23 de junio de 2024

Nacionales 16/02/2024

Enfermedad de Parkinson: mitos, verdades y esperanzas

Expectativas

¿Cuáles son los síntomas?

¿El fumar protege?

¿Hay tratamientos quirúrgicos?

La enfermedad de Parkinson (llamada así por un pionero de la neurología que la definió en 1817) genera la destrucción de las neuronas productoras de dopamina, neurotransmisor cerebral que es clave en el control de los movimientos del cuerpo. Sobre ella existen una serie de mitos (que conviene desactivar) y una serie de verdades (que conviene reforzar).

Mitos

1) Es una enfermedad propia de las personas mayores.

Si bien es la segunda enfermedad neurodegenerativa más prevalente en mayores de 65 años (la primera es la enfermedad de Alzheimer), el Parkinson también se presenta en personas más jóvenes, lo que se conoce como Parkinson de inicio temprano (5 a 10% de los casos totales en menores de 45 años) o juvenil (0,25% del total en menores de 21 años).

2) Los temblores son el primer signo de alarma.

Aunque el temblor es el síntoma que más se asocia con la enfermedad, lo habitual es que en su comienzo se exprese en realidad con una progresiva lentitud para movilizarse y realizar las tareas cotidianas. Hasta un 20-30% de los pacientes pueden no tener temblor en ningún momento de la enfermedad. Cuando está presente, es muy característico: ocurre durante el reposo de forma rítmica y regular, y desaparece con el movimiento.

3) Todo temblor es el principal y primer signo de enfermedad de Parkinson.

Importante: no padece Parkinson todo el que tiembla, ni todo temblor es Parkinson. Hay muchas enfermedades que se manifiestan con síntomas parecidos. Por ejemplo, el Temblor Esencial es el trastorno del movimiento más frecuente en el adulto, es benigno y su prevalencia real es 20 veces superior a la de la EP. Con frecuencia, también ciertos trastornos hormonales (como el hipertiroidismo) o el consumo de algunos medicamentos (psicofármacos, betabloqueantes) pueden producir temblor como un efecto secundario.

4) La enfermedad de Parkinson produce demencia, envejecimiento prematuro y deteriora la inteligencia de los pacientes.

Es un error frecuente asociar el tener dificultades y lentitud para hacer determinados movimientos y para expresarse, con la demencia o el deterioro cognitivo. Estos problemas pueden aparecer, pero sólo en fases muy avanzadas de la enfermedad (tiene 5 grados o etapas), y afectar la atención, la velocidad de procesar la información, las funciones visoespaciales, la memoria y el lenguaje.

Gracias a los avances científicos, la expectativa de vida de los afectados con Parkinson, en muchas ocasiones, es igual a la de personas que no lo sufren.

5) Es una enfermedad contagiosa y hereditaria.

De ninguna manera se trata de una enfermedad contagiosa y tampoco se han documentado casos de la transmisión de una generación a otra. Tan sólo un 10-15% de los pacientes tiene algún familiar con la enfermedad, incluyendo parientes cercanos o lejanos. Cuando aparece en edades tempranas (antes de los 40 años) sí se puede sospechar de la existencia de alguna mutación genética.

6) El fumar protege 

Las evidencias en este sentido no son concluyentes, por lo que no se plantea como una opción válida, ni de prevención ni de tratamiento. Sin embargo, algunas investigaciones sugieren que el riesgo de sufrir EP es menor en los fumadores activos y con un historial intenso y de larga duración. Las bases bioquímicas de este posible papel preventivo no se conocen bien, aunque se postulan dos posibles mecanismos: uno, que alguna sustancia del cigarrillo (nicotina o monóxido de carbono) tendrían un efecto protector que promovería la supervivencia de las neuronas que producen dopamina. Otro, que alteraría la actividad metabólica de ciertas enzimas que disminuirían la producción de metabolitos tóxicos por parte del propio organismo.

6) No limita la realización de tareas cotidianas.

Las personas que padecen la EP, en un 80% de los casos, tienen dificultades parciales o temporales para desarrollar sus tareas cotidianas y deben hacer un mayor esfuerzo para poder sostener su vida normal.

7) El único síntoma son los movimientos involuntarios de la mano.

Quizás el mito más frecuente es asociar el temblor con el Parkinson pero, en realidad, el cuadro sintomático inicial que presenta el enfermo es muy florido e inespecífico. Los primeros síntomas suelen ser los siguientes:

* Pérdida de olfato.

* Constipación y problemas de digestión por lentificación de la función intestinal.

* Irritabilidad, ansiedad y sobre todo depresión.

* Sueño nocturno interrumpido con movimientos bruscos en la cama. Mareo al levantarse de una silla, sofá o cama como consecuencia de la disminución de la presión arterial (hipotensión ortostática).

* Cambios en el habla y con un tono de voz más bajo.

* Escritura manuscrita con letras que se hacen más anguladas y pequeñas (micrografía).

8) El pronóstico de la enfermedad es grave y mortal.

