27 de febrero de 2024

Locales 18/10/2023

Saladillo, ciudad de cine

El Festival Cine con Vecinos cumple 20 años

En una ciudad sin cine, Julio Midú y Fabio Junco comenzaron a realizar telenovelas y películas con vecinos. Hoy tienen su propio festival.

Por Felipe Mendez Casariego

Hace veinte años decir que Saladillo era una ciudad de cine hubiera generado risa hasta a sus propios habitantes. A 180 kilómetros de Capital, y con sus dos cines históricos cerrados, los vecinos de esta localidad bonaerense rara vez habían tenido la experiencia de ver un rodaje, de pararse frente a una cámara. Hoy, su realidad no puede ser más lejana y sus motivos son muy concretos: a principios de los 2000, Julio Midú y Fabio Junco comenzaron a realizar telenovelas y películas con los vecinos de Saladillo que se volvieron un suceso local, nacional y, finalmente, mundial. Esta experiencia fue denominada "Cine con Vecinos", tiene su propio festival, el Festival Latinoamericano de Cine con Vecinos, y un proyecto que llevó su cine comunitario de Saladillo a todo el mundo. Los realizadores acaban de lanzar la edición número veinte de su festival, que recupera la historia de su proyecto en memoria de Hayrabet Alacahan, su seleccionador oficial, que falleció este año.

Un primer acto

Como no podría ser de otro modo, la larga historia de "Cine con Vecinos" tiene tintes cinematográficos. Inicia a fines de la década del noventa, en los albores del corralito: "Había una vez, en un país lejano, una pequeña ciudad llamada Saladillo. Sus habitantes son los Saladillenses y lo que más les gusta a los Saladillenses es hacer películas...". Así reza el inicio "Ceux de Saladillo" (2005), la película francesa del argentino Alberto Yaccelini que narra los primeros años de este fenómeno: en plena crisis, una ciudad bonaerense a 180 kilómetros de capital se encuentra en constante rodaje, todos son actores y todos consumen sus propias películas.

A principios de este siglo, Yaccelini no fue el único que puso el ojo en Saladillo. De todas partes del mundo se acercaron a la ciudad bonaerense para contar esta historia que tenía fantasía, color local y el necesario elemento social que permitía hablar del 2001 desde un enfoque distinto. Sin embargo, su origen viene de un deseo personal: "Yo era un pibe en ese momento que necesitaba filmar para empezar a hacer algo diferente porque no me podía venir a estudiar a Buenos Aires, y encontré un montón de gente que quería sumarse a este proyecto", contó el cineasta Julio Midú, que a sus veinte años comenzó a filmar telenovelas con los vecinos de Saladillo.

Fabio Junco y Julio Midú. 

La primera tira de Midú tuvo veinte capítulos y se transmitió por la televisión local. Además del sentimentalismo habitual de las telenovelas, la serie de Midú ofreció la novedad de situar en pantalla a los vecinos. El éxito no solo fue inmediato, sino que llegó a superar en rating a Futbol de Primera. Si inicialmente todos querían verse en pantalla, rápidamente la historia trascendió ese deseo y los atrapó.

De tal magnitud fue este fenómeno que en el 2000 Midú ganó el Martín Fierro por el unitario "Vueltas de la vida", filmado junto a veinticinco vecinos de Saladillo. Sin embargo, el gran salto sucedió cuando el realizador pasó a filmar películas junto a Fabio Junco, otro "saladillense" que por ese entonces trabajaba como periodista en Buenos Aires. "Yo nunca vi una novela de Julio completa", confesó Junco con humor. "Lo conocí por un aniversario del grupo de teatro local. Yo veía lo que hacía y siempre me pareció un poco bizarro", contó Junco, que a pesar de esa distancia estética encontró en Midú un eterno compañero de realización.

En conjunto, y con mínimos recursos, ambos comenzaron a filmar largometrajes que pusieron en movimiento a todo Saladillo. "La vieja" fue su primera película, que hoy está perdida. Siguieron con Prisioneros, Gema, El Oso, La Trampera, Dama Aire, Pasiones Ocultas y Pobres Mujeres, todas realizadas en menos de tres años. Poco a poco, sus películas se fueron complejizando junto a las interpretaciones de los saladillenses, que de la noche a la mañana pasaron de ser "amateurs" a tener carreras envidiables por cualquier actor de primera.

Junto al crecimiento profesional, llegó el reconocimiento: "Los filmes de Midú y Junco cuentan historias de familia, conflictos generacionales e injusticias sociales y, por las condiciones de producción, tienen un fuerte componente documental", se llegó a leer por esos años en la reconocida revista francesa Cahiers du Cinéma.

