16 de enero de 2026

Nacionales 16/01/2026

Sistema eléctrico frágil y millones sin luz

El apagón generó caos en CABA y en numerosos barrios bonaerenses

Una falla técnica en el sistema de alta tensión dejó este miércoles sin electricidad a amplias zonas de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense en pleno pico de calor. El apagón tuvo un origen concreto: el desenganche simultáneo de cuatro líneas de 220 kilovoltios en la subestación de Morón, un evento que provocó la pérdida instantánea de unos 3.000 megavatios y expuso, una vez más, la fragilidad del sistema eléctrico del Área Metropolitana de Buenos Aires.

Según la página oficial del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (Enre), el corte de luz afectó a más de 920.000 usuarios. Las empresas concesionarias del servicio aseguraron cerca de las 15.30 que ya se había restablecido el 85 por ciento del suministro. El corte afectó a más de 80.000 domicilios que corresponden a la concesión de Edesur y más de 840.000 de la zona adjudicada a Edenor.

El corte se produjo a las 14:45, cuando salieron de servicio las cuatro líneas de alta tensión Morón-Rodríguez operadas por Edenor. La magnitud del impacto se sintió de inmediato. Cientos de semáforos dejaron de funcionar en la Ciudad de Buenos Aires, el tránsito colapsó en avenidas clave y el transporte público sufrió interrupciones y demoras. La línea D de subte quedó directamente fuera de servicio durante parte de la tarde, mientras que la línea H operó con dificultades por la falta de suministro eléctrico.

La afectación no se limitó al subterráneo. También se registraron problemas temporales en las líneas de trenes electrificadas y en el funcionamiento del Aeroparque Jorge Newbery, donde algunas operaciones se vieron condicionadas por la caída del suministro. En una jornada con temperaturas elevadas, la interrupción eléctrica complicó tanto la movilidad como las actividades cotidianas de miles de personas.

Según los reportes relevados por el sector energético, el apagón alcanzó a barrios porteños como Recoleta, Microcentro, Caballito, Palermo, Paternal, Belgrano, Villa Urquiza, Villa Pueyrredón y Villa Crespo. También hubo cortes en el oeste del conurbano, en localidades como Castelar y Morón, y en la zona norte, con reclamos en San Martín, Tigre y San Fernando. La extensión geográfica del evento reflejó el peso que tienen las líneas de alta tensión involucradas dentro del entramado eléctrico del AMBA.

Desde fuentes oficiales explicaron que la falla se originó en la subestación de Edenor ubicada en Morón, lo que derivó en el desenganche automático de las cuatro líneas de 220 kilovoltios. Ese mecanismo de protección evitó daños mayores en la red, pero al mismo tiempo dejó fuera de servicio una porción significativa de la demanda eléctrica del área metropolitana. En términos técnicos, la salida abrupta de 3.000 megavatios equivale a desconectar de golpe el consumo de una ciudad entera en hora pico.

La propia Edenor confirmó los inconvenientes en la zona norte del Gran Buenos Aires y en la Ciudad. En un comunicado, la empresa informó que "un corte de energía eléctrica en zona norte por alta tensión afecta varias subestaciones" y detalló que se activaron esquemas de emergencia para sostener servicios esenciales mediante grupos electrógenos y sistemas de alimentación ininterrumpida. Con el correr de las horas, distintas áreas comenzaron a recuperar el suministro de manera gradual.

El Gobierno nacional también brindó precisiones sobre el episodio y ratificó que el evento estuvo vinculado exclusivamente a la salida de servicio de las cuatro líneas Morón-Rodríguez. Desde el área energética señalaron que se trató de una contingencia técnica que fue abordada para permitir la normalización progresiva del sistema, aunque el impacto dejó en evidencia la dependencia del AMBA de un conjunto reducido de nodos críticos de alta tensión.

Más allá de la explicación puntual, el apagón volvió a poner en el centro del debate el estado de la infraestructura eléctrica. El episodio se produjo en un contexto de fuerte ajuste tarifario que no logró traducirse en una mejora visible de la calidad del servicio. En los dos años de gobierno de Javier Milei, las facturas de luz acumularon una suba de 339 por ciento. En el mismo período, el Índice de Precios al Consumidor avanzó 171 por ciento y el salario promedio de los trabajadores registrados, medido por el RIPTE, creció 229 por ciento. Las tarifas, así, más que duplicaron la inflación y quedaron más de 100 puntos por encima de la evolución de los sueldos.

La tensión entre precios y servicio se vuelve todavía más evidente al observar que los aumentos no se detienen. En enero, las boletas de energía eléctrica registran nuevas subas, que se mantienen en torno al 3 por ciento mensual desde mayo de 2024. El contraste resulta inevitable: mientras los hogares afrontan incrementos muy por encima de sus ingresos, episodios como el de este miércoles muestran que el sistema sigue siendo vulnerable ante fallas en puntos neurálgicos de la red.

El apagón del AMBA no fue solo una molestia circunstancial en una tarde de calor. Fue, también, una señal de alarma sobre un esquema energético que combina tarifas en alza, ingresos rezagados y una infraestructura que, frente a un evento técnico relevante, puede dejar sin luz a millones de usuarios en cuestión de minutos.

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