Hasta hace 25 años se consideraba como una de las enfermedades degenerativas del Sistema Nervioso Central de peor pronóstico. Sin embargo, los avances farmacológicos y nuevos tratamientos vigentes y en experimentación han variado este concepto. 

Se demuestra en que la expectativa de vida de los afectados, en muchas ocasiones, es igual a la de personas que no la sufren.

9) Solo la padecen los hombres.

Las mujeres también pueden padecer Parkinson, aunque es cierto que es más frecuente en los varones: de cinco personas afectadas, 3 son hombres y 2 son mujeres.

10) No hay un tratamiento farmacológico realmente útil.

Si bien es cierto que aún no existe un tratamiento farmacológico que cure la enfermedad de manera definitiva, la terapia actual reduce al máximo los síntomas y aumenta el tiempo en el que el paciente desempeña una actividad normal, mejorando su calidad de vida.

11) El tratamiento con levodopa es el único realmente eficaz.

Aunque ha sido y es el fármaco estándar y de referencia, en los últimos años se han desarrollado otros que, combinados con la levodopa, consiguen elevar los beneficios clínicos y reducir los efectos adversos.

12) Los suplementos (tanto nutricionales como herbales) y las terapias dietéticas son eficaces.

Aunque suelen estar en los primeros lugares de la lista de terapias complementarias y a pesar de las persuasivas teorías acerca de su eficacia, no existen evidencias de ello. Algunas terapias han sido estudiadas solamente en tubos de ensayo o en animales de laboratorio con pocas pruebas en humanos. La mayoría han producido resultados decepcionantes.

Quizás no esté lejana la posibilidad de encontrar una solución definitiva para la enfermedad.

Norberto Abdala | Médico

Verdades

1) No se conocen con exactitud los factores causales y desencadenantes de esta enfermedad.

Estudios recientes apuntan a que determinados virus, disolventes y pesticidas pueden inducir la aparición de la enfermedad. Por ejemplo, en los trabajadores rurales la EP es más frecuente que en la población urbana.

2) Una dieta adecuada puede mejorar el estado del paciente.

Conviene tener presente los nutrientes más convenientes: las grasas de origen vegetal (palta), las presentes en carnes blancas y en algunas variedades de pescado (merluza, lenguado, bacalao, el abadejo, entre otros), las verduras y frutas de colores intensos, nueces, almendras y lácteos.

Se deben evitar los ultraprocesados, frituras, vísceras, carnes curadas o ahumadas y los azúcares, sobre todo los simples (repostería, jugos industriales, azúcar blanca).

Una dieta de redistribución proteica (acumulando la mayor parte de las proteínas en la cena) o tomar mucho líquido pueden mejorar la sintomatología del paciente. Algunos alimentos no hacen daño y podrían ayudar (café, té verde).

3) La depresión es frecuente.

Puede darse en un 30-50% de los pacientes durante el curso de la enfermedad.

4) Algunos pacientes bailan mejor que caminan.

Aunque pueda sorprender, el baile estimula áreas del cerebro motoras y sensoriales que facilitan el equilibrio y la coordinación de los movimientos, por lo que es un buen recurso terapéutico. Además, en pocos minutos, un paciente puede pasar de un estado de inmovilidad a realizar todo tipo de movimientos. Las fluctuaciones motoras bruscas (se dice que están en modo ON|OFF) son frecuentes y se agudizan con ciertos medicamentos.

5) La falta de cumplimiento del tratamiento farmacológico es la principal causa de fracaso terapéutico.

Como en todas las enfermedades, el fármaco más ineficaz es el que no se toma. El tratamiento con medicación debe complementarse con otros recursos. La fisioterapia, el tratamiento psicológico, el apoyo a los familiares, la terapia ocupacional y la hidroterapia son herramientas imprescindibles que facilitan la recuperación y el bienestar de los pacientes.

5) ¿Hay tratamientos quirúrgicos?

Sí: la Estimulación Cerebral Profunda es similar a la colocación de un marcapasos en el cerebro que envía señales eléctricas de forma indolora, ayudando a bloquear las señales que causan muchos de los síntomas motores de la enfermedad.

Sólo un 10% de los pacientes obtienen cierto beneficio, teniendo en claro que no es una cirugía curativa, sino que alivia algunos síntomas. Una condición es que hayan tenido una buena respuesta a la medicación. Por el contrario, en quienes tienen inestabilidad o caídas los resultados son pobres.

6) ¿Y las celulas madre?

Este tratamiento está en etapa de experimentación y aparece como una posible alternativa futura, pero no está disponible en la actualidad.

En conclusión, se debe destacar que los avances tecnológicos, científicos y sanitarios están aportando una mayor calidad de vida al enfermo de Parkinson. Quizás no esté lejana la posibilidad de encontrar una solución definitiva para la enfermedad, en la medida que se continúen profundizado los conocimientos sobre la misma.

Norberto Abdala

Médico psiquiatra. Magister en Psiconeuroendocrinología. Columnista de Clarín.

FUENTE:Clarín


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