27 de marzo de 2026

Nacionales 27/03/2026

Síntesis moderna: la música bailable argentina que nació a la sombra de la dictadura

El sonido de la transición democrática

"No hay lógica, no hay déspotas, no hay máquinas / no hay música, no hay éxito, no hay éxodos", cantaba Fito Páez en Esquirlas, de 1987. Cualquiera que haya escuchado Ciudad de Pobres Corazones podrá denunciar rápidamente que esta letra no pertenece a ningún track del disco que marcó el costado más crudo del rosarino. Esta letra, en cambio, está publicada bajo el manto de los Músicos del Centro, una banda cordobesa con canciones que volaron bajito entre coleccionistas y nerds de la música alternativa de la época.

La década de los 80 en la Argentina estuvo atravesada por una salida lenta de la violencia y el silencio generado durante la dictadura militar. La música fue uno de los primeros territorios donde empezó a ensayarse esa reapertura y, con la prohibición de cantar en inglés durante la Guerra de Malvinas, el rock nacional se empujó a sí mismo al centro de la escena para consolidar un relato de rebeldía.

Pero ese movimiento también dejó zonas de sombra, con artistas desperdigados sin consignas explícitas y producciones hechas en condiciones precarias, atentas a la experimentación, con sonidos experimentales y ritmos bailables. Unidos por el uso de los sintetizadores, crearon piezas que no se encasillaban en un género, con sonidos traídos de géneros tradicionales como el tango o el folklore e influencias cerca del jazz o el avant-garde europeo.

Arqueología del lado B

Cuatro décadas después, todo ese material vuelve a resurgir gracias a un trabajo de investigación de Ric Piccolo -DJ y productor- y Ariel Harari -DJ y coleccionista-. El resultado se escucha en Síntesis Moderna, an alternative vision of argentinian music, un triple vinilo que indaga en una banda sonora de la transición democrática que luchó por no desaparecer en el ruido de la época. "Las canciones son parte de la herencia musical argentina, pero que por no tener letras de protesta quedaron al margen", cuenta Piccolo a Página|12.

El disco reúne -entre otros- a Divina Gloria, Carlos Cutaia -de Pescado Rabioso-, Abaddon, Mike Ribas y los Músicos del Centro, "todos músicos -continúa Harari- que a pesar de no hablar de forma directa de los conflictos de la época, fueron el soundtrack de los lados B del arte".

A esta marginalidad estética también se le sumaba la tecnológica. El contexto socioeconómico de la época, y el poco interés de las discográficas en aquellos proyectos, obligaba a estos artistas a trabajar con instrumentos baratos e ideas ingeniosas para exprimir al máximo lo poco que tenían: "Por eso son canciones con muchos samples, que le da un carácter súper LO-FI -baja fidelidad-", aseguran.

Ric Piccolo y Ariel Harari, compiladores de Síntesis Moderna (Gentileza -)

Un sonido personal

"Lo más hermoso que tiene todo esto es no ponerse límites, ¿no? Había mucha efervescencia de mucha música distinta. No todo era popular", dice Juan Carlos Ingaramo, de Los Músicos del Centro, una banda cordobesa fundada en el 80' que giró durante varios años junto a Lito Nebbia. Y aunque prefiere alejarse de cualquier etiqueta en su arte, el pianista y compositor presume con humildad: "Según la crítica, somos pioneros en el Jazz Rock Fusión. Pero la música pasa por la satisfacción de sentir que estás haciendo lo que te sale con honestidad, con sinceridad".

Los Músicos del centro De izquierda a derecha: Gabriel Pérez, Mingui Ingaramo, Hugo Ordanini, Juan Carlos Ingaramo y Sergio Aranda (Gentileza -)

El músico cordobés confía en que la identidad de su obra (y de la época) se basaba en la mezcla de géneros y la ausencia de prejuicios estéticos: "El momento político que se vivía era bravo. Pero con nuestra música no teníamos límites. No éramos músicos de jazz, ni éramos músicos de rock estricto... de ahí salió, justamente, un sonido muy personal". Es por esta verborragia artística que Ric y Ariel decidieron sumar a la compilación "Aire de Trópicos" y "Esquirlas", que cuentan con la participación de Pedro Aznar y Fito Páez, respectivamente.

