Nacionales 27/04/2026
Tenía millones de visitas para ver hombres abusando de sus parejas adormecidas
Un sitio web ofrecía tips para no dejar rastros de un abuso a la propia pareja. También detalles de dosis, yeites y métodos de seguridad como el "EyeCheck", un procedimiento para verificar que la víctima esté realmente inconsciente. Además, vendía insumos, videos para consumo de los caballeros y la transmisión de la hazaña en vivo. Y consejos útiles para abusar de mujeres cercanas: esposas, novias o compañeras ocasionales. O por qué no: hermanas, cuñadas, hijas. Toda una serie de recursos al servicio de drogar y violar para contarlo. Y monetizarlo.
Además ofrecían estrategias de seguridad: qué hacer si alguien sospecha, qué responder si te encuentran in fraganti. Toda esa información intercambiaban miles de hombres en la llamada Academia de violadores que por estos días fue tema de conversación por una investigación de la CNN.
Periodistas infiltradas en un grupo de Telegram descubrieron una red de hombres hermanados por estas prácticas. El grupo de chat estaba conectado con el sitio Motherless -que muy elocuentemente se traduce como "sin madre"- y es parte de una red internacional de comunidades en las que se celebra, se reproduce y se entrena en la violencia sexual. La etiqueta para identificar este tipo de contenido, en el que la víctima es abordada mediante sumisión química, es "contenido de sueño".
En 2017 el juicio contra Harvey Weinstein fue uno de los propulsores del movimiento Me Too (JUSTIN LANE / POOL/EFE)
Solo en un mes, la plataforma tuvo más de 62 millones de visitas. Uno de los grupos acumulaba más de 20.000 videos de mujeres siendo agredidas sexualmente.
La difusión de estos casos vuelve a poner en el centro de la discusión a la llamada cultura de la violación, la violencia estructural contra las mujeres, los ritos con los que los hombres "se vuelven hombres".
No es que sea novedad. En Francia, el caso Pelicot puso en la agenda este tipo de delitos. En 2024, Dominique Pelicot fue condenado en Francia a 20 años de prisión por drogar y violar a su esposa, Gisèle Pelicot. Durante una década (2011-2020) reclutó a más de 50 hombres para abusar de ella mientras estaba inconsciente.
El caso convirtió a Gisèle en una referente mundial por llevar adelante un juicio para "que la vergüenza cambie de bando". La condena al señor Pelicot, un muy respetable padre de familia para todos los que lo conocían, ayudó a sacar a la luz estas prácticas. Sin embargo, la investigación de CNN sugiere que no son rarezas, sino fenómenos sostenidos por comunidades digitales enormes y muy activas.
Gisèle Pelicot en la recta final del mega juicio contra su ex marido y otros 50 hombres.-19/11/2024
Gisèle Pelicot en la recta final del mega juicio contra su ex marido y otros 50 hombres.-19/11/2024 Gisèle Pelicot en la recta final del mega juicio contra su ex marido y otros 50 hombres.-19/11/2024 (EFE/EFE)
En Portugal, en un canal de Telegram con 70.000 hombres y en Alemania otro con 73.000, distribuían imágenes sin consentimiento de mujeres desconocidas, parejas e incluso hijas. En Italia, en el grupo "Mia moglie", más de 32.000 hombres intercambiaban fotos de sus esposas como si fueran figuritas. En España, en el "chat de depravados", con 600 hombres, se difundían imágenes sexuales.
Una investigación de la BBC identificó decenas de canales y grupos en Telegram, con casi dos millones de usuarios repartidos entre Reino Unido, Rusia, Brasil y Kenia.
En Argentina también hay: en el grupo "Los Magios de Tucumán", miles de hombres compartían contenido sexual, niñas incluidas. En China, otra red con hasta 100.000 usuarios. En Corea del Sur, un sistema de explotación con más de 260.000 hombres basado en chantaje y distribución de contenido.
La cofradía peneana
La tecnología diversifica la comunidad y los recursos de los varones violentos. O lo que Rita Segato llama "cofradía". Segato dedicó gran parte de su trabajo a explicar que la violencia sexual no es nunca un acto aislado o individual. Es un mensaje que apunta a validación entre pares. Y que se vale de la discreción y los pactos entre caballeros. Y del manto de sospecha que se suele desplegar sobre las víctimas. Por algo. en el juicio a Gisele Pelicot, se hartaron de preguntarle si estaba segura de no ser swinger. Y de cuestionar que no le hubiera quitado el saludo al marido y no llorara en las audiencias.
En clave de cofradía se podría leer, entre tantas otras escenas, el desafío viral para golpear a "las mujeres que te rechazan". En TikTok, la comunidad incel -subcultura de jóvenes misóginos que suelen operar como fuerza de choque digital de espacios de ultraderecha- busca instalar una reacción violenta a través de un trend. Con picos desde 2024, cada tanto aparecen olas de videos de varones que "entrenan" para golpear a la mujer que les rechace su propuesta de compromiso.
