Nacionales 06/05/2026
El fiscal sostuvo que Héctor Guerrero disparó de manera antirreglamentaria
El gendarme Héctor Jesús Guerrero, responsable de herir gravemente al fotoperiodista Pablo Grillo durante una marcha de jubilados en marzo de 2025, quedó muy cerca del juicio oral tras la resolución elevada por el titular de la Fiscalía en lo Criminal y Correccional Federal 3, Eduardo Taiano. Para el fiscal, el cabo primero de 30 años debe enfrentar el juicio por los delitos de "lesiones gravísimas agravadas por abuso de su función" en carácter de miembro integrante de una fuerza de seguridad, y abuso de armas agravado cometido en cinco oportunidades.
"Solicitamos que la jueza (María) Servini lleve a juicio oral al autor material del disparo que puso en peligro la vida de Pablo Grillo", reclamó el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que lo representa legalmente.
En su resolución, Taiano sostuvo que el comportamiento de Guerrero "representó un peligro concreto para la vida e integridad física de los manifestantes y lesiones gravísimas al reportero gráfico".
Grillo fue herido con fractura de cráneo y pérdida de masa encefálica a raíz del impacto que recibió el 12 de marzo de 2025, durante una protesta en defensa de los jubilados donde el gobierno desplegó un brutal operativo. La fiscalía concluyó que "tras una exhaustiva investigación, se verificó que los efectivos policiales habían actuado de manera desproporcionada e irracional". Y agregó: "esa situación comprendió los disparos efectuados de forma antirreglamentaria por el cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina, Héctor Jesús Guerrero, que le ocasionaron lesiones al fotorreportero Pablo Nahuel Grillo".
Según se estableció a través de peritajes e informes de especialistas, Guerrero disparó seis veces "sin que existiera un contexto de agresión" y "de forma antirreglamentaria (en ángulo horizontal) con su pistola lanza gases marca 'FM' desde la intersección de la Avenida Hipólito Yrigoyen y Solís hacia los manifestantes".
El fiscal consideró probado que, entre las 17:05 y las 17:25 de aquella tarde, Guerrero efectuó seis disparos que representaron "un peligro concreto para la vida e integridad física de las personas allí presentes, mientras que aquel realizado a las 17:18 hirió en la cabeza al reportero gráfico Pablo Nahuel Grillo, causándole lesiones gravísimas". A raíz de esas heridas, Grillo estuvo varios meses internado y hoy presenta "un marcado deterioro de sus funciones cognitivas y comunicativas", lo que podría derivar en "secuelas permanentes en su esfera neurológica y en una incapacidad laboral prolongada".
Según recalcó la fiscalía, el gendarme contaba al momento de los hechos con "la formación y capacitación necesaria para aplicar correctamente lo establecido en el manual técnico del arma utilizada y en las normas que regulan el uso de la fuerza en el desempeño de su función". "No obstante, ejerció las potestades conferidas debido a su cargo de manera abusiva, al efectuar disparos de forma antirreglamentaria (en ángulo horizontal) contra un reportero gráfico que no representaba peligro alguno, y contra manifestantes que tampoco constituían amenaza", dijo.
El gendarme Guerrero tiene procesamiento firme como autor responsable de los delitos de lesiones gravísimas agravadas por abuso de su función en carácter de miembro integrante de una fuerza de seguridad, en concurso real con abuso de armas agravado por su carácter de miembro integrante de una fuerza de seguridad reiterado en cinco oportunidades.
A principios de marzo, Casación rechazó un recurso de queja de su defensa y respaldó lo decidido por las instancias anteriores, con lo cual refutó una vez más las explicaciones exculpatorias de la actual senadora y entonces ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien desde el primer día instaló una versión falsa de los hechos.
La reconstrucción en base a imágenes de distintas cámaras que en los días posteriores realizaron organismos reunidos en Mapa de la Policía documentó desde el primer momento cómo fueron los hechos, mostró al gendarme disparando en línea recta a unos 50 metros del reportero, que tomaba fotos en cuclillas y cayó desparramado tras el impacto. La evidencia de las pruebas no incidió en el relato de Bullrich, cara visible del protocolo anti-protestas del gobierno nacional, que desfiló por los medios culpando a la víctima, al tiempo que se cerraba sin cuestionamientos el sumario interno de Gendarmería.
En octubre, la jueza Servini dictó el procesamiento. Determinó que Guerrero fue el autor del disparo y que lo hizo de manera deliberada, contrariando todos los protocolos de uso de esas armas. Las pericias demostraron que el gendarme tiró otras cinco veces de manera prohibida, poniendo en riesgo a otras personas que participaban de la protesta. Demostró también que ese accionar antirreglamentario se concretó sin que ninguno de sus jefes interviniera para frenarlo.
En diciembre, la Cámara Federal porteña confirmó el procesamiento. Los jueces Martín Irurzun, Eduardo Farah y Roberto Boico constataron que Guerrero hizo seis disparos con la misma modalidad que el que casi le cuesta la vida a Grillo, descartaron que no pudiera representarse las consecuencias de su accionar, como sugirió su defensa, y rechazaron el argumento de que la pistola lanzagases no sea un arma de precisión. El juez Boico pidió además que se profundice la investigación sobre la cadena de mandos que alcanza a Bullrich.
La querella de la familia de Grillo, representada por el CELS y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, y a la que se sumó la propia víctima en febrero pasado, exige que se profundice la investigación sobre los jefes de Gendarmería que por acción u omisión contribuyeron con el accionar de Guerrero. "Si los funcionarios que tenían el deber de supervisar y controlar el accionar de los agentes en terreno hubieran tomado efectiva intervención ante el primero, el segundo o el tercer disparo prohibido de Guerrero, hoy Pablo estaría completamente sano y salvo", sostiene los querellantes.
Los mandos que participaron del Comando Unificado de Fuerzas Federales, responsables de "la planificación, conducción y habilitación del uso abusivo de la fuerza en contra de los manifestantes", incluyen en un primer nivel a los jefes de grupo, Hernán Ariel Kozak y Jorge Luis Reyes, que estuvieron cerca de Guerrero durante buena parte del operativo, dando indicaciones. Kozak es quien le da las palmadas en la espalda en señal de aprobación, según registraron las cámaras.
Gerardo Ariel Perillo Scampini, comisario inspector de la Policía Federal, también aparece fiscalizando el operativo en el terreno. En la cadena de mandos de Gendarmería, en tanto, aparece el comandante principal Néstor Germán López, jefe del Destacamento Móvil 6 que intervino en el operativo, y el alférez Gonzalo Gabriel Goulart, jefe del primer Escuadrón Antidisturbios, que les imparte órdenes a Héctor y a Daniela Guerrero, ambos con pistolas lanzagases durante esa jornada. Más arriba, se ubica el comandante general Claudio Miguel Brilloni, director nacional de Gendarmería, y la propia Bullrich.
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