Internacionales 16/04/2026
Al menos 9 muertos y 13 heridos es el saldo provisorio del último ataque
Un nuevo episodio de violencia armada en una escuela volvió a sacudir a Turquía este miércoles, con un saldo de al menos nueve personas muertas --ocho de ellas estudiantes-- y trece heridas en la provincia de Kahramanmara?, en el sur del país. El ataque, perpetrado por un alumno de unos diez años según las autoridades locales, reavivó la alarma en un país donde este tipo de hechos no son habituales, pero que en las últimas horas registró dos episodios consecutivos con características similares.
El ministro del Interior, Mustafa Çiftçi, confirmó el balance actualizado y detalló que seis de los heridos permanecen en cuidados intensivos, tres de ellos en estado crítico. El agresor ingresó al establecimiento con varias armas en su mochila --cinco, según la información oficial-- y abrió fuego en al menos dos aulas. La escena fue descrita por el gobernador provincial, Mükerrem Ünlüer, como un ataque "al azar", sin un blanco específico, lo que incrementó el número de víctimas en pocos minutos.
De acuerdo con la reconstrucción preliminar, las armas pertenecerían al padre del atacante, un exagente de policía que fue detenido poco después del hecho. Las autoridades intentan determinar cómo el menor accedió al arsenal y si existieron fallas en su resguardo. También se investiga la secuencia final: el niño fue hallado con una herida de bala y se evalúa si se trató de un suicidio o de un disparo producido en medio del caos.
Las imágenes difundidas por medios locales mostraron escenas de desesperación: ambulancias ingresando al establecimiento, padres corriendo hacia la escuela y personal sanitario trasladando a las víctimas. En los hospitales de la zona se desplegó un operativo de emergencia para atender a los heridos, muchos de ellos en estado grave.
El ataque ocurrió apenas 24 horas después de otro tiroteo en un centro educativo, esta vez en la provincia de Sanliurfa, en el sureste del país. En ese caso, un joven de 17 años --exalumno del instituto técnico donde se produjo el hecho-- ingresó armado con un rifle de caza y disparó de manera indiscriminada, dejando al menos 16 personas heridas. Entre ellas se contaban diez estudiantes, cuatro docentes, un policía y un trabajador del comedor.
Según la información oficial, el agresor logró atrincherarse dentro del edificio durante varios minutos mientras las fuerzas de seguridad evacuaban a los alumnos y rodeaban el perímetro. La situación terminó cuando el propio atacante se quitó la vida. Uno de los docentes heridos permanece en estado crítico, mientras que el resto evoluciona favorablemente.
Testimonios recogidos por medios locales coinciden en describir una escena de pánico generalizado. "Escuchamos los disparos y todos empezaron a correr. Algunos se escondían debajo de los pupitres, otros salían al patio", relató un estudiante. Las autoridades aún no determinaron los motivos del ataque, aunque no se descarta la existencia de conflictos previos con la institución.
La seguidilla de hechos encendió el debate sobre el acceso a armas de fuego en Turquía. Si bien los tiroteos escolares son poco frecuentes en comparación con otros países, distintas organizaciones advierten sobre la proliferación de armamento en manosciviles. Estimaciones de fundaciones locales señalan que circulan decenas de millones de armas en el país, muchas de ellas sin registro.
En este contexto, uno de los focos de la investigación apunta a la responsabilidad de los adultos en el resguardo de armas, especialmente cuando pertenecen a fuerzas de seguridad. El caso de Kahramanmara?, donde el atacante habría utilizado armamento de su padre, podría abrir un frente judicial más amplio sobre negligencia o incumplimiento de normas de seguridad.
Mientras tanto, las comunidades educativas afectadas intentan procesar el impacto. Las clases fueron suspendidas en ambos establecimientos y se dispuso asistencia psicológica para estudiantes, familias y docentes. El doble episodio, en menos de dos días, dejó al descubierto una vulnerabilidad que hasta ahora no ocupaba el centro de la agenda pública en Turquía, pero que tras estos ataques empieza a exigir respuestas urgentes.
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