6 de octubre de 2022

Locales 01/04/2022

Pequeñísimos Relatos de la Guerra

Recuerdos

Quienes hemos pasado los 60, hemos vivido muchos actos de violencia de nuestro país y estamos en condiciones de poder relatarlos, sin la necesidad de recurrir a libros, cuyo autores en oportunidades no pueden dejar de lado sus alineamientos ideológicos.

En 1971, se produjo  el levantamiento de los Regimientos de Azul y Olavarría contra las políticas económicas del General Lanusse, presidente de la Argentina tras uno de los tantos golpes militares. 

Los levantiscos se desplazaban por ruta 51 y quienes iban a repelerlos por ruta 205. Potencialmente, si hubiese habido enfrentamiento este hubiera ocurrido en la zona de nuestra localidad. Aún recuerdo que con mis primos fuimos a la avenida Cabral donde estaban estacionados Tanques, Blindados y camiones con soldados. Obviamente, todo ya había finalizado sin derramamiento de sangre. 

Del 72' al 76' la violencia en las calles generada por grupos armados, de izquierda y derecha, que se enfrentaban entre sí, asaltaban cuarteles matando a personal de las fuerzas armadas y a soldados conscriptos que cumplían con la Ley del Servicio Militar Obligatorio; a sindicalistas, a policías y a personas civiles ajenas a toda situación de conflictos. 

Me refiero a la FAP (Fuerzas Armadas Peronistas), FAL (Fuerzas Armadas de Liberación), FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), Montoneros y ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y la AAA (Alianza Anticomunista Argentina). Algunos de los cuales cometieron Crímenes de Lesa Humanidad en su definición de la Convención de Ginebra. 

Hacia finales de 1975, durante la Presidencia en Democracia de Isabel Martínez de Perón ya había más de mil muertos por estos hechos. 

En 1976, el último Golpe Militar y Dictadura, el más nefasto de todos los golpes, con las consecuencias que todos conocemos.

En 1978, el conflicto por el Canal de Beagle, que casi nos lleva a la Guerra con Chile. 

Y, por último, en 1982, el único conflicto que unió a nuestro país, por una causa justa y, en mi apreciación, nos comprometió como nación ante el contexto del mundo. 

Años más tarde pudimos reflexionar y comprender que, esta verdadera guerra, estaba perdida antes de ser iniciada. Y que su comienzo se debió a la apetencia de un Gobierno Militar que intentaba permanecer en el poder; poder que  iban perdiendo los distintos presidentes militares sucedidos: Videla, Viola y Galtieri. Este último, simpatizante del whisky, era Presidente cuando  declaró la guerra, aquel lejano 2 de abril de 1982.

Como otro montón de saladillenses oficiales y suboficiales de la Armada, me desempeñaba en la Sección administrativa de la Marina en donde se designaba a quienes iban al frente de batalla, al Teatro de Operaciones Malvinas.  

Designábamos a quienes conformaban tripulaciones de buques, como el Crucero Belgrano, destructores, y otras embarcaciones menores que eran utilizadas en nuestras Islas ya tomadas.

Esta designación no se hacía de forma aleatoria, sino que se seleccionaban para los distintos puestos y especialidades a quienes podrían provocar el menor daño humano en el caso de su "no regreso".  

Se seleccionaba primero a los solteros sin familiares a cargo, los casados sin hijos, los que tenían hijos, y también dependiendo de la cantidad de hijos. 

Por algunos temas generacionales y de amistad, trataba en la medida de lo posible, de que no se designaran los vecinos de mi pueblo. Logré deshacer 2 o 3 intentos de designaciones de algunos de ellos, pero un fin de semana viajé a Saladillo a ver a mis padres.  En mi regreso el lunes, frente a mi oficina vestido de verde con su bolsa militar, y pronto a emprender viaje a Malvinas, Guillermo Ni Coló. 

Nos despedimos, y lo único que a posteriori podíamos hacer era tratar de que por algún camino, y en el desorden imperante, pudieran llegarle cartas, revistas y otras cosas que enviaban su novia y actual esposa. Nunca pude ni quise preguntarle si alguna vez recibió algunos de esos paquetes.

Finalizadas las acciones, una tarde-noche avisan en mi oficina que el primer contingente arribado a Buenos Aires desde Malvinas estaba en el Comando de la Armada, baje un piso y encontré nuevamente a Guillermo. Estaba bien, vivo, agotado pero vivo.  

Abrazo eterno, y tratar de que se comunicara con su familia en Saladillo... y su María Inés. 

Cada 2 de abril la angustia y el pesar vuelven a algunos de nosotros, que no estuvimos en el frente de batalla, pero sentimos que nuestras acciones incidieron sobre ello, simplemente  por hacer la tarea encomendada. ¿A cuántos hijos habremos dejado sin padre?, ¿a cuántos padres sin hijos?, ¿a cuántas esposas sin maridos?

Seguramente son muchos; algunos eran como mis propios hermanos (ya sabemos la fraternidad que se genera cuando estamos lejos de nuestros hogares); y con otros tuve la suerte de compartir algunos años juntos; como con Alberto Macias, un cordobés jodón,  que perdió una de sus piernas en el submarino Santa Fe, cuando recibió un misil desde un helicóptero al que estaba repeliendo con una ametralladora, en puerto Grytviken. O Julio Zapata, un bonaerense que, con su rostro y sus manos quemadas, fue sobreviviente del Crucero Belgrano. U  Omar Sarden un bahiense también sobreviviente del Crucero y otros, muchos otros a quienes cotidianamente los veo en nuestra ciudad. 

En fin, relatos de una guerra, para algunos de nosotros aún fresca, aunque hayan pasado 40 años. 

Que la violencia de las armas se deponga en nuestro país y el mundo, seamos memoriosos. 

Gloria y Honor a nuestros caídos en batalla, Gloria y Honor para nuestros Veteranos de Guerra de  Malvinas. 

Luis Dario Nagore


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