"La violencia sexual es dialógica en dos sentidos. Es un acto de dominación sobre la mujer pero no tanto sobre una mujer en particular, sino sobre la sobreviviente como miembro de un grupo social, el de las mujeres que han alcanzado algún grado de autonomía en su vida. Y dialoga con otros varones frente a los cuales el perpetrador siente que tiene que dar pruebas de ser un miembro pleno entre sus pares", dice María de las Nieves Puglia, doctora en Sociología, docente de la UNSAM, en diálogo con Página/12.
Para Puglia, el problema hoy es con qué varón dialogan, qué varón idealizan. "Los varones que hoy dominan el mundo son ultra ricos, dueños del salto tecnológico más importante de la humanidad desde la Revolución Industrial. Son varones desinteresados por la democracia y de cualquiera de los mecanismos que tiendan a generar mayor equidad e integración social, amantes de un darwinismo social exacerbado y aumentado por la violencia explícita".
"Es en esas masculinidades de esa ultraelite, en las que se están espejando hombres como los de Motherless. Es a esto a lo que nos referimos cuando decimos que las violencias en lo micro son habilitadas y legitimadas en lo macro", dice Puglia y es imposible no pensar en el tecnofascista Peter Thiel, por estos días visitante con alfombra roja de nuestro país.
La batalla cultural
No es lo mismo entrar a Motherless 'de curioso', que drogar y violar 'a tu mujer'. No es lo mismo subirse al reto de TikTok y filmarte practicando una hipotética trompada, que efectivamente golpear. No es lo mismo decir qué hacer, pero sí es claro que copar la conversación pública con argumentos para legitimar los delitos sexuales es una forma de instigarlos, y tiene su correlato material. De eso se trata justamente la llamada batalla cultural.
En 2025 Gustavo Cordera defendió sus dichos de que las mujeres "necesitan ser violadas" (Pablo E.Piovano)
Si prácticamente cualquier mujer -en toda época, de toda edad y clase social- a la que se le pregunte, puede recordar alguna situación de abuso, entonces el problema es estructural.
Pero si a partir de 2017, con el movimiento Me Too, empezaron a surgir públicamente en todo el mundo torrentes de testimonios solo del lado de quienes los padecen, ¿dónde está la contraparte? ¿Cómo es que no aparece nunca alguien que diga "abusé de tal persona, en tal circunstancia"? Posiblemente sea difícil reconocerse violador si se parte de que casi siempre el "no" femenino es un elemento de baja fiabilidad.
¿En esas 62 millones de visitas al sitio Motherless con videos de violaciones a mujeres inconscientes, a ningún internauta le hizo ruido jamás nada? ¿Es necesario llegar a que investigadoras de CNN se infiltren haciéndose pasar por varones para que se empiece a destapar el caso? En jugar al distraído hay una clave.
"En torno a la masculinidad hay un centro (hegemonía) y una periferia. Los varones se subjetivan como varones hechos y derechos a través de ritos de iniciación con un elemento clave: la humillación. Ser varón es no ser humillado. Probarse como varón muchas veces es entrenarse en la capacidad de humillar, centralmente a las mujeres pero no únicamente", dice Lila Feldman, psicoanalista feminista y escritora.
"Ahora bien, la periferia de la masculinidad tiene pendiente armar comunidades alternativas a los incels, o a Motherless y tantas otras comunidades organizadas en torno al ejercicio de violencias patriarcales y fascistas. El silencio de esa periferia de varones colabora. A eso Malena Pichot lo llamó 'camaradería peneana'", dice Feldman, que acaba de publicar "Varones de carne y hueso".
No son enfermos
"No todos los varones son violadores pero los violadores son varones comunes y corrientes, no son monstruos ni excepciones. Tampoco enfermos. No todos son violadores pero la mayoría de los varones callan", dice Feldman.
¿Es la "Academia de violadores" una hipérbole de la cultura de la violación que subyace a nuestros actos de cada día? Para María de las Nieves Puglia es más que eso: "Hay un desfasaje entre los avances de las mujeres en autonomía en algunos planos de la vida y en una medida limitada y fragmentada (trabajo, educación, salud) y los varones no sabiendo qué hacer con eso".
Frente a ese desfasaje, algunos están resolviendo del peor modo posible: intentar devolver a las mujeres al lugar que creen que es el que les corresponde. La violencia sexual es un acto disciplinador más.
Dice Puglia: "Más que defenderse y decir 'No todos los hombres', los varones tienen que empezar a encontrar otras formas de vivir su masculinidad sin sentir que son amenazados tan profundamente. ¿Qué sienten que se va a caer o romper? Nosotras atravesamos un trabajo de décadas y todavía nos estamos haciendo mil preguntas. ¿Ellos están dispuestos a lo mismo?".
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