10 de enero de 2026

Nacionales 09/01/2026

Uruguay apuesta por el transporte público eléctrico: menos diésel, menos emisiones y menos ruido

El riesgo, advierten, es subvencionar el lujo

"En Uruguay la movilidad eléctrica ya no es un experimento", explica Agustín Mazzini, uno de los diputados del Frente Amplio que promueven políticas públicas de movilidad eléctrica, sobre el impacto en el transporte público de este cambio en la matriz energética del parque automotor. La realidad está a la vista: el uso de vehículos eléctricos dejó atrás la lógica de prueba piloto y comenzó a consolidarse como alternativa real, sobre todo en taxis, remises y transporte público.

La diferencia con Argentina, advierte Mazzini, no es cultural ni tecnológica: es estructural. Según la Asociación del Comercio Automotor del Uruguay (ACAU), en 2024 Uruguay vendió 5.856 autos eléctricos, más del triple que el año anterior. En ese mismo año, los eléctricos explicaron el 7,6% de los 0 km (a lo que se suma 6,5% de híbridos). Y en 2025 la participación ya roza el 20% de las ventas.

En Argentina el cuadro es otro: 2024 cerró con apenas 277 autos 100% eléctricos, dentro de un universo de 14.175 vehículos "electrificados" compuestos mayormente por híbridos, según datos de ACARA.

Para Mazzini, la ventaja decisiva está en la energía. Uruguay produce electricidad mayoritariamente renovable como resultado del control estatal de la generación y distribución. El Ministerio de Industria, Energía y Minería informó que en 2022 la generación fue 91% renovable y, según datos preliminares difundidos en 2025, habría llegado al 99% en 2024.

La venta de autos eléctricos en Uruguay se explica también por los beneficios fiscales. Los eléctricos no pagan arancel extra-zona, no tributan IMESI -impuesto interno aplicado a bienes considerados contaminantes- y cuentan con 50% de descuento en la patente. "Los instrumentos más efectivos han sido una combinación de beneficios fiscales y tarifarios, bonificaciones para la carga y el despliegue estratégico de infraestructura", resume Mazzini.

Pero el diputado uruguayo introduce una advertencia: "Es un sector con subsidios en revisión permanente. Existe el riesgo de fomentar la movilidad individual y, además, beneficiar fiscalmente autos de gamas altas". Esto supone que el Estado puede empujar el cambio a un transporte más limpio, pero también puede terminar subsidiando el lujo.

El desafío con el transporte público

Si hay un lugar donde la electrificación cambia la vida, es el transporte público. En octubre de 2025, Montevideo incorporó 50 colectivos eléctricos y llevó su flota eléctrica a 177 unidades sobre un total de 1.547 colectivos urbanos. La ecuación es directa: menos diésel, menos emisiones locales y menos ruido.

Según el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT), la región alcanzó una flota de buses eléctricos de 6.055 unidades a fines de 2024, impulsada primero por Chile y Colombia y luego por Brasil y México. Uruguay busca sumarse a la lista en los próximos años.

"El impacto ambiental es altamente positivo, especialmente en Uruguay", afirma Mazzini sobre los beneficios de los autos eléctricos, entre ellos: menos emisiones, menos contaminación sonora, menos dependencia del petróleo. A su vez, según agrega el diputado, los autos suelen cargarse en horarios de bajo consumo, lo cual ayuda a estabilizar una matriz renovable. El objetivo de Uruguay es desplegar una red de cargadores rápidos cada 50 kilómetros.

El desafío a futuro es prestar atención al ciclo completo de los autos eléctricos, incluido el momento en que deban descartarse las baterías. "Debemos tener una visión responsable sobre baterías, reciclaje y gestión de residuos. Todavía no enfrentamos eliminaciones masivas de baterías usadas, pero debemos estar preparados", finaliza el diputado sobre los desafíos que tiene Uruguay por delante.

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