Internacionales 07/01/2026
Científicos brasileños realizan un estudio que incluye a 160 personas centenarias
No hace falta ser muy sabio para aventurar que, además de los avances en Inteligencia Artificial, en este 2026 florecerán los estudios vinculados a la longevidad. Saber las claves que explican por qué hay gente que supera el siglo de vida, cuando en promedio la mayoría de los mortales alcanza los 72 años, constituye uno de los grandes interrogantes actuales. Esta vez, a contramano de lo que suele suceder, un nuevo intento de respuesta llega desde el sur del planeta, concretamente desde Brasil. Para los investigadores del Centro de Investigación del Genoma Humano y Células Madre de la Universidad de San Pablo, una de las hipótesis que podrían explicar cómo es que existen individuos que arañan los 120 años sin ningún problema aparente de salud, hay que buscarla en el "mestizaje genético".
El nuevo estudio en curso incluye a 160 ancianos que superan los 100 años y, lo que aún significa más, también incorpora a veinte "súper-centenarios": personas que también burlaron la barrera de los 110 años, y que para sorpresa de los propios investigadores, todavía gozan de dosis considerables de autonomía e independencia. Hacia mediados de 2026, probablemente, puedan obtener muestras de 200 voluntarios. Aunque ello constituye toda una incógnita, porque no hay estadísticas confiables que permitan a los investigadores saber a ciencia cierta cuántos ancianos de estas características podrían existir en el territorio local.
Al momento, desde el Centro brasileño evalúan aspectos genéticos y moleculares, así como también, recopilan datos acerca de sus condiciones de vida y sus conductas cotidianas. El primer objetivo es conocer qué respuestas esconden los genes brasileños que explican la longevidad. El segundo es combatir una subrepresentación académica: si cada vez hay más registros de individuos brasileños que superaron los 110 años, ¿por qué no estudiar las características poblacionales de este territorio como sí se estudia a los longevos de Japón o Europa?
El secreto es el mestizaje
Como suelen destacar los propios genetistas, las personas no solo están hechas de genes, sino también de hábitos saludables. Una buena alimentación, por caso, es fundamental para retrasar el envejecimiento. Desde aquí, la dieta mediterránea continúa estando al tope de las recomendaciones; pescado y aceite de oliva parece ser una combinación que no falla. Además de la comida, siempre está el ejercicio, como uno de los pilares para prevenir las afecciones que acompañan a la vejez.
Sin embargo, la hipótesis de los especialistas brasileños parece orientarse en otro sentido. A diferencia de los ancianos de regiones europeas, en Brasil quienes superaron los 100 años difícilmente realizaron una dieta saludable, o bien, accedieron a servicios de salud de excelencia. En este sentido, ante la inexistencia de un ambiente favorable, las respuestas -confían- hay que buscarlas en los aspectos genéticos.
Por ejemplo, tres de los súper-centenarios que son voluntarios en este estudio sobrevivieron al coronavirus en 2020; y lo hicieron antes de haberse inoculado vacuna alguna. Los ensayos inmunológicos revelaron que tenían anticuerpos para Sars CoV-2, por lo que habían contraído el virus y, paradójicamente, no se habían enfermado. Casos excepcionales que desafían a las propias recomendaciones de la OMS y las de todas las comunidades expertas: si los mayores de 60 eran grupos de riesgo, ¿qué sucedió con estos mayores de 110?
Desde el Centro de Investigación de San Pablo sostienen que uno de los ejes podría estar en el mestizaje genético. Como la población brasileña se caracteriza por un alto nivel de hibridación, podrían estar actuando distintos "trasfondos evolutivos" que aportan variantes genéticas protectoras que facilitan una mayor longevidad. A lo largo de la historia y gracias a las diferentes olas inmigratorias, en Brasil se han acumulado rasgos amerindios, portugueses, africanos y asiáticos. De hecho, se suele referir a Brasil como "la diversidad genética más rica del mundo".
El aporte científico tiene la novedad de ser uno de los exámenes pioneros que se realiza desde el hemisferio sur. Por lo general, este tipo de abordajes sobre temas como la longevidad se llevan adelante en países con mejores tasas de esperanza de vida. En criollo: se interesan por la longevidad quienes creen poder conquistarla. Para tener referencia, en naciones como España, Suiza, Singapur o Japón las personas viven un promedio de 83 años, mientras que en Latinoamérica esa cifra desciende a 76 años.
Un sueño de muchos para unos pocos
Si bien la inmortalidad es un interrogante que desvela a la humanidad desde el inicio de los tiempos, en este siglo XXI, los avances biomédicos ilusionan con dar todas las respuestas. Por caso, a comienzos de septiembre pasado, un micrófono abierto reveló el diálogo privado que Xi Jinping y Vladimir Putin tenían en medio de un desfile militar. No conversaban sobre geopolítica, sus economías o sobre nuevos acuerdos diplomáticos, sino que intercambiaban perspectivas sobre la longevidad.
En el presente, ambas potencias ordenan a sus científicos como prioridad estirar la esperanza de vida lo máximo posible. Como si la muerte fuera un obstáculo en el sendero evolutivo -y no su sencillo derrotero- ambos mandatarios quieren soluciones innovadoras. Sin embargo, la longevidad no solo es cosa de jefes de Estado; pues, en Estados Unidos, el científico australiano David Sinclair suele repetir cada vez que le colocan un micrófono: "La persona que vivirá 150 años ya nació". Desde Harvard, hace ya varios años sugiere un cambio de enfoque: en vez de observar a la vejez como algo inevitable, plantea pensarla como una enfermedad. Y, por tanto, como una enfermedad que eventualmente se podría curar.
La curva parece darle la razón a Sinclair. De acuerdo a la División de Población de las Naciones Unidas, la esperanza de vida en el mundo se incrementó de 46.5 años en 1950 a 71.7 en 2022. ¿A todos los humanos les gustaría vivir más de un siglo? ¿Vivir más equivale a vivir mejor?
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