19 de abril de 2024

General Alvear 27/12/2023

Rosa, la curandera

Por Lis Solé | La lucha entre curanderos y médicos en el 1900

ROSA, LA CURANDERA

La lucha entre curanderos y médicos en el 1900.

Sucedió en 1906. Época de curanderos en pueblos con ranchos de barro y paja y unos pocos edificios de azotea. Tiempos de cuando los primeros médicos recibidos llegaban al interior intentando llevar sus conocimientos y su ciencia a la población pero enfrentándose con años de tradiciones, culturas y costumbres de curanderos; algunos con conocimiento de hierbas y otros, que se aprovechaban de las almas simples con artilugios y supersticiones.

En el campo, después de epidemias y sin atención de doctores, la gente se había refugiado en esos inteligentes y curanderos en los que confiaban ciegamente sin atender  a los médicos y por supuesto, sin tomar los medicamentos que se vendían en las entonces boticas del pueblo.

El Dr. Agesilao Milano llegó a General Alvear en agosto de 1904 y escandalizado por la mala praxis comenzó a denunciar a los curanderos y en especial a Rosa Inella por el ejercicio "ilegal y descarado" de la medicina. 

Con  "ejercicio ilegal de la medicina" se refería a las prácticas curativas por parte de quienes no poseían títulos universitarios y, ya con leyes promulgadas desde 1877, se sancionaban estos hechos con una multa en pesos así como meses de cárcel si se producía una muerte o daños graves de acuerdo a lo estipulado en el Código Penal Provincial.

En Alvear, Rosa Inella tiene una denuncia formal el  6 de julio de 1906  y ante la falta de acción de las autoridades, -que parece tampoco estaban muy convencidos de qué era lo mejor-, la italiana seguía con sus haceres. 

LA DENUNCIA DEL DR. MILANO POR EJERCER EL CURANDERISMO

El Dr. Milano no era precisamente un negociador. Hijo también de italianos y con 27 años, pierde la paciencia y decide elevar su reclamo a las autoridades provinciales ratificando y ampliando las denuncias hacia Rosa Inella por haber "ejercido actos del curanderismo en las personas de Juana Pardo y Faustino Basualdo" en fecha 17 de junio y 5 de agosto de 1904.

Tal como en una película, desfilan en el expediente, el Comisario José María Sarobe y su secretario M.B. Nandi; el Juez de Paz Florencio Ortiz junto algunos testigos que firman las declaraciones; Juan Mansilla que ve llegar a un enfermo a lo de la curandera; la viuda Faustina de Basualdo que daba las medicinas recetadas por la curandera que incluían hasta kerosene; el cochero Marcelino Legorburu que trae en sulky a Juana Pardo desde la estancia "Los Médanos de la Parva" de Enrique Mathet y por supuesto, la curandera, los enfermos y el Dr. Milano.

Decidido, el Dr. Agesilao había esperado que se repitieran los hechos y con pruebas excluyentes denunció el delito excusándose ante el Comisario José María Sarobe por haberse demorado en la presentación por intentar  ratificar esas fuentes y datos.

LA DENUNCIA DEL DR. AGESILAO MILANO

Los hechos fueron los siguientes: El 17 de junio de 1906, llega al consultorio médico el joven LEGORBURU, procedente de "Los Médanos de la Parva" con una carta donde el encargado de la estancia, don Casimiro Pedelaborde, le solicitaba que atendiera a su empleada Juana Pardo, para ver qué enfermedad tenía pero..  ¡La mujer no quiso llegar al consultorio y se quedó en lo de la curandera!

Siguiendo el encargo de su patrón Legorburu entrega la  carta al Dr. y le cuenta  que había traído en sulki a la enferma pero que, una vez que llegaron al pueblo, aquella le dijo que la condujera hasta la casa de Rosa Inella donde la había quedado sin concurrir en ese momento ni posteriormente a la consulta médica.

¡Ése eran los hechos que había estado esperando el Dr. Milano para denunciar a la curandera!

Casi dos meses después, se repite otra denuncia. 

El  5 de agosto, el Dr. se acercó hasta un rancho del Cuartel 1° donde sabía había llegado un enfermo proveniente del deslinde del partido, anoticiado por el vecino Juan Mansilla que temía se tratara de viruela. Allí encontró a FAUSTINO BASUALDO que no tenía viruela y que había sido atendido por la Curandera que le había recetado unos medicamentos.

El Dr. intentó entrevistar a más gente pero sus esfuerzos no fueron satisfactorios ya que no conocía el pueblo y muchos "por su misma ignorancia", se negaban a decir la verdad con el fin de defender a la matrona "a pesar de que era de pública notoriedad que la mujer Inella ejerce hasta con descaro el curanderismo" según el decir del doctor.

