15 de julio de 2024

Editorial 12/09/2012

La primavera, los egresados y el uniforme que transforma

Comienzan las clases en el mes de marzo y los futuros egresados recorren las calles de la ciudad el primer día del ciclo lectivo. Pasan por la Plaza, se detienen en el frente de algún establecimiento, brotan insultos, gritos y hay mucho, demasiado ruido.

Cuando se acerca septiembre surge la Semana del estudiante y sus preparativos. Ya están allí los uniformes y su presentación.
Todo lo que comparten a lo largo del año, en noches de reuniones, en romances y noviazgos, en boliches bailables de aquí o de la zona, parece quebrarse con el influjo mágico de un uniforme, por ejemplo.
El uniforme los diferencia y existe competencia de diseños. Se forman grupos y lo que es mimético a lo largo del año se traduce en confrontación, agravio, insulto, golpes y mensajes en las redes sociales y en los medios.
Con mensajes agraviantes hay quienes parecen dispuestos a una batalla. Como siempre sucede, vale decir en muy pocos estudiantes, en una ínfima minoría, aparece lo peor. Lo que no tiene contención ni medida.
Pintar paredes, arrojar petardos o botellas, tratar de lastimar al “otro”, consumir alcohol de manera desmedida en la “previa” de un día de clases, son todos ingredientes peligrosos.
Porque a la hora del desborde cualquiera es la víctima y el victimario se esconde en la multitud. Y alguien se enardece y la batahola crece.
La tarde o la noche los vuelven a juntar, como quedó dicho, mimetizados, todos iguales, la mayoría de las veces sin uniforme.
Son amigos, ocasionales o bien en serio. Son “compinches” en las primeras aventuras.
Son leales entre sí, sin siglas que los separen. Allí no existen el INJ, el INDU, el NACIO, o el CFR…, citando a establecimientos de nuestra ciudad.
Cuando se encuentran sin uniforme no se dicen “cheto”, “pobre”, “negro de mierda”, “conchetita”.
¿Cuántas “chetas” han bailado, abrazado y hecho el amor con “negros de mierda del Nacio” y hasta se han casado entre sí?
¿Cuántos “pobres” caminan de la mano con alguna “conchetita” del INJ durante todo el año?
¿Cuantos “tiracables” del INDU besan apasionadamente a alguna “chetita” del INJ?
Muchos y muchas que demuestran que la absurda discriminación que se escribe en las paredes y enchastra muros del face o agita comentarios anónimos, no anida por sí sola en los chicos. Algunos ni son conscientes de esa discriminación.
La que aparece con el uniforme o cuando hay que tomar partido o cuando hay que escuchar las voces de los mayores que, en muchos casos, han fogoneado esta situación durante años.
Saladillo tiene lo que es común a cualquier comunidad.
Abriga en su seno capas sociales, familias de distinta condición social.
¿Es que alguien no ha escuchado que los negros de la Escuela 26 son todos chorros? ¿Es que nadie ha escuchado que los colegios del “centro” son mejores, hablando de educación primaria? “La Escuela 18, la Escuela 1 y el Instituto Niño Jesús tienen una educación superior y los negritos de la 26 o de la 2 o de la 3 después van al Nacio…” ¿Es que no se escucha eso desde hace tanto tiempo?
Sin embargo, salvo lamentables excepciones, no se observa ese grado de discriminación entre los jóvenes que comparten espacios comunes.
Y, hay que decir, los jóvenes de 16 y 17 años, en muchos casos, hoy son el centro de disputas, por el voto sí o el voto no, por ejemplo.
Son seres pensantes e individuos.
Ellos pueden definir tantas veces qué hacer y cómo hacerlo que bien podrían hoy hacer un alto en este agitado mes de septiembre.
Tienen que ser conscientes de la importancia que tiene vivir y de cuántas “pelotudeces” han costado vidas jóvenes. Tienen que saber que el alcohol los puede acompañar un rato pero después los abandona en un hospital. Que hasta pueden cancherear con un “porro” y aspirar una “línea blanca” pero que un porro y una línea no le dan ningún diploma que puedan lucir o colgar en la pared.
Los más pueden hacer esto porque son mayoría y están en condiciones de contener.
Chicos, sigan abrazados en la Plaza o en Mitre o donde sea. Disfruten y quiéranse. Que el uniforme, aunque sea distinto, los una, como siempre los unió en la noche del egreso definitivo.
Háganse cargo, no discriminen y déjense de joder con estas “boludeces” que han dejado chicos lastimados, roturas y agravios en las paredes. Una lástima, ¿no?.
Siempre será mejor pasar el "mal trago" de reconocer errores que tener un buen velatorio y muchas más lágrimas.
Alberto Víctor García

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