"No fue ninguna coincidencia ni estética ni generacional, me gustaba la música a los dos por igual. Nos encontrábamos en Estudio Panda, cuando Fito empezó a grabar 'Del 63'", recuerda Ingaramo sobre "Esquirlas". "Fuimos muy valorados por este tipo de músicos, como Fito, Spinetta o Nebbia, algo que nos dio libertad para grabar nueve discos", dice. Pero concluye: "Conozco bandas y solistas que al al estar con compañías multinacionales los cajonearon y desaparecieron".

Bailar en la oscuridad

En septiembre de 1978, la revista Expreso Imaginario ilustró su tapa con una imagen de John Travolta con un tomate estallado en la cara. Y Pipo Lernoud escribía en aquella edición: "Fiebre del sábado a la noche: contagiosa temperatura de entorpecimiento cerebral balanceándose al ritmo del consumo moderno".

John Travolta y el tomatazo Tapa de Expreso Imaginario, de septiembre de 1978 (Archivo -)

El rechazo a esta música tenía una historia, o al menos una justificación: "Si eras punk, no podías escuchar música disco. En Argentina siempre fue algo grasa y sin valor artístico", recuerda Piccolo. "En otros lugares -sigue-, como Estados Unidos, esa música estaba vinculada a la liberación queer y a formas de resistencia del cuerpo que acá no se podían nombrar. El baile también puede ser de protesta". Pero, en plena dictadura, bailar no parecía una forma legítima de expresión en un país que todavía buscaba relatos para narrar su tragedia reciente.

A pesar de las resistencias, poco a poco se convirtió en una movida musical que empezó a pasar cerca de los ídolos rock, que se interesaban en explorar estos sonidos alternativos sin vincularlos directamente a su autoría: "Por miedo a caer en las críticas, muchos rockeros famosos se ponían pseudónimos o nombres en inglés para publicarlas", dice.

¿Música argentina?

"Había que investigar en SADAIC, rastrear nombres, comparar registros. Algunos discos estaban todo en inglés, pero había cosas sospechosas, como errores en la escritura o compositores mal acreditados", dice Ric mientras Ariel asiente con la cabeza. Es que, según relatan, muchas de las canciones de Síntesis Moderna no parecen argentinas, al menos bajo los criterios de la época. Las letras en inglés, los créditos poco claros y los compositores ocultos bajo siglas ambiguas los obligaron a realizar un trabajo casi detectivesco.

Síntesis Moderna Síntesis Moderna (Gentileza -)

Esto se suma a que la mayoría de esos proyectos no fueron viables en términos comerciales, por lo que su difusión en formatos físicos fue realmente pobre. "Eran discos que vendían poco, que muchas veces los músicos pagaban de su bolsillo porque eran demasiado avanzados o alternativos para la época", reconoce Piccolo. Ese riesgo, señala, no es solo una marca del pasado. "Hoy vuelve a pasar. La viabilidad de un proyecto parece tener que dar mucha plata, y eso limita muchísimo la posibilidad artística".

Y cierra: "La situación del país en la actualidad, con todo lo que vemos que le hacen al INCAA, vuelve a demostrar que el under siempre estuvo en jaque". En ese sentido, el rescate de estas grabaciones intenta poner en circulación la pregunta de cuánta experimentación, cuánta búsqueda estética y cuánta libertad quedaron relegadas cuando la música empezó a medirse -ayer y hoy-, en términos de rentabilidad y consumo.

Fuente: Página 12 

Copyright © 2015 | La Síntesis - El primer diario digital de Saladillo