20 de mayo de 2022

Locales 13/02/2022

Reglamentos de estancia

Por Lis Solé

La vida en las grandes estancias está cargada de opiniones diversas en cuanto a las condiciones de trabajo y relaciones de quienes las habitaban. Cierto es que la vida ha cambiado radicalmente y ahora, a no mucho más de 50 o 70 años, esa realidad se ha modificado pero, los recuerdos traen en forma constante historias de rectitud y reciedumbre, de honestidad y respeto que pareciera que no existieran en el mundo actual, testimonios orales que son necesarios de recuperar en estas épocas donde la norma no parece existir.

Atendiendo al refrán: "la humanidad sin rigor no marcha", cada empresa, cada estancia, cada patrón o jefe, tiene sus propias reglas de trabajo que deben ser respetadas si se quiere conservar porque -como bien decía un afamado caudillo correntino-, don Ernesto Esquer Zelaya: "... al que no le gusta, ¡que se vaya!" (Rivero Pedro, 2021).

Si bien refranes y dichos reflejan la idiosincrasia de cada lugar, la necesidad de reglamentar la vida en el campo fue una gran preocupación del estanciero y se ve reflejada en la gran bibliografía que hay sobre el tema; Juan Manuel de Rosas escribió las instrucciones en 1825, José Hernández, el autor del Martín Fierro publica lo suyo en 1832 y ya en el siglo XX, las instrucciones de Godofredo Daireaux en Administración de estancias y colonias tienen normas para ordenar las actividades rurales con el objeto de optimizar la convivencia y la producción.

LOS PUESTOS PROLIJOS Y BLANQUEADOS

Si bien en las estancias siempre hubo personal contratado ocasionalmente para mantener el lugar en condiciones como alambradores, albañiles o esquiladores, también estaban los empleados fijos que hacían su tarea diaria y conforman aún en la actualidad, los bien llamados "mensuales de campo", personas con sueldo fijo que vivían con sus familias en instalaciones cercanas al casco de la estancia o en los puestos distribuidos en el campo.

Y para mantener la población en orden en espacios tan amplios, tanto cerca o lejos del caserío principal, los empleados tenían obligaciones de limpieza y orden que debían ser respetadas como por ejemplo, mantener los puestos prolijos aún dentro de su precariedad, implementando acciones tendientes a evitar la suciedad y el control de plagas pero que culminaban en lugares pulcros y hermoseados. 

Como este primer ejemplo y con ese fin, en cada propiedad además del conocimiento tácito de las normas a mantener y con el objeto de evitar malentendidos, existían y existen los reglamentos internos.

En los Reglamentos del Puestero, era común leer que debían tener la casa blanqueada, ordenado y limpio el entorno, combatir las hormigas, cuidar y aumentar las plantaciones, mantener los alambrados arreglados y terraplenadas las tranqueras y bebidas, todas tareas que se aconsejaba hacer casi diariamente para evitar el deterioro y abandono y por eso, patrones y empleados las respetaban en forma cotidiana y bajaban del caballo o de la camioneta para limpiar la bebida en el momento o extirpar a mano o con la infaltable palita afilada cualquier maleza de campo como abrojos, cepa-caballo, abrepuños, cardos chilenos o cualquier otro yuyo que afecte la pastura y que no ha sido exterminado en una interminable lista de tareas que terminan a la noche cuando ya no se ve más nada y el cuerpo pide descanso.

Muchas veces el extranjero no se da cuenta que cuando se extiende la mirada hacia el horizonte, en esa inmensidad que parece desierta, casi nada está librado al azar. 

CASI NADA CAMBIA

Volviendo a los reglamentos, por ahí diría alguno que son para esclavizar peones pero la regla no es más que para mantener "la casa en orden", y atendiendo a la idiosincrasia de la gente de principios de siglo, -principalmente inmigrantes donde tener casa, trabajo y comida era un lujo-, a nadie se le ocurría discutir las órdenes en la convicción de que el campo tiene un dueño que es el que decide lo que sucede en su casa. 

