23 de mayo de 2022

Editorial 14/04/2022

Marisol | A 8 años de su asesinato hay preguntas que tienen respuestas

"Historias" de amantes, dinero y ocultamientos

Marisol Oyhanart, maestra jardinera de 38 años, salió a caminar una tarde de abril de 2014. La hallaron muerta al otro día muy temprano. La habían ahorcado. La "investigación" reveló una presunta trama de corrupción, ocultamientos, mentiras y encubrimientos que persisten hasta hoy. 

El 14 de abril de 2014, Marisol Oyhanart salió a caminar a la hora de la siesta, como hacía muchas tardes. Desde su casa en, la avenida Saavedra, se dirigió hacia una pista de atletismo cerca de la ruta. Se cruzó con otras dos mujeres que también hacían ejercicio y la saludaron. Mientras tanto su marido, Sergio Rachit, dormía. Lo despertó una llamada telefónica: era su hija mayor, a la que Marisol iba habitualmente a buscar a la Escuela, luego de sus ejercicios. La mujer no había acudido. Pasaron las horas y no volvía. A las 19:00, Sergio Rachit fue a la comisaría para denunciar la desaparición de Marisol. La buscaron toda la noche y recién la encontraron al otro día, a la salida del sol. Muerta. El cadáver estaba entre pastizales, a unos 20 metros del camino, la calle Hipólito Yrigoyen ya en la zona despoblada de la Ciudad, boca arriba y vestido con las mismas prendas con las que había salido de su casa. La autopsia reveló que la habían ahorcado. Quién, por qué, y qué hay detrás del femicidio, son las preguntas que a ocho años del hecho continúan sin certezas, aunque no todas.

Hay quienes saben lo que sucedió, quién asesinó o quién "encargó" el crimen de Marisol.

Hay quienes saben qué sucedió dentro de la comisaría local, con visitantes alvearenses, policías o no.

Hay quienes saben si hubo un dinero importante para callar o tratar de callar.

El cuerpo de Marisol fue hallado en un lugar donde ya se había rastrillado antes, lo que de inmediato despertó sospechas. De hecho, la búsqueda de la mujer había sido suspendida durante cuatro horas durante la madrugada. Los peritos concluyeron en que el cadáver fue colocado en ese lugar después del rastrillaje policial. Más tarde se vería que la investigación policial traería aún más dudas, errores y misterios. Por ejemplo, desaparecieron la calza y las zapatillas que la víctima llevaba el día que la mataron (luego aparecieron). En las calzas había quemaduras que habrían sido producidas por el encendedor de un automóvil, con el que la habrían torturado.

En tanto, el marido de Marisol permaneció unas cuantas horas en la comisaría de Saladillo mientras era interrogado en profundidad. Se dice que al principio se habían detectado contradicción en su declaración. Pero no encontraron motivos para detenerlo y volvió a su casa el 16 de abril.

La investigación continuó y se detuvo a un sospechoso días después. Se trató de Jonathan Bianchi (25), un joven con antecedentes por robo y denuncias por violencia de género, que según testigos había sido visto en la zona del crimen.

Mientras, se conoció que la mujer había sido brutalmente golpeada y ahorcada, y que había fallecido después de las 21:00 del 14 de abril. Así, cobró fuerza la hipótesis de un secuestro, y de que el cuerpo fue plantado en el lugar donde se lo encontró en esa "ventana" de cuatro horas en el las que se detuvo la búsqueda.

¿Dónde estuvo Marisol hasta que la asesinaron? Un detalle que llamó la atención a los investigadores fue que podría haber conocido al asesino: su cuerpo no presentaba heridas compatibles con lesiones de defensa ni tenía restos de piel ajena bajo las uñas. La fiscal Hortel había pedido la detención de Bianchi, a quien algunos llamaban "perejil", es decir, un acusado que nada tenía que ver. César Melazo (luego detenido en otra causa), juez de Garantías de La Plata, rechazó la solicitud. 

Y la investigación se "desvió" a un "poderoso empresario agropecuario" de la zona. 

La investigación encontró, más tarde, que habían desaparecido imágenes de una cámara de seguridad ubicada en la esquina de avenida Saavedra e Hipólito Yrigoyen, que presuntamente registró el paso de la maestra jardinera y de un automóvil en el que la habrían seguido.

Hay quienes saben de la "historia" del amante resguardando para otra oportunidad la "historia" de otra amante embarazada.

Lo cierto es que a ocho años del crimen, el viudo de Marisol se fue de la ciudad con su familia y no vive en la provincia de Buenos Aires; y vendió varios de sus bienes en Saladillo (con autorización judicial).

Se contaron muchas historias, se tejieron otras y muchas, se inventaron. 

Un capítulo importante de esta tragedia lo escribió el abogado penalista Rubén Ernesto Carrazzone que fue condenado a prisión perpetua, en febrero pasado, por el femicidio de su pareja, Stella Maris Sequeira, cuyo cadáver nunca fue hallado y que se presume ocurrió en diciembre de 2016 cuando la mujer desapareció de su vivienda del partido bonaerense de Ezeiza.

La abogada de la hija de Sequeira, la doctora Raquel Hermida Leyenda, oportunamente, vinculó el asesinato de la esposa de Carrazone con el crimen de Marisol Oyhanart.

Carrazone fue el abogado defensor de Jonathan Bianchi en la causa Marisol.

Algo "habría" dicho Stella Maris Sequeira que comprometía a Carrazone en la causa Marisol aunque Carrazone estará tranquilo en prisión ya que su ex mujer nunca jamás volverá a hablar.

Entonces, cuando se conozcan las verdaderas "relaciones" o "no relaciones" de todos los abogados y abogadas que intervinieron en esta causa, que lleva ocho años de oscuridad, se acercará la verdad.

Cuando se conozca la verdadera relación que mantuvo Carrazone con otros profesionales de la abogacía (o no) en nuestra ciudad o en cualquier otro lugar, se irán conociendo otros detalles y se estará más cerca de la verdad.

Y vale repetir, cuando se sepa qué pasó en las primeras 24 horas, tras el hallazgo del cuerpo de Marisol, en la Comisaría local y sus alrededores hasta llegar a General Alvear, también se acercará la verdad.

En definitiva, el mismísimo Carrazone, sin nada ya para perder, podría volverse "memorioso".

Y si le vuelve la memoria a Carrazone se va a contar otra historia en la que quizás, no exista ningún "poderoso empresario agropecuario".

Alberto Víctor García


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