22 de noviembre de 2019

Locales 05/11/2019

Viejitos

Un legado importante

Entre marzo y octubre, en un poco más de siete meses, se nos "fueron" los viejitos. Mis hermanas, Laura y Ana, y yo, perdimos a Wenceslao y María Soledad. "Pica" y "Ñata". Los últimos casi tres años fueron duros y dolorosos en muchos momentos, con escasos espacios para alguna alegría. 

Con una vida compartida de casi 72 años dejaron ese vacío que es natural y que no podrá volver a llenarse.

Pero dejaron mucho más. Nos dejaron un importante legado material, cultural e intelectual.

Entre lo material, la biblioteca, los diarios de nuestra historia, los cuadernos escritos en los que papá "sobrevoló" los últimos 60 años, sus invalorables textos y mucho más. Papá fue mecánico de aviación y se retiró muy joven de la Fuerza Aérea Argentina con 7 mil horas de vuelo.

Mamá fue una autodidacta del dibujo, la pintura y sus tapices en lana y yute con aguja holandesa. Dibujaba en lápiz, carbonilla, tempera u óleo. Sus tapices recorrieron el mundo con banderines de la Selección nacional, en bares y restaurantes de la ciudad de Buenos Aires o donde fuera. Saladillo fue testigo de sus trabajos que adornan tantas paredes en viviendas u oficinas públicas.

Todo esto que se puede ver y tocar hoy, se convierte en un constante descubrimiento de la historia de amor que vivieron, cada uno a su manera. Sin dudas, la desaparición de nuestro hermano Luis produjo un corte lacerante en sus vidas y las nuestras. El tiempo logró que papá resumiera su pensamiento sobre esos aconteceres tan tristes y angustiosos. Su pluma recorrió ese espacio con notable claridad de conceptos.

Claro que hay más y desconocido por muchos y muchas, en la vida de los viejitos. Lo que no se pudo ni se puede ver lo tienen registrado decenas de familias e instituciones saladillenses.

Fue, si se quiere, el rasgo más importante de ambos. Su amor por la gente. Su solidaridad con los o las que sufren necesidades.

Así, durante años, todos los meses mamá y papá armaron bolsones de comida para ocho o diez familias de nuestra ciudad. Podían ser pañales para adultos en el Hogar de ancianos o la entrega de dinero a otras instituciones saladillenses. No hace falta nombrarlas porque los miembros de las respectivas comisiones directivas saben sobre estos reiterados gestos. 

Los viejitos nunca quisieron un registro de esos actos de amor y solidaridad permanentes. Ellos percibían un subsidio por ser padres de un desaparecido en la provincia de Buenos Aires. Y ese dinero lo utilizaron, en gran parte, para ayudar a sus semejantes.

No existe espacio para resumir los sentimientos que nos cruzan al seguir descubriendo tanta bondad y sabiduría.

Sí, nos quedará espacio para el agradecimiento por la familia que supieron construir, con todo lo que ello supone.

Y para el agradecimiento a todos quienes los acompañaron en estos últimos años, muchos y muchas a quienes mencionaremos por separado.

Y como sucedió con Luis, mientras nos quede vida, los viejitos y él, permanecerán muy junto a nosotros como una luz inextinguible.

AVG


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