Los reglamentos de trabajo existieron y deben existir en todas las empresas e instituciones. Es más, para tranquilidad de los vecinos, continúan en muchos lugares la prohibición de tener perros -o máximo dos-, porque pueden producir desorden en el ganado o problemas con su alimentación y desde siempre, estaba la recomendación explícita de atender con diligencia los llamados telefónicos y fijarse si las líneas estaban en buen estado cuando aún no existían los teléfonos celulares. 

Vigente está la prohibición de relacionarse con alborotadores o recibir visitas sin aviso. Muchos puesteros recuerdan el consejo recurrente de: "Quiere visita, vaya Ud. a visitarlos", premisa que se cumplía y entonces, los hombres se iban hasta los boliches o la familia se hacía un viajecito hasta el pueblo.

Lo que muchas veces se sobreentiende tácitamente, no suele cumplirse y por eso, el "Reglamento" no es la espada de Damocles, sino más que tener las condiciones de trabajo escritas para que no haya malentendidos y que los empleados puedan ocupar el cargo a sabiendas de que el que no cumple "franca y decididamente con sus obligaciones, y no esté conforme, debe retirarse". 

¡Cuántos problemas menos habría en los organismos del Estado si esto se cumpliera! La verdad, es que todo establecimiento serio y organizado debe tener un reglamento propio interno con un Jefe respetado para no vivir en el desorden o la inoperancia.

Pero sabido está que la disciplina no se aprende en la escuela: se incorpora en la casa, se ve en la escuela y en la calle donde el no respeto por estas costumbres básicas llevan a la anarquía actual y la falta de respeto en las instituciones y lugares públicos de la ciudad.

En el campo, tanto patrones como mayordomos imponían normas de conducta que respetaban y hacían respetar a ultranza. En "la administración" o "el escritorio" desde la madrugada estaba y aún está el patrón y/ o encargado ordenando la tarea diaria para distribuir las tareas en la matera o hablar en privado si la necesidad lo ameritaba.

CON EL CAMPO LIBRE DE HUESOS

Las tareas no eran complicadas y parecerían hasta básicas. Tal es el caso de la recolección de osamentas y huesos. Bajas de animales hay siempre en el campo y todo propietario sabe que es perjudicial para el ganado además  de la sensación de abandono y suciedad y por eso, en los reglamentos siempre estaba estipulado "tener el campo limpio de huesos" que generalmente luego debían quemarse. 

Imperante es la tarea de atender con preferencia los molinos y aguadas, asegurándose su funcionamiento y limpieza, principalmente en verano y con sequías, cuando las bebidas se llenan de barro y algas. Juntar palos, ordenar alambres, limpiar el monte eran y son tareas que contribuyen al orden y prestigio de una lugar que se nota con sólo mirar los campos, sin necesidad de llegar al casco donde vive el patrón. 

Tanto dueño como encargado, llevaba el reglamento bajo el brazo y su cumplimiento era diario ya que en cualquier momento "caía el patrón, mayordomo o encargado" para ver cómo andaban las cosas, autoridad y presencia necesaria para sostener en orden una empresa que incluía miles de hectáreas y decenas de empleados.

PROHIBIDO EMBORRACHARSE

Históricamente, el problema de la bebida fue serio en el campo. Tanto era que los estancieros solicitaron ya en épocas de Rosas, que se cerraran las pulperías para evitar deserciones, peleas, muertes o incumplimientos por ebriedad y desorden. Así es que en todos los Reglamentos, se explicitaba que "en ausencia del Patrón queda prohibido el baile en las poblaciones y puestos de la estancia salvo permiso escrito anticipado del mismo, así como la prohibición de emborracharse, dar gritos provocativos, tirar tiros, faltar el respeto a algunos de los invitados o arrebatar a las damas" y para evitar desmanes que terminaban a cargo del patrón, en algunos establecimientos no permitían que llegaran personas no invitadas o desconocidas.

