Nacionales 16/01/2026
10 años de persecución judicial y hostigamiento a Milagro Sala
Pasaron 10 años desde aquel 16 de enero de 2016, cuando Milagro Sala fue detenida por un acampe frente a la Casa de Gobierno de Jujuy, a la que hacía pocos días había llegado Gerardo Morales. Desde hace 3653 días, la referenta de la Tupac Amaru está presa. En el medio, más de una decena de causas que, como una cascada de agua incesante, impidieron que salga en libertad. Y también el hostigamiento, la persecución judicial, el debilitamiento de la organización, el despojo, las muertes de su marido y de su hijo. Una década después, Milagro Sala está internada en el Hospital de Gonnet desde hace más de dos semanas y lleva en su pie una tobillera electrónica. "A veces, no quiere vivir más", le dijo a Página/12 su hija Claudia.
¿Cómo se mide una década?, ¿Qué referencias son las apropiadas para demostrar lo que el tiempo desvaneció? En el caso de Milagro Sala son, primero, diez años de privación de su libertad: en penales de Jujuy, en su casa en esa provincia y, ahora, en La Plata a donde fue trasladada por cuestiones de salud. Son 15 causas abiertas y seis debates orales y públicos. Son 15 años de prisión efectiva confirmados por la Corte Suprema de Justicia por la causa de "Pibes Villeros" por "extorsión, fraude y asociación ilícita" en relación con la construcción de viviendas -en la que la defensa denunció recusaciones e irregularidades- y otra por amenazas telefónicas a una comisaría del Barrio Alto Comedero en el 2014.
"A veces no quiere vivir más porque está cansada de tanto apriete, se cansó de llorar. Lo que le hacen a ella no se lo merece ni al peor enemigo", le dijo a este diario su hija Claudia. Milagro Sala ahora está internada en el Hospital de Gonnet en el marco de una proceso de angustia muy fuerte que le provocó una desestabilización emocional profunda. "Hace dos semanas que está internada. Ahora está tranquila, compensada y medicada bajo tratamiento de salud mental", le confirmó a Página/12 su médico personal, Jorge Rachid.
Hay otras maneras de contar una década. Hace casi tres años murió su hijo Sergio Chorolque Sala, de 37, y meses después, su marido, Raúl Noro. "Para ella, son 10 años de una pesadilla de la que no puede despertar. Cuando salga a la calle no va a encontrar a amigas y compañeros que fallecieron por el Covid. Cree que ha sacrificado a su familia y lo lamenta mucho. Es como una mochila que lleva puesta por la pérdida de su hijo y su marido", agregó Claudia.
Para Rachid, las muertes de Raúl y Sergio le generaron un deterioro importante, que se sumaron a la trombosis profunda en el miembro inferior izquierdo y al síndrome de May-Thurne, que complejiza su cuadro. "Milagro está medicada y controlada para tratar de evitar complicaciones en la pierna, es uno de los elementos fundamentales para tenerla en La Plata porque tiene que estar muy cerca de centros médicos especializados porque se puede complicar", contó el médico que la sigue junto a un equipo del Hospital Italiano de esa ciudad. Periódicamente envían informes a la justicia jujeña sobre su estado de salud.
"La angustia la desestabilizó emocionalmente y tiene que ver también con la persecución judicial, la quieren llevar a Jujuy por una nueva causa, han venido fiscales jujeños sin la autorización del juez de Instrucción de La Plata a verla. Y además, tuvo un desalojo intempestivo con falsedades que se dijeron en los medios", agregó el médico.
Para la abogada defensora Alejandra Cejas, lo que todavía hoy sucede es "una judicialización del cuerpo de Milagro Sala". "Se olvidan de que ella es una persona que tiene que ser tratada con dignidad", dijo. Además, contó que el último año "ha sufrido un ataque desenfrenado por parte del Poder Judicial jujeño, tratando de traerla para conocimiento de una causa nueva, desconociendo la situación de salud que atraviesa". Se trata de un expediente por lavado de activos derivado de "Pibes Villeros".
