesta duró dos horas y media. Al final la masa pidió "una más" a lo que Peixoto accedió y el baile corrió como corriente eléctrica por la plaza, avenida y diagonales donde los negocios de la zona trabajaron a su capacidad máxima como hace tiempo no se veía. Mientras la gente salía hacía la 9 de Julio, un local de comida árabe tendió un cartel que cruzaba la calle: "Gracias Francisco por tu legado. Birra y Shwarma. Hagan lío. Gracias por tu legado". Fue en diagonal a un balcón sobre Avenida de Mayo que había desplegado banderas multicolores agitadas por pibes con remeras de la Selección Nacional.
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