EL PROCEDER DEL COMISARIO JOSÉ MARÍA SAROBE

Considerando que ya era suficiente, el Dr. Milano presenta la denuncia al Comisario José María Sarobe.

Sarobe nació en 1865 probablemente en Barracas para establecerse más tarde con su familia en Bragado. Era el padre del coronel José María Sarobe (1888-1946), estadista e historiador reconocido en todo el país. De hecho José María Sarobe (h) escribió un libro dedicado a su padre, el Comisario José María Sarobe, en homenaje a su labor en contra del juego en la campaña. 

Sarobe dirige personalmente la denuncia en todos sus actos  hasta que es, ya con sentencia, elevada al Juzgado de Paz. Con meticulosidad, uno por uno, va citando y entrevistando a los denunciados y testigos gracias a la ayuda y letra impecable del secretario que dejan leer los testimonios con facilidad.

El primer entrevistado fue JUAN MANSILLA, un argentino de 46 años, casado, jornalero que explica que el sábado 4 de agosto cuando llegó la galera que hacía la carrera (recorrido) hasta Bolívar vio descender a FAUSTINO BASUALDO, visiblemente enfermo y con fiebre en la casa de su abuela FAUSTINA. Cabe aclarar que el muchacho conocido como Faustino se llamaba Alberto Basualdo, llamado así por el nombre de su abuela.

El Sr. Mansilla -que lleva apellido de larga data en General Alvear ya que aparece su padre fallecido en 1886 a la edad de 60 años-, se acercó a la casa y le preguntó a la madre del enfermo si lo habían llevado al médico. Ella le contestó que no era necesario porque ya había estado la curandera Rosa Inella y le había recetado unos medicamentos. Mansilla, temeroso de la viruela que había llevado cientos de muertos no hacía mucho tiempo, dio cuenta a la Autoridad para que tomara las medidas del caso.

LA DECLARACIÓN DE MARCELINO LEGORBURU, peón de estancia.

El segundo citado a la comisaría fue el joven Marcelino Legorburu. De apellido muy conocido en esa época en General Alvear, Marcelino tenía 19 años, y trabajaba en la estancia "Los Médanos de la Parva" de Enrique Mathet. Marcelino fue el cochero había sido enviado por su patrón Casimiro Pedelaborde para llevar a la enferma Agustina Pardo hasta lo del Dr. Milano.

El joven expresa que vinieron en sulki y que una vez en la localidad, ella le dijo que la transportase hasta la casa de la curandera Rosa Inella con quien se iba a curar. Ante la insistencia de Agustina Pardo y tal como figuraba en la carátula de la denuncia, él la dejó en la casa de la Curandera pero siguió hasta lo del Dr. para entregarle la carta que le había enviado su patrón.

Ante las preguntas del Comisario, el joven asegura que no sabía si Inella le había cobrado por la atención pero sí sabía que le había dado una botella de medicamento que la enferma solía tomar en un tarrito  mezclado con agua caliente.

Marcelino Legorburu era hijo de Andrés Legorburu y la maestra María Bolívar nacida en 1864, madre de 8 hijos.

LOS ENFERMOS ALBERTO BASUALDO Y AGUSTINA PARDO

Tercer convocado fue Alberto Basualdo, el joven que había llegado enfermo en la galera proveniente de Bolívar. Basualdo era un jornalero de 19 años, soltero, domiciliado en el Cuartel 1, había nacido en General Alvear en 1887 y fue censado en 1895 en el Cuartel 1 del mismo partido. En su declaración confirma que estuvo enfermo, que no fue asistido por un médico y que los remedios que tomaba se los daba su abuela Faustina que tenía en ese momento unos 55 años .

El joven reconoce que en su casa estuvo Doña Rosa Inella pero que "ha sido con el objeto de visitarlo puramente" y declara que los remedios que tomó para mejorarse eran caseros, unos jarabes que se componían de manzanilla, ruda, azufre, kerosene y cintura blanca" que es con lo que ha mejorado. 

Agrega que a él nunca lo ha asistido doña Rosa y que ignora si ha curado a otras personas. Como no sabe escribir, se lee la declaración y firma en su lugar el vecino Luis Pizaura, presente al acto de la lectura de ratificación.

Faustino Basualdo era hijo probablemente de Dominga Basualdo, nieto de Faustina Basualdo nacida en 1853.

De Agustina Pardo se sabe poco porque no pudieron encontrarla en su domicilio. La enferma que venía en sulky desde "Los Médanos de la Parva" tenía dos nombres: Juana Pardo o Agustina Aguirre y para el 26 de agosto, la declaratoria aún estaba sin resolución porque no había sido posible obtener el comparendo de la mujer que se había mudado a Saladillo.

