23 de enero de 2019

Editorial 10/12/2016

Lucas y Susana

El dolor y el amor

Sí, será una Navidad distinta. Mucho más allá de los dogmas o credos, para aquellos que creen en la existencia de un ser superior. O para quienes no creemos que haya nada elevado por sobre el hombre de carne y hueso. Será distinta para aquellos que ya no tienen a su lado a ese ser querido y amado. Porque estos tiempos de diciembre son incomparables, casi para todos. 

En mi caso, este diciembre, como los anteriores, me reencuentra con la familia. Con esas reuniones de gentes conocidas. Y distintas. Con diferencias que luego pudieron ser irreconciliables o fluyeron con alegría. Pero, a nuestra manera, en aquellos tiempos, éramos felices. Desde muy niños, disfrutando de los tíos y los primos. De ese loco que existe en cada familia y traía consigo los fuegos artificiales y los cohetes. Los petardos y las estrellitas. Eso que hoy está en discusión y en buena hora, pero antes no.

Eran Papá Noel, el arbolito y, después, el nuevo año

Hay quienes ya no están y permanecen, imborrables, en el recuerdo.

Y aquellos eran otros tiempos como lo fueron los de los años '80 cuando llegué a esta ciudad. Conocí a Antonio Jesús Di Marco, el 'Chango'. Hablábamos de política. La de aquellos años, todavía en dictadura. Vendía seguros el 'Chango'. A través de esa relación conocí a su familia. Conocí a Susana y, tiempo después, supe de Luciana y de Lucas, con quienes tuve una relación ocasional. Con ella más que con él.

Y el 'Chango' se fue también un día, dejando detrás de sí, el desconsuelo, la angustia y el desánimo.

Lucas nunca fue una relación cercana y fueron más las diferencias que las coincidencias. El hilo conductor siempre fue Susana y por ella supe de 'los chicos' que crecieron, como era natural que así lo fuera.

Luciana vivió una etapa que la acercó a los medios de comunicación de nuestra ciudad, por ejemplo, por su participación en distintas competencias de belleza, vaya, otro tema hoy en pleno debate. De ella rescato su belleza interior y su inteligencia a la hora de decidir o actuar. 

Y a Lucas lo comprendí mucho más allá de las profundas diferencias, de cualquier tipo, que pudiéramos tener. Desde hace ya bastante tiempo, no sabía, no supe de él. 

Y me detengo en Susana por su fortaleza. Por su calidad de madre. Por su inmenso amor. Por su sabiduría y su equilibrio. En esa Susana de la mirada triste y la sonrisa ocasional. En esa mujer firme, con temores permanentes y carácter duro. 

Ciertamente, los sufrimientos, los pesares y desdichas, moldean esa personalidad. La de Susana y la de cualquier ser humano sensible.

Cada encuentro con ella fue, es y será un ida y vuelta entre anécdotas y sinsabores. Entre el pasado y la actualidad. Con preguntas y respuestas o preguntas sin respuestas. Con algún recuerdo hermoso y algún presente complejo, delicado, sinuoso o algún presagio de tragedia.

Así fue mi último encuentro con Susana, ocho días antes del fallecimiento de Lucas. Ese presentimiento, ese dolor, esa tristeza infinita, ese adivinar constante. 'Lucas está muy mal'.

Y todo su afecto, toda su desazón, esa acumulación de dolores, ese adivinar de nuevas y desconocidas sensaciones, la pena, la congoja y la desesperanza.

La muerte de un hijo es inexplicable. Es antinatural. Es un golpe que no será definitivo sólo por la fuerza de voluntad de los que quedan vivos.

Susana está viva. Lucas ya no está ni estará. No habrá festejo, Nochebuena ni Navidad posible junto a él. Ni fin de año ni Reyes Magos.

No habrá cumpleaños y mucho de lo que pase dependerá de la fuerza de ella misma y de quienes la quieren y la aman. Los que puedan contener, no ya un torrente de millones de lágrimas sino el vacío cargado de sufrimientos, angustias y pesadumbres. De palabras no dichas, preguntas no realizadas, dudas no resueltas.

El espacio que deja Lucas es insondable. Serán los mejores recuerdos los que den paso a otra vida. Fue la vida sin Antonio y será la vida sin Lucas.

Por su fuerza de voluntad, por su conocimiento, por todos los golpes que le asestó la vida y por esa piel curtida e impermeable a ciertas cosas, Susana sabe con quién cuenta a la hora en que todo parece negro y sin horizonte. Susana, aún detrás de unas enormes gafas oscuras, mira y observa, pese a esos sollozos nunca suficientes.

Y hay un reconocimiento por esa pelea desigual, por ese cansancio enorme y por esa desdicha cercana. Es el reconocimiento a una mujer. A una mujer como tantas otras, luchadora y peleadora.

Con esa sutil diferencia, la que me puede acercar a tantas mujeres valiosas para distinguirla.

De todo eso saben sus seres más queridos, sus amigas más íntimas. Sus amigos. Sus conocidos.

Porque ella es Susana y está viva. Para seguir adelante. Con las fuerzas que le faltan y las que le brindan y brindarán. Las que le brindamos quienes la queremos. 

Ella es Susana. Ahora, también, sin Lucas pero con todo lo que Lucas dejó, además de sus muchos años no vividos.

Alberto Víctor García


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