De los vecinos para los vecinos

Si el proyecto de Cine con Vecinos nació del deseo personal de Midú y Junco de realizar películas "a pesar de todo", rápidamente encontraron en su tarea un principio que los excedía: el de dar pantalla a nuevas historias, voces y escenarios. Es por esto que en 2003 le propusieron al intendente de Saladillo, que como no podía ser de otro modo ya había actuado en varios proyectos, realizar el Festival Latinoamericano de Cine con Vecinos.

Cine de vecinos para vecinos. 

La primera edición del festival se llevó a cabo en el, por entonces abandonado, cine Marconi y estuvo colmado de público. Recibió en su primera edición doce largometrajes producidos por vecinos del interior y duró toda una semana. El festival finalizó con la proyección de "Lo bueno de los otros", el primer éxito internacional de Midú y Junco.

Pasó un año y se corrió la voz. En la segunda edición del festival ya no eran doce los largometrajes que participaron, sino veinticuatro. Fogoneados por el boom de la era digital, distintas ciudades y pueblos comenzaron a filmar pensando en el Festival de Saladillo, que se convirtió en un espacio de encuentro colectivo para realizadores y actores primerizos. En su segunda edición, ganaron películas vecinales, con historias propias nacidas de la necesidad de narrar, y se reconocieron actores que nunca hubieran tenido espacio en los circuitos tradicionales.

De Saladillo al mundo

En 2008, Midú y Junco sumaron una nueva arista a su proyecto de Cine con Vecinos: "los rodajes express". Con el apoyo del INCAA, los dos realizadores salieron al país y al mundo para poner en práctica sus experiencias en Saladillo y llevar el cine aquellas localidades donde no llegaba su festival. Con sus equipos, viajaron a cientos de pueblos y les propusieron a los habitantes realizar cortometrajes en un día. Ellos elegían la historia, los roles, el modo de contarla. Midú y Junco situaban la cámara, guiaban la filmación para sacarle el mayor provecho a cada historia y montaban las películas buscando "cuidar" a sus participantes, que se abrían repentinamente a aquellos extraños.

Filmando uno de los cortometrajes.

Así, "Cine con Vecinos" filmó más de ciento cincuenta cortometrajes con historias e intérpretes que, de otro modo, nunca hubieran llegado a la pantalla. Todos ellos se encuentran disponibles en su canal de Youtube y sirven como registro de un proceso que, según cuentan los directores, transforma a las comunidades. "Ni ellos saben quiénes somos, ni nosotros sabemos quiénes son ellos. Solo sabemos que vamos a hacer una película y que a la noche se va a proyectar. Al final, la ven y la gente llora. La mayoría te dice que es el mejor día de su vida y vos sabés que es el proceso, no lo que se hace. Son pueblos que quizás no se juntaban ni el domingo y con la excusa de la película se vieron la cara", contó Junco.

Luego de la pandemia, Midú y Junco se desligaron de la filmación de cada proyecto para comenzar a capacitar a realizadores locales que puedan mantener el proyecto vivo a lo largo del tiempo. "Hay algo mágico que sucede cuando se logra la continuidad del proyecto y es que vos empezás a formar espectadores. Ese vecino que al principio sentía que no servía, y que luego de cinco o seis películas se emocionaba en una escena como un actor nunca podría hacerlo, es porque empezó a mirar, empezó a cuidarse, empezó a sentirse expuesto y en esa exposición cada vez quiere estar mejor. Entonces, empieza todo un trabajo interno que es sumamente interesante", afirmó Midú.

En memoria de Hayrabet Alacahan

Si Midú y Junco fueron dos pilares fundamentales en el inicio de esta experiencia, la incorporación de Hayrabet Alacahan como seleccionador oficial del festival resultó determinante en su difusión a lo largo del mundo. Alacahan, quien fue uno de los mayores investigadores y cinéfilos que tuvo este país, guió el festival y participó activamente de él hasta su reciente fallecimiento en julio de este año. "Él era el festival, amaba el Cine con Vecinos y le apasionaba venir a Saladillo. Le gustaba sentarse a tomar cerveza, conversar con los realizadores y dedicarles tiempo. No importa quién era, si era el director de una película mala o buena, él se sentaba y les hablaba, les explicaba por qué había elegido o no su película", recordaron Junco y Midú.

Por este motivo, Cine con Vecinos acaba de lanzar la edición número 20 del Festival Latinoamericano de Cine con Vecinos en memoria de su seleccionador oficial. Su edición es virtual, está disponible en la página web de Cine con Vecinos y presenta veinte películas que fueron premiadas por el programador a lo largo de los últimos veinte años. Se tratan de películas que no siempre fueron las más prolijas, pero que tenían ese "algo" que construyó la esencia del festival: la presencia de los vecinos y la realidad que destilaban sus historias nacidas únicamente de la necesidad de narrar. 

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