LA DECLARACIÓN DE ROSA INELLA

Sólo quedaba el testimonio de la curandera, protagonista principal de esta historia. Ella compareció el 25 del mismo mes. Doña Rosa tenía 44 años en ese momento y declaró ocuparse de quehaceres domésticos y estar domiciliada en el Cuartel 1 de Alvear.

Rosa Inella negó todo. Aseguró que ella no ejercía el curanderismo y que no había curado a los personas que estaban involucradas en la denuncia; es más, aseguró que ni siquiera  los conocía; con énfasis agregó que solo "atendía sin interés cuando alguna pobre en estado de parto solicitaba su auxilio porque no existe en el pueblo partera diplomada".

¡Con esos dichos la curandera afirmaba que atendía a las parturientas! 

La suerte ya estaba echada a pesar de que agregó que "cuando en los partos nota cualquier peligro procura que el médico tome intervención, medida que aconseja generalmente a la familia de la paciente".

Nada más figura en la declaratoria que se relee completa y, a ruego de Rosa que se declara  analfabeta y para constancia de lo declarado, firma el vecino don Arturo Orcasitas, el comisario Sarobe y el secretario Nandi.

LA DECISIÓN DE LA DIRECCIÓN DE SALUD PÚBLICA

Ya elevado el expediente, el Director de Salud Pública refiere que de lo actuado queda probada la reincidencia en el ejercicio ilegal de la medicina por parte de la mujer Rosa Inella porque ella misma confiesa que "atiende enfermas de parto", acción agravada por prescribir medicamentos.

Le aplican una multa de $200 moneda nacional que debería ser efectiva en la misma Comisaría dentro de los cinco días siguientes a la notificación.

Por supuesto que la curandera no paga la multa que además era bastante abultada para la época. Al 29 de agosto Rosa Inella aún no la había pagado así que se pasó el expediente al Juzgado de Paz que intimó a Inella en su facultad de entender en todo asunto correccional.

Y  así, se va terminando esta historia que llega hasta nosotros gracias al resguardo de los documentos. El Expediente pasa al Juzgado de Paz de Alvear recibido en ese momento por el Juez M. Badiola y su secretario, otro señor de impecable letra que permite leer el documento. Recordemos que don Emiliano Reinoso, participante de la revolución radical es quien le da el nombre al Comité Radical de General Alvear.

Lamentablemente, no hay un seguimiento posterior del expediente que termina ahí. No hay más páginas y no se sabe qué fue lo que sucedió con Rosa Inella. 

La curandera muere tiempo después en Alvear y es enterrada en la Bóveda de la familia, panteón que se alza fuerte y sólido en el Cementerio Municipal a ya más de 100 años de su fallecimiento.

Una historia sin igual que se repite en los pueblos: la existencia de la Curandera donde los límites entre la necesidad y la tradición eran inhallables, donde se consideraba al curandero como un profesional tal como aparece en el Censo de 1895.

Un ícono del interior: la curandera.

La historia de Doña Rosa Inella nos permite imaginar a distintos personajes pueblerinos, saber sobre las costumbres  e idiosincrasia de los bonaerenses y en ese contar, cobran valor hechos tan peculiares presentes en las pinturas de Molina Campos, corroboran los magníficos cuentos de Landriscina y son dignos de obras de teatro costumbristas donde el hacer y decir de antes se reflejan en el mundo de hoy.

Por Lis Solé

Fuentes consultadas:

- Los datos provienen del Censo de 1895 y el Libro de Bautismos de la Parroquia de General Alvear.

- Don Milano Agesilao Dr. (denuncia) contra Rosa Inella por reincidencia en el ejercicio del curanderismo en esta localidad. Juez de Paz M. Badiola y secretario Emiliano Reinoso. Expediente N°65. Juzgado de Paz de Gral. Alvear. Año 1906. Archivo de la Pcia. de Buenos Aires.

- Las imágenes son de la última película de Netflix , La Curandera, o "Bless me; Última".

CINTURA BLANCA: Las flores comestibles contribuyen al mejoramiento de la estética de los alimentos además, aportan sustancias biológicamente activas como vitaminas A, C, riboflavina, niacina, minerales como calcio, fósforo, hierro y potasio beneficiando la salud de quien las consume. La infusión de sus hojas se usa para la diarrea verde de los niños. Sus hojas se aplican sobre sitios correspondientes a fracturas óseas, para desinflamar y ayudar a la consolidación. Las hojas aplicadas en forma de cataplasma sirven para calmar los dolores reumáticos y de la cintura, es también preconizada en afecciones bronquiales y pulmonares.


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