Cuando sucedía alguna pelea, -por ejemplo en algún boliche cercano con algunos de los peones-, el patrón era anoticiado y él mismo agarraba carro y caballo e iba a buscarlos ocupándose de sus heridas y traslados. Los empleados eran y son su responsabilidad y, a mayor eficiencia y cumplimiento recíproco, menos apuros defendiéndose mutuamente ante cualquier eventualidad en una simbiosis y lealtad a veces imposible de entender.

Tal es el caso de cuando Sengo Balladares se fue hasta el boliche "San Roque" de Núñez a hacer las compras por encargue del capataz Pedro Feula. En esa ocasión, un "flaco y negro de Bolívar" con varias copas de más, hiere a Balladares; interviene el bolichero que manda un peón a la estancia para avisar a Núñez, el patrón, que los lleva a los dos a la comisaría de Tapalqué donde estaba el comisario Cárdenas y luego, se vuelve con Balladares a la estancia dando su buen hacer como garantía. 

Atendiendo a la cantidad de epidemias que siempre hubo, también estaba explícito la premisa de avisar inmediatamente al patrón o a sus representantes cualquier caso de enfermedad que hubiera en las poblaciones para pedir la ayuda que hiciera falta y en la administración, había un botiquín de primeros auxilios muy bien provisto además de un transporte a disposición para casos de necesidad y existen testimonios escritos donde si el encargado no podía llevar él mismo al enfermo, lo enviaba hasta el pueblo con una carta de recomendación para el médico en donde comentaba los síntomas del enfermo así como la solicitud de su pronta atención.

LAS BUENAS COSTUMBRES Y LA PRESENCIA ANTE TODO

La cordialidad y el buen recibimiento en los puestos es bien conocida por todos los que los han visitado alguna vez el campo, así como el orden y pulcritud de los puesteros y su familia, aun estando en medio de lo que el visitante, habituado al trajín de la ciudad, considera como "en medio de la nada". 

El uso de la vestimenta campera era defendida por los patrones que no olvidaba aconsejar en los reglamentos que no debía usar distintivos políticos como pañuelos al cuello o boinas de colores azules, blancos, verdes o colorados destacando que eran prendas que "no son de criollos camperos y por lo tanto es muy feo que las usen" .

Es más, en algunos reglamentos se lee la prohibición de perros que ladren a los visitantes o al patrón así como la existencia de gallinas sueltas que ensuciaran los alrededores.

Quizás, lo que parece obvio no lo es para muchos, y cuando don Juan Manuel de Rosas ya casi dos siglos atrás escribía sus instrucciones, fue porque las consideró primordiales para evitar repeticiones o malos momentos en la creencia que el otro ya sabe lo que debería hacer o lo que se pretende que haga. 

Orden, responsabilidad, compromiso, fidelidad, permanencia en "la estancia" por años donde el cumplimiento del trabajo no era esclavitud sino orgullo de pertenecer y realizar el trabajo bien hecho.

Seguro otras épocas que marcaron la vida de generaciones completas de familias rurales bonaerenses.

Agradecimiento especial a Alicia Páez de Cosentino y su hija Claudia Cosentino del paraje Boliche Los Chúcaros, Mariano Insaurralde y Gonzalo Cuneo.

Ilustraciones:

1. Reglamento de puesto que se entregaba a cada puestero, firmado por el padre de Gonzalo Cuneo, Mayordomo de la Estancia El Tuyu, 1940. Recuperado de  Facebook Gonzalo Cuneo.

2. Reglamento de La Estancia: " La María Luisa", Partido de Ayacucho del año 1890 con las correspondientes latas de esquilas que se utilizaban en dicho establecimiento. El reglamento original se encuentra en el Museo Rosatto de Ayacucho. Gentileza de Mariano Insaurralde.