"Le pido perdón a Morales por ser negra y coya", la frase tiene nueve años. La dijo Milagro Sala en el primer juicio que afrontó y que fue tapa de este diario. La soltó con la irreverencia que la caracteriza. Con la mirada dura y embravecida, como la de un caballo salvaje cuando se resiste a ser domado. En esos tribunales habló de la "revolución de la cabeza" con la que los tupaqueros lograron ser "señores y señoras, y hoy nos tratan de usted y no de negros villeros". Y agregó: "No tengo vergüenza de decirlo, estoy orgullosa de ser negra, coya. Y creo que todas esas cosas son las que han molestado a Morales y si él sintió eso, le pido perdón".
Gerardo Morales ya no está al frente del Palacio de Gobierno de Jujuy, pero la sombra de su ensañamiento contra la lideresa de la Tupac Amaru permanece sobre la provincia. "La siguen torturando con causa tras causa, buscando que no recupere la libertad. Ella quiere curarse de su enfermedad y demostrarle al patronato de Buenos Aires y de Jujuy que cuando después de su operación estuvo tres meses sin tobillera no se escapó, cumplió todas las reglas y aún así le pusieron la tobillera. Nada le satisface al gobierno de Gerardo Morales, que es el que gobierna detrás de Sadir. Actúa como un monje negro, es que le da ordenes a jueces y fiscales para hostigarla" dijo Claudia.
Pasó el gobierno de Mauricio Macri -aliado de Morales-, el de Alberto Fernández y ahora transcurre el de Milei. Muchos integrantes de la Tupac Amaru fueron detenidos con acusaciones similares a las de Milagro y ella es la única que sigue presa. Pasaron pedidos internacionales y pronunciamientos de Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Organización de los Estados Americanos (OEA) que reclamaron su "inmediata liberación". Atrás quedaron sus fueros como diputada electa del Parlasur en el 2016.
"Siempre dijimos que lo que pasó en Jujuy con Milagro fue el laboratorio, el ensayo con el cual el PRO y sus aliados radicales iniciaron el proceso de de perseguir y disciplinar a las organizaciones sociales", sostuvo María Elena Naddeo, secretaria General de la Asociación Permanente por los Derechos Humanos (APDH) e integrante del Comité por la Liberación de Milagro Sala. "Abrazamos su causa porque fue ella con la Tupac la que movilizó fuertemente para lograr que se pongan en marcha los juicios de memoria, verdad y justicia, como los crímenes de "La Noche del apagón", de Ledesma, cuando la empresa de Blaquier fue cómplice. Logró que la justicia federal en Jujuy iniciara el proceso de juzgamiento", agregó Naddeo.
Días atrás, referentes de derechos humanos como Adolfo Pérez Esquivel y Taty Almeida junto a decenas de personalidades publicaron una solicitada en la que denunciaron "el injusto encarcelamiento de Milagro Sala como uno de los casos más emblemáticos de persecución política y violencia judicial". Y agregaron que "este modus operandi se multiplicó con otras referencias políticas del campo popular, luchadores sociales y opositores políticos, comunidades indígenas, llegando a la detención de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner". Dos mujeres y un sistema de justicia que, además, es patriarcal.
El paso de los años también se puede medir en la pintura descascarada y en el cemento corroído o en las fiestas multitudinarias por el Día del Niño que dejaron de copar las calles de San Salvador de Jujuy cada agosto. Al momento de la detención de Milagro Sala, la Tupac Amaru había construido barrios, 8.000 viviendas, una fábrica de ladrillos, un taller de conformado de metales y una fábrica textil, escuelas primarias, secundarias y terciarias, centros de formación profesional, puestos de salud para personas con discapacidad y varios centros recreativos. La década también arrasó con las piletas enormes de "El Cantri", en Alto Comedero, ese símbolo del orgullo tupaquero.
En la canción "Lo que el tiempo me enseñó", los uruguayos Canario Luna y Tabaré Cardozo sostienen que "la memoria no es menos poderosa que el olvido/ Es solo que el poder de la victoria/ Se encarga de olvidar a los vencidos". Pero estrofas después retrucan: "El tiempo me enseñó que desconfiara / De lo que el tiempo mismo me ha enseñado / Por eso a veces tengo la esperanza / Que el tiempo pueda estar equivocado". Diez años después, la esperanza se mantiene y el reclamo por la libertad de Milagro Sala sigue firme.
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