3. "Puesteros y empleados de la estancia Vallimanca. La estancia "Vallimanca" de María Concepción Unzué de Casares se extendía a ambos lados del Arroyo Vallimanca, partidos de General Alvear y 25 de Mayo.  De izquierda a derecha, parados: Zapatería (padre), Santellán (sombrero negro y corbata), Quiroga, Ruiz, Farías, Pacheco, Pignataro, Páez Jorge, otro Farías, Oscar Rosales (de bigotes y con pañuelo), Jorge Oscar Páez, Páez (padre de Jorge, con sombrero, corbata y poncho sobre los hombros), Palma (sin sombrero atrás pelado) y Rosales en la punta, con las manos cruzadas. Algunos sin identificar.

Adelante  de izquierda a derecha, Zapatería, Quiroga el sombrero negro, pañuelo al cuello y poncho, Santellán en el medio sin sombrero y saco oscuro, Zapatería de saco claro y sin sombrero; Juan Ledesma con pañuelo, bigotes) y el último, de saco negro, Nancucheo.

Pacheco era el capataz.  Domingo de Ramos en la estancia "Huetel". 17 de abril de 1957. Foto gentileza Alicia Páez de Cosentino.

REGLAMENTO DE LA SANTA TECLA de ITUZAINGÓ, CORRIENTES.

1º En ausencia del Patrón queda prohibido el baile en las poblaciones y puestos de la estancia, salvo permiso escrito anticipado del mismo.

2º En las reuniones o bailes es prohibido: Emborracharse, dar gritos provocativos, tirar tiros, faltar el respeto a alguno de los invitados o arrebatar las damas.

3º Las personas que son de afuera del campo y que llegan a un baile sin ser invitadas y sin tener relación con el Patrón, no podrán bailar.

DEL VESTUARIO

4º El personal residente del campo "SANTA TECLA" no deberá usar distintivos políticos, es decir: Pañuelos de cuello azules, verdes o colorados y boinas de los mismos colores.

5º Queda terminantemente prohibido el uso de cuello, corbata, gorra de visera, casco de corcho, pajilla, sobretodo, polainas de cuero. Todas ellas son prendas que no son de criollos camperos y por lo tanto es muy feo que las usen.

ENFERMEDADES

6º Debe avisarse inmediatamente al Patrón o a sus representantes cualquier caso de enfermedad que hubiera en las poblaciones.

7º El botiquín y el camión de la estancia están siempre gratuitamente a la disposición de la gente de "SANTA TECLA", en casos de enfermedad.

BUENAS COSTUMBRES

8º Quien persiguiera mujer ajena, será duramente castigado.

9º Queda estrictamente prohibida la venta de bebidas alcohólicas, menos cerveza que se podrá vender únicamente en el boliche de SANTA TECLA.

10º Debe avisarse enseguida al Patrón cuando lleguen a las poblaciones, pasajeros o visitas que queden en ellas más de dos horas.

11º El patrón da como premio: Dos vacas para lecheras, treinta pesos m/n c/l de premio, además de los gastos de la ceremonia a aquellas parejas de su campo, que deseen casarse civil y religiosamente.

OTRAS DISPOSICIONES

12º Queda prohibido en toda la costa de la estancia "SANTA TECLA", sobre el río Alto Paraná la llegada de canoas que no sean de algún poblador o empleado del establecimiento.

13º Es prohibido a los pobladores, chacareros y puesteros tener más de dos chanchos en sus casas y además deben estar los que tengan, en chiqueros.

A las personas de "SANTA TECLA" que no cumplan con las disposiciones de este reglamento, el Patrón las penará con: represión, multa o expulsión del campo.

A las personas de afuera que infrinjan los artículos Nº 3, 4, 9, 10 y 12, se les aplicará represión, expulsión, cepo o látigo.

Ernesto E. Esquer Zelaya. Ituzaingó (Corrientes) 1937

Gentileza de Pedro